miércoles 19 de junio de 2024
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Las changas y los ni ni

Pugna hoy por sobrevivir una franja de pobres estructurales, cuyos bajísimos ingresos sólo provienen en un 5% de los planes sociales y un 70% de trabajos eventuales (Informe UCA). En estas capas, se encuentran jóvenes que hacen sus primeras armas, combinando estas changas con embrionarios emprendimientos asociativos. Y a ellos se agregan excluidos de la economía formal (generalmente, con escasa capacitación para las nuevas demandas laborales de la economía global) que intentan –en forma individual o asociada- una actividad por cuenta propia y que, al mismo tiempo, procuran generar otra representación reivindicativa no contenida en el cauce del sindicalismo tradicional.

Por ello, es preciso impulsar a las microempresas, a la economía popular y al asociativismo de los productores de la agricultura familiar, con un fuerte componente educativo, de asistencia técnica y de tutoría. Está en el orden del día acudir en apoyo a los conocidos como “ni ni” (más de un millón y medio de jóvenes que no estudian ni trabajan). Se trata, entre otras iniciativas, de forjar trabajos en municipios y en barrios populares, vinculados a pequeñas obras públicas (veredas, limpieza de baldíos, mantenimiento de caminos y rutas, servicios de proximidad, etc.), ante la mitad de la población que gana menos del salario mínimo, con una parte significativa que integra el ejército de más del 35% de los que están en la marginalidad y en las labores no registradas.

Entre las herramientas a considerar, este tipo de emprendedores encuentran su traje a medida en la cooperativa (de provisión de servicios o de trabajo). Y aquí es pertinente sumar, junto a la economía social fundacional (cooperativa y mutual) a esta nueva economía popular, que no siempre circula en la informalidad y que no debe ser equiparada forzosamente a los trabajadores en negro que abundan en tercerizaciones de diversos ámbitos de las compañías mercantiles.

Esta alternativa cobra vigencia porque el “efecto derrame” será muy exiguo y las anunciadas inversiones de los conglomerados empresarios e, incluso, las necesidades de las pymes, no lograrán absorber a gran número de desocupados y sub-ocupados. Es muy probable que dichos inversores pongan el acento en convocar a aquella mano de obra de mayor capacitación y especialización.

Por lo expuesto, no basta con el crecimiento y la baja de la inflación, ni con la mera transferencia social de ingresos ni con la atención de la emergencia alimentaria y de una adecuada nutrición (que es impostergable) sino que también se requiere de iniciativas innovadoras (tanto en lo socio-económico como en las prácticas políticas y en la institucionalidad de los movimientos sociales), en cogestión con las estructuras públicas específicas, procurando que éstas tengan continuidad y logren la sustentabilidad de políticas de Estado que trasciendan la gestión de los períodos gubernamentales.

Publicado en Clarín el 7 de enero de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/changas_0_8NdjVDX1.html

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