viernes 23 de febrero de 2024
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El papel preponderante de la novela

Las cosas que se hacen esperar mucho pueden volverse peligrosas. Las posibilidades de no estar a la altura de la acumulación temporal de expectativas son muchas. Por suerte para los lectores, esto no sucede con El papel preponderante del oxígeno, la primera novela de Ángeles Salvador. Tanto los que leen a la autora desde hace tiempo como sus nuevos lectores no tendrán ni tiempo ni lugar para el desencanto.

Ya en la primera página de El papel preponderante… aparece toda la novela expuesta con crudeza, en solo 23 renglones. Todo el programa de Salvador cabe en esas líneas y hasta el más desprevenido de los lectores sabe, a partir de allí, que no vale la pena relajarse mucho.

Lo primero que hay que agradecer a la autora es su amistad con la ficción. No importa aquí cuán biográfica es la obra –algo que siempre será difícil de desanudar en la buena literatura– sino cuál es el camino que Ángeles Salvador elije para convertirnos en sus lectores. Esta novela se sitúa bien lejos de esa porción de la nueva literatura que se regodea en autoreferencias y que cree que es interesante relatar la mínima aventura personal como si se tratase del desembarco en Normandía.

Por fuera de ese empalagoso impresionismo, en El Papel preponderante… su autora construye personajes, climas, situaciones y tramas como lo hacen los mejores escritores. Con audacia, cuidando tradiciones, homenajeando a otros mientras se avanza en la historia y, gracias a Dios, planteando y resolviendo situaciones dentro de la trama.

El personaje primordial de la novela es una mujer a la que es difícil imaginar con una pancarta feminista pero que se anima a vivir con una intensidad inquietante y una libertad arrolladora. Esas libertades ciertas, las que a veces lastiman más que lo que sanan y a veces demuelen más de lo que construyen. La libertad de Rosa para elegir la convierte en una heroína barrial interesantísima, con sus técnicas de seducción y peluquería.

Toda buena lectura nos lleva a las anteriores. Leyendo El papel preponderante… recordé la importancia que algunas tendencias filosóficas le asignan a las obras de ficción al momento de narrar una época histórica determinada. Más allá de la intencionalidad de los autores, las obras de ficción suelen ser más sofisticadas en la narración de detalles históricos-sociales que un tratado académico. Es difícil encontrar una descripción más acabada del colonialismo francés que en Viaje al fin de la noche de Celine, o una mejor narrativa social sobre la Rusia del siglo XVIII y XIX que en Guerra y Paz de Tolstoi. Alguien podría agregar Respiración artificial, de Piglia, para traer las cosas a esta orilla.

Cada lector usará la novela para recordar, o para hacer conjeturas y paralelos más o menos eficaces. En mi caso resonaron Politics and the Novel de Irving Howe y el capítulo de Forjar nuestro país de Richard Rorty, que se titula “La fuerza inspiradora de las grandes obras literarias. En el libro de Howe, la idea es la extraer de las grandes obras y de los grandes autores un potencial político no siempre explícito y a menudo inadvertido. Rorty, en cambio, usa la literatura para dar una discusión más amplia entre poetas creativos y esperanzados y pensadores secos y recelosos que confunden sagacidad con falta de esperanza.

Los textos de Howe y Rorty se descubren en El papel preponderante del oxígeno. Hay en la novela una vivacidad del clima de época del menemismo que es muy improbable en una obra académica. Los personajes de la novela crecen, en sus varias acepciones, en el mundo menemista. Ese mundo entre La Rioja y Miami supo generar expectativas políticas, y todos sabemos que la política no es mucho más que eso. El menemismo, esa especie de monstruo innombrable, fue un hacedor de fantasías descomunal en la que una sociedad entera se encontró enfrentada a su propia imagen de inmediatez y banalidad. El cambio cultural que significó en nuestro país el menemismo, algo que difícilmente sea aceptado por profesores universitarios y cultores de la corrección política, se despliega en la novela de Salvador como un escenario rico y fértil para la experimentación personal. No creo equivocarme si digo que El papel… es la primera obra seria sobre el período, que espera compañía para iniciar un diálogo.

“Lo que permanece, lo fundan los poetas”, aseguró Friedrich Hölderlin. La novela de Ángeles Salvador refuerza esta cita. La esperanza que propone es fundamentalmente estética, podrá ser amarga pero nunca será vana.

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