martes 5 de marzo de 2024
spot_img

Catalina Smulovitz: “La suerte del gobierno va a depender de lo que termine haciendo el peronismo”

Las elecciones legislativas han generado en las últimas semanas ciertos argumentos a favor y en contra que ponen en tela de juicio dicha institución. Catalina Smulovitz, politóloga y vicerrectora de la Universidad Torcuato Di Tella, explica que no se pueden analizar las variables institucionales sin tener en cuenta las cuestiones partidarias. En cuanto a los resultados de octubre no vaticina un resultado probable pero sí afirma que la posición del gobierno está comprometida a la definición de la interna peronista.

 

¿Cuáles son las virtudes y las amenazas de las elecciones de medio término?

Como los regímenes presidenciales tienen menos instrumentos para medir los cambios en el humor social, lo que permiten las elecciones de medio término es reafirmar o modificar lo que fue el humor que está presente en la primera etapa de cualquier período presidencial. En ese sentido, permite dar un termómetro general de cambios en la opinión pública y permite, eventualmente, traducir algunos de esos cambios en políticas públicas. Es cierto que en períodos presidenciales más cortos, de cuatro años, la elección de medio término lo que hace es que, en los hechos, año por medio haya elecciones, lo cual a su vez es problemático para cierto tipo de políticas que requieren algún tiempo de maduración para tener efectos, o para ser vistos o percibidos sus efectos. Entonces eso también tiene algún tipo de incidencia que puede hacer más compleja la toma de decisiones de política pública porque entonces están sumamente atadas a la evaluación de corto plazo en vez de a largo plazo. Simultáneamente, para poder evaluar si una elección de medio término es virtuosa, también depende de la estructura de los sistemas partidarios y del sistema político. En sistemas partidarios más hegemónicos o con un partido predominante, la elección de medio término puede ser una situación que permite de cierta forma moderar algunos aspectos predominantes que tienden a enfatizarse o profundizarse con las elecciones presidenciales. En sistemas donde el sistema partidario está más fragmentado, la elección de medio término funciona más como un mecanismo que aún a las pequeñas mayorías le pone rápidamente algún tipo de inconveniente para la gestión futura. Entonces, con las elecciones de medio término pasa lo que pasa con cualquier tipo de institución: produce ciertos efectos que van a depender de una serie de variables contextuales. Hay ciertos contextos en que la elección de medio término puede funcionar como un instrumento importante para moderar a un partido, como en los sistemas con un partido predominante. En los sistemas de partidos fragmentados, las elecciones de medio término pueden operar como una institución que entorpece la gestión de un partido con una mayoría estrecha. El problema muchas veces es que las instituciones no se piensan en general pensando en los resultados de corto plazo sino pensando en los resultados de largo plazo. La estructura en general de la Argentina, por lo menos desde 1983 hasta la fecha y, de hecho, antes también, es de un sistema partidario con un partido predominante, motivo por cual lo que antes aparecía como virtuoso, hoy con un partido en el gobierno con una mayoría más estrecha aparece como algo problemático. La forma o los efectos de las instituciones en sí mismas van a depender de cuestiones más contextuales y no tan estructurales.

¿Entonces es cierto lo que dijo la vicepresidente Michetti sobre las elecciones de medio término que dificultan la construcción de proyectos legislativos? 

