lunes 20 de mayo de 2024
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¿El regreso de la Doctrina de la Seguridad Nacional?

En 1960, el Comandante en Jefe del Ejército Sur de los EE.UU. Theodore F. Bogart invitó a sus colegas latinoamericanos a una conferencia en Panamá, con el fin de “estrechar los lazos de amistad entre dirigentes de los Ejércitos Occidentales; fomentar las amistades y familiarizar a los concurrentes con el personal y los recursos disponibles”.

Luego de la V conferencia, el general Juan C. Onganía trajo en sus alforjas la llamada “doctrina de West Point” o de Seguridad Nacional, según la cual se establecía el derecho del poder militar local a intervenir contra gobiernos constitucionales que no respetaran la Constitución, o las leyes y/o no dieran solución a los problemas nacionales. Esa doctrina -nunca escrita- surgida al calor de la Guerra Fría, no determinaba qué jueces definían la intervención ni qué métodos previstos en la Constitución debían ponerse en marcha luego de una crisis. La triste historia de su aplicación es harto conocida en nuestros países.

El golpe de estado en Bolivia parece calcado de aquel que sufriera en 1964 y de aquellos quiebres institucionales que creíamos parte del pasado tenebroso de nuestra región. Los mismos actores, las mismas motivaciones y los mismos resultados.

No hay duda de que los militares han vuelto. Forman parte del funcionariado de Jair Bolsonaro –quien reivindica la dictadura brasileña– y de Donald Trump que los contrata de a docenas. Son el sostén –y parte- del bloque de poder que gobierna Chile. Del mismo modo que los son del gobierno de Nicolás Maduro, desde el otro lado del abanico ideológico.

Las palabras de nuestro canciller Jorge Faurie parecen parafrasear la doctrina: “es muy importante el rol de las Fuerzas Armadas y de seguridad simplemente para garantizar la continuidad de la vida institucional de Bolivia y no asumir ni tener un rol más protagónico que el que marcan las leyes”.

En 1986 egresaba de West Point el actual Secretario de Estado de Donald Trump, Mike Pompeo, primero en su cohorte y el actual Secretario de Defensa Mark Esper. Sus compañeros de clase de esa academia militar, Ulrich Brechbuhl y Brian Bulatao, también ocupan altos cargos en el Departamento de Estado como los principales lugartenientes de Pompeo, mientras que en el otro extremo del National Mall, dentro del Capitolio, otro camarada, Mark Green –senador por Tennessee- se ha convertido en uno de los principales defensores de Trump en el Comité de la Cámara de Supervisión y Reforma.

Los periodistas de Político, Bender, Morgan y Lippman, aseguran que los ex militares se refieren descaradamente a sí mismos como la “Mafia de West Point” y constituyen un círculo poderoso en los niveles más altos del gobierno de Trump.

“West Point nos enseñó a todos, un sistema de valores muy fuerte, tener una brújula moral, hacer el bien más duro contra el mal más fácil”, dijo Joe DePinto, otro amigo de los egresados de la '86 que ahora es CEO de la cadena multinacional de ventas minoristas 7-Eleven.

Pompeo y sus compañeros de clase llegaron a West Point en los primeros días de julio de 1982, en medio del primer mandato del presidente Ronald Reagan, cuando el enfrentamiento de la Guerra Fría con la Unión Soviética estaba en su apogeo.

Otros miembros de la clase que aún están en servicio activo incluyen al Teniente General JT Thomson, el comandante de tierra de la OTAN, con sede en Turquía y al Teniente General Leopoldo Quintas, comandante adjunto del Comando de Fuerzas del Ejército. El Teniente General Dan Hokanson encabeza la Guardia Nacional del Ejército. El Teniente General Eric Wesley, lidera los esfuerzos del Ejército para modernizar su equipo y estrategia para el tipo de gran conflicto de poder que el Pentágono esperaba de la URSS a mediados de la década de 1980, y ahora ha resurgido en diferentes formas de Rusia y China.

De hecho, la amenaza rusa aún forma parte de sus discusiones. “Hablamos mucho de eso”, dijo Steve Cannon, quien era un comandante cadete del regimiento como Esper y luego sirvió junto a Pompeo en un regimiento de caballería blindada en Alemania Occidental en los últimos días de la Guerra Fría. Y agrega: “Ahora ha vuelto al futuro. Tienes un Putin bastante agresivo, que en muchos sentidos siente que nos está empujando hacia la Guerra Fría. Rumiamos sobre esas cosas”. Es probable que hayan rumiado sobre los gobiernos que en Latinoamérica tengan alianzas con rusos y chinos, tal es el caso de Bolivia. O tal vez no, pero las piezas encajan bastante bien.

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