viernes 23 de febrero de 2024
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2020, el año del ajuste

La pareja discute por lo que no tiene, revienta la tarjeta, corre por el shopping, tapa las goteras, y se gasta los puntos en una clase de tai chi chuan. En el comercial de enfrente, mientras tanto, están tratando de convencer a los novios de lo costoso que resulta pedirle plata prestada al suegro. El denominador es el mismo; en ambos casos consumen mas de lo que ganan, pero mientras que a Marcos y Claudia los financia un banco, los otros descansan en la solidaridad familiar.

Con los países ocurre una cosa muy parecida a la disyuntiva que plantean el Galicia y el Santander; Hay tres sectores; el público, el privado y el externo. Si alguno de ellos decide gastar por encima de sus posibilidades, puede hacerlo financiándose con el ahorro de otro sector dentro del país, o con el del resto del mundo. Así; si el Estado tiene déficit, puede cubrirlo con colocaciones de deuda interna o en mercados y organismos internacionales.

Cuando abundan los dólares a baja tasa estamos en el mejor de los escenarios, porque no es preciso ajustarse fronteras adentro; el Estado puede gastar y el sector privado puede continuar consumiendo, e invirtiendo su excedente para aumentar la productividad, como en la propaganda de la pareja del Galicia; reventamos la tarjeta. Pero si se cierra el flujo mundial de capitales, entonces hay que conseguir que alguien de la “familia” tape el agujero, o no será posible sostener el déficit y será necesario ajustar. Con mercados externos cerrados, todo lo que consuma de mas Marcos, deberá ahorrarlo Claudia, consumiendo de menos.

La economía tuvo un boom de riqueza entre 2005 y 2012 por los espectaculares términos de intercambio y después quiso sostener su nivel de consumo con anabólicos. Con la soja a 640 era posible aumentar el gasto público y el privado simultáneamente, pero cuando la soja bajó de 600 a 300 se acabaron los ingresos para que ello fuera posible y quedó desnuda la triste realidad; entre 2004 y 2015 las cantidades exportadas habían aumentado solo 4% mientras que las compras al exterior, siempre medidas en cantidades explotaron un 116%. Toda la riqueza era efecto precio y cuando eso desapareció se planteó la disyuntiva de Marcos y Claudia: ajustar el consumo o usar el crédito.

Los últimos años del kirchnernismo se optó por vender las joyas de la abuela, usando las reservas, mientras que en los dos primeros de Cambiemos se eligió la deuda. Cuando nos cortaron la tarjeta llegó el suegro (el FMI), que nos prestó con demasiadas condiciones para financiar la transición de un ajuste que ahora era de shock.

Con la devaluación, el sector privado hizo un ajuste espectacular, pero el sector público va a cerrar 2019 con un déficit financiero del orden de entre 3,8 y 4,3 puntos del producto.

2020: fin del crédito

El próximo año, hasta que Argentina logre un nuevo acuerdo con el Fondo y termine la reestructuración con privados, no habrá crédito de ningún tipo. Inexorablemente alguien tendrá que ajustar; o el sector público reduce su déficit de forma dramática (4 puntos), o el privado tendrá que ser el que soporte la carga, con mas ahorro (menos consumo) o menos inversión.

Según mis fuentes, el equipo de Alberto plantearía reestructurar también los 3,3 puntos de intereses de su deuda, además de los 8 puntos de capital que vencen en 2020, pero como al menos un 50% de esa deuda está en manos de residentes locales (asumimos que la deuda en pesos lo está), ello impactará en la disponibilidad de la riqueza del sector privado, determinante fundamental de la demanda autónoma.

El ajuste más probable del sector público será nuevamente a expensas del privado, porque tanto la suba de impuestos (Retenciones y Bienes personales), como la emisión (impuesto inflacionario), son pagados por la gente. Pero, además, cuanto mayor sea la proporción del déficit que acabe siendo monetizada, mayores serán los controles y prohibiciones para evitar que los contribuyentes esquiven el impuesto saliéndose de la base imponible, vía dólar. Veremos entonces más cepo y el regreso de los permisos de importación, junto con controles de precios, salarios y tarifas.

Por último, cada sector que sufra controles tenderá a contraerse, por lo que el nuevo gobierno deberá elegir en función de las necesidades (divisas, empleo, etc) cuales son los sectores que reciben tratamiento preferencial, quedan afuera de los controles y son incentivados. La energía, algunas industrias intensivas en empleo, como la textil y la construcción, son candidatos.

Publicado en Clase