jueves 30 de mayo de 2024
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Alejandro Einstoss: Es el gas, ¡estúpido!

 

La lucha contra el cambio climático nos impone un proceso de transición energética que va a pasar del uso de energías fósiles (petróleo y gas) a energías limpias.

Una transición inteligente no sólo necesita cuantificar claramente cuál va a ser el costo de la inversión en esas energías renovables sino tener en cuenta algunas variables que pueden restringir el proceso de transición, por ejemplo, estrategias nacionales, políticas públicas, la decisión de los propios actores energéticos o disponer de un precio más competitivo de la energía.

Las proyecciones globales al 2030 dan cuenta de que difícilmente China, India o Indonesia -que son los principales consumidores de carbón- disminuyan su consumo sustancialmente y al mismo tiempo ve que, luego de un enorme esfuerzo de inversión y de promoción de energías renovables, en el 2030 sólo el 15 por ciento de la demanda global será abastecida por energías renovables.

En este contexto, el gas aparece como el vector de transición y no son pocos los estudios que dicen que los próximos 15 años serán los años del gas. Argentina en este contexto enfrenta a la transición con una matriz fuertemente afianzada en energía fósiles, petróleo y gas. Mientras el mundo gira del carbón al gas natural, nuestra matriz ya depende en un 58 por ciento de gas natural.

Eso nos pone frente a un importante desafío; desde abril del 2018 a junio del 2019 se abrió un proceso de diálogo de los actores energéticos en nuestro país y se conformó una comisión para la transición energética en Argentina. Su resultado fue un documento muy importante que fija objetivos y metas pero que está a medio camino de lo que reclama el acuerdo de París, que es una estrategia nacional de largo plazo. En ese punto Argentina enfrenta oportunidades y desafíos.

Necesitamos un plan energético que conjugue las ventajas comparativas de los recursos energéticos que tiene en nuestro país y la necesidad de inversiones que sustenten un crecimiento económico de largo plazo, pero que contemple los compromisos de lucha contra el cambio climático.

Algo es seguro: blindajes sectoriales y temporales, vivir permanentemente en emergencia y un alto grado de discrecionalidad no son las estrategias convenientes.

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