Lo que estoy diciendo es que las elecciones de medio término tienen múltiples efectos, tienen el efecto como cualquier examen continuo de restringir la posibilidad de hacer proyectos de más largo plazo. Así como hacen eso hacen otras cosas que son virtuosas. En el momento en que los constituyentes incorporaron las elecciones de medio término seguramente no estaban pensando en los proyectos de largo plazo sino en las características del sistema partidario argentino como sistema predominante. Indudablemente ese no es el problema que tiene el PRO, sino que lo tiene en el gobierno que es un partido que accedió al poder con una minoría total en las cámaras y es entendible que le preocupe más el efecto restrictivo que tiene la elección de medio término. El problema de la declaración de Miccheti no es tanto la interpretación literal de lo que ella dice sobre si las elecciones de medio término suponen una restricción a proyectos legislativos porque, si uno pensara eso en términos analíticos, quizás uno puede suscribir esa afirmación. El problema de la afirmación de Michetti es que ella es la vicepresidente de la nación y, entonces, sus afirmaciones no solamente tienen un contenido analítico sino que también tienen un sentido político y creo que la crítica que apareció a la declaración es por las connotaciones políticas que tiene decir eso más que por lo del aspecto analítico. Las palabras de todos los individuos se prestan a malos entendidos o múltiples interpretaciones. En particular, las palabras de las figuras públicas con más razón se prestan a múltiples interpretaciones y yo creo que es válido cuando una figura pública, como un presidente, vicepresidente, un ministro habla que las interpretaciones sean interpretaciones de las connotaciones políticas. Entonces, esta persona sabe que lo que dice no es leído o interpretado en esa forma, por lo tanto es parte de la actividad política anticipar las consecuencias de lo que uno dice. 

O anticiparse a las consecuencias de las elecciones como Vidal diciendo que perder una elección no es el fin del mundo. 

Por supuesto. Pero es distinto eso: ella se está anticipando a las consecuencias pero lo que dijo tiene un efecto mucho más corrosivo porque aparece como cuestionando un procedimiento. Uno siempre trata de minimizar cualquier derrota futura.

¿Cómo va posicionado el gobierno frente a estas nuevas elecciones tanto a nivel de renovación de bancas, como plebiscitariamente?

Hoy por hoy, no sabemos quiénes son los candidatos de ninguno de los dos partidos. Por lo tanto, hacer cualquier tipo de predicciones, al principio, es complicado de por sí, y hacer predicciones en la total oscuridad de información diría que es temerario. En todo caso, puedo decir qué cosas me imagino pueden llegar a alterar algún tipo de resultado y creo que efectivamente en esta elección, como creo que fue lo mismo que le pasó en la elección presidencial anterior, la suerte del gobierno va a depender de lo que termine haciendo el peronismo. Va a depender si el peronismo, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires, se unifica o no, si hay candidatura de un sector cristinista, un sector no cristinista y del Frente Renovador, o si el no cristinismo subsume al cristinismo por lo menos con el candidato, o si aparece un candidato no cristinista que sea votado por el conjunto del cristinismo-kirchnerista y el peronismo no cristinista. Así que creo que, en realidad, lo que más le debe estar preocupando en este momento al gobierno en términos del resultado de las elecciones es qué va a pasar con la interna peronista. Por supuesto, no es que el gobierno no puede hacer nada en relación a su propio futuro o en relación a la propia interna peronista. En ese sentido, para obtener votos propios es llamativo que alguna de las obras que se suponía que el tridente presidencia-provincia-ciudad iba a realizar está teniendo un ritmo un tanto más lento que lo que uno podría haber pensado que iban a tener para, en todo caso, consolidar algún tipo de voto en la zona del AMBA. Pero lo que también es claro es que aún yéndole bastante bien al gobierno no es que va a pasar a tener una mayoría legislativa, es una señal más política que una mayoría institucional, pero es un dato importante, aún cuando no se traduzcan una mayoría legislativa expresada institucionalmente, el saber si la gestión está siendo apoyada o ese apoyo que tuvo en la elecciones presidenciales fue circunstancial exclusivamente producto de malas decisiones del kirchnerismo respecto de sus candidatos, en particular en la Provincia de Buenos Aires. 

Luego de un año y medio de gobierno y con las miras puestas en las elecciones: ¿fue la alianza Cambiemos un éxito o un fracaso?

¿Cómo medimos el éxito o el fracaso? Parte de las dificultades que tenemos para evaluar si el gobierno es un éxito o un fracaso es que, salvo afirmaciones muy generales sobre la vuelta de las instituciones, de la república, el “todos juntos podemos”, el programa de gobierno a realizar era muy difuso. En relación al tema institucional, creo que lo más positivo ha sido una cierta ampliación de la discusión pública pero simultáneamente cierto tipo de decisiones políticas desconocen decisiones institucionales cuando, supuestamente, era parte del programa del gobierno reconocer el peso de las instituciones. Digo desde la primera decisión con respecto al formato del nombramiento de los jueces de la Corte Suprema, al formato de cómo se pone presa a Milagros Sala, la no realización de la paritaria nacional docente hasta la no realización de las audiencias públicas en el tema de las tarifas, son todas decisiones que sorprenden por lo innecesario. Porque a pesar de ser un contra fáctico, es altamente probable que el gobierno pudiera haber conseguido las cuatro cosas sin convertir a la cuestión de la forma institucional o legal que se utilizó en el centro de la cuestión y en algo que ataca la base de sustentación. Es probable que el mecanismo de nombramiento de los jueces de la Corte Suprema pudiera haber tenido lugar sin ningún tipo de dificultad y sin hacerlo por esta vía tan extraña que quedó cuestionada y tuvo que retroceder. En el caso de Milagro Sala, es probable que hubieran causales de detención totalmente distintas de las que se utilizaron que son cuestionables. El procedimiento de renovación de la corte jujeña, más allá de que uno pueda pensar que fuera ilegítimo, cosa que creo que efectivamente lo fue, es la forma en que está contemplado por la Constitución jujeña aprobada en la gobernación anterior. Por lo tanto estos son los problemas de los efectos inesperados de las instituciones que alguien aprobó pensando que las iba a controlar y, en algún momento, el aprendiz se liberó de la lámpara y lo usa otro brujo. En el caso de las audiencias públicas, hubo que retroceder. Lo que es sorprendente es que cada una de estas cuestiones son producto de decisiones innecesarias sumamente costosas. Hay algunos que argumentan que es una forma de dar dos pasos para retroceder uno. Yo creo que el costo del retroceso empieza a ser más un costo que una estrategia avanzada.

Y en cuanto a la alianza entre la UCR y el PRO ¿fue un éxito, hay ganancia en los dos lados?

¿Qué podrían haber obtenido cada uno de ellos por separado si no hubiesen hecho la alianza? No está claro. Como tampoco está claro que para la UCR el costo de recostarse sobre el PRO vaya a ser beneficioso en el mediano o largo plazo. Pero también es cierto que es probable que en el momento en el que se estaba discutiendo en Guleguaychú, la estrategia o la alternativa de una UCR más social-demócrata estaba cerrada porque el espacio más de progresista o de izquierda aparecía ocupado por el kirchnerismo. Entonces, uno puede pensar cuáles eran los caminos posibles que tenía la UCR: tenían menos opciones de movimiento y, en ese sentido, fue una estrategia mirada desde la UCR como exitosa. En el largo plazo, es probable que si esta alianza no llega a consolidarse otra vez, la UCR quede boyando entre su corazón de izquierda y sus bases provinciales más de derecha. 

El principal temor cuando ganó Cambiemos en 2015 fue que no tenía mayoría legislativa y que no lo iban a dejar gobernar. Sin embargo el resultado fue otro. Se juntaron a negociar para cada una de las leyes y la mayoría salieron, con excepción de la reforma política que era uno de los proyectos más importantes, pero en general hubo una estrategia negociadora de las dos partes. ¿Podemos esperar lo mismo este año? 

Este año seguro que no. Lógicamente porque tenemos las elecciones de medio término y, por lo tanto, ninguno de los partidos que están compitiendo tiene ningún incentivo para proveer de algún éxito a sus competidores. Esto puede querer decir distintas cosas, como que haya muchos proyectos que fracasen o, en realidad lo más conveniente para todos los partidos es casi tener en estado de semi letargo al Congreso para que, justamente, no haya ni triunfo ni derrotas. Si bien es cierto que los partidos tienen un incentivo para tratar de neutralizar victorias de los otros, en la opinión pública provocar derrotas tampoco es algo que pague electoralmente, salvo con los más militantes o más convencidos de una causa. En general la percepción de la opinión pública cuando los conflictos se vuelven demasiado intensos no es necesariamente positiva. Ahí me animaría a decir que lo más probable es que estemos en una situación de hibernación legislativa.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Julián Álvarez Sansone

Milei y un ¿nuevo? rumbo en política social

Martín D'Alessandro

La Argentina emocional

Alejandro Garvie

El futuro del comercio mundial