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13 01 2020

Stella Benvenuto: la intuición desbordada


Autor: Gabriel Palumbo









Desde principios de los años sesenta, cuando la Bienal de Lausana, en Suiza, y la obra de Magdalena Abakanowicz le flanquearon la puerta de entrada al status de contemporaneidad, el arte textil no ha dejado de evolucionar y ganar espacio creativo e institucional. El recurso textil se convirtió, con el tiempo, en una posibilidad expresiva concreta para artistas que no son exclusivamente textiles pero que encuentran en su plasticidad un canal de comunicación diferente y de mucha ductilidad.

Entre el cielo y la tierra , la exposición de Stella Benvenuto con curaduría de Ana María Battistozzi en la galería Calvaresi Contemporáneo, navega por estos andariveles. La artista exploró otros soportes durante su carrera, tanto en la producción pictórica como fotográfica, hasta llegar hoy a trabajar desde lo textil, buscando agregar una textura más en su tratamiento sobre la vitalidad de la naturaleza.

En el segundo piso de la galería, el visitante se encuentra con tres tipos de obra que, unidas por una sensación de amabilidad visual en principio incomprensible, llena el espacio de un modo limpio y silencioso.

En las paredes, cuelgan una serie de trabajos de pequeño formato, finamente enmarcados, que operan muy bien como síntesis y puerta de entrada al universo estético de Benvenuto. Son obras de una impecable precisión, sumamente meticulosas, que muestran una composición con temperamento abstracto pero al mismo tiempo alejada de la frialdad y el cálculo. Más bien lo que parece primar en estas obras es el juego y una condición casi infantil. De hecho, las pequeñas piezas parecen garabatos que, pasados por el tamiz artístico, toman forma, relieve y color diseñando espacios, figuras y escenas indescifrables.

Del techo de la galería penden cuatro tapices muy vívidos. Que las telas estén colgadas en el espacio y no apoyadas en las paredes responde a una intención particular de la artista y logra un resultado interesante. En una muestra anterior, hace unos años, Benvenuto expuso sus obras colgadas contra la pared y el resultado –recuerda– la espantó. Optando ahora por suspenderlas desde arriba, logra dos efectos concurrentes y virtuosos. Por un lado, construye una espacialidad distinta, más parecida a un recorrido participativo que a una expectación pasiva. La muestra toma así la forma de una caminata entre obras, una suerte de itinerario en el que se pueden percibir con más claridad algunos detalles y algunas bambalinas.

De hecho, esta disposición permite ver la parte de atrás de las telas bordadas, una suerte de backstage que sorprende por su prolijidad. Estos tapices muestran el repertorio de la artista en relación con la variación de los puntos de bordado, las diferencias de texturas de los hilos y la dinámica volumétrica que utiliza. El resultado es, otra vez, un ejercicio de imaginación, color y texturas puestas a construir un escenario no figurativo y al mismo tiempo con una capacidad de interpelación visual al espectador realmente llamativa. El recurso de los hilos trascendiendo los límites del cáñamo y cayendo hacia abajo genera una sensación de movimiento y parece imitar el fluir de la naturaleza, del agua o las montañas.

El tercer tipo de trabajos es el más original y el más logrado. Se trata de obras en tres dimensiones, a mitad de camino entre el móvil y la escultura, en las que Benvenuto despliega toda su destreza técnica y capacidad de experimentación. Las esculturas-móviles tienen una variedad de puntos de bordado, de colores, de tipos de hilados, de estructuras y volúmenes tan grande que se hace difícil distinguirlos a simple vista. Las formas, otra vez, transmiten más de lo que ofrecen a la mirada. Sin una grafía clara y delimitada, las figuras remiten a la naturaleza de un modo esquivo pero cierto. Es como si la naturaleza se hubiera puesto a jugar con colores e intuitivamente, se desbordara. La mente relaciona rápidamente las formas con la pintura de Miró, con los volúmenes de Jean Arp y el estallido sensible de Joana Vasconcellos.

Las esculturas-móviles, además, son piezas que requieren combinar, dentro del proceso creativo, muchas dimensiones. Hay un momento estéticamente puro, que es el del boceto y del dibujo y de la traducción de estos a la tela, pero además hay un proceso de producción muy complejo en el armado y en la concreción volumétrica de las obras. Rellenas de telgopor y de maderas muy pequeñas y blandas, las formas vuelven a las manos de la artista para darle los detalles de color y de textura finales. Las esculturas-móviles toman el espacio con hilos que terminan en gotas, medallas y esferas de colores y texturas diferentes.

El arte textil, habitualmente, responde a dos tópicos centrales unificados por la idea de rescate. Por un lado, rescata la intimidad del trabajo de bordado, con su tipicidad femenina y su condición casi hogareña y, por el otro, rescata las culturas originarias y la ancestralidad de un saber consolidado en el tiempo y las costumbres.

Con todo, lo valiosos y lo ajustados al desarrollo histórico que pueden ser estos argumentos, no se aplican al trabajo de Stella Benvenuto. En su caso, no hay recuperación de ningún tipo, sino más bien un desarrollo intuitivo del hecho artístico y no hay justificación analítica que sostenga su obra más allá de lo que puede verse. El compromiso es, ante todo, sensible. No es extraño, entonces, que la referencia que surge al hablar con la artista sea la de Arthur Bispo do Rosário, un artista brasileño que vivió en una institución psiquiátrica durante cincuenta años recluido con un diagnóstico de esquizofrenia y paranoia. Allí, realizó una obra con desechos y materiales de rejunte que le valió, a su muerte, el reconocimiento de la crítica especializada de todo el mundo. Un arte construido dentro de una habitación oscura y que llegó a la luz de la bienal de Venecia en 1995 y a una exposición alusiva en el Victoria and Albert Museum de Londres en 2012. Cuando Benvenuto habla de Bispo do Rosário se refiere a él como un hombre sin cabeza, extraordinaria figura para ligar su propio arte con una pulsión vital ajena a las sequedades de los conceptos y al rigor rancio de las escuelas.

Publicado en Revista Ñ el 30 de noviembre de 2019.

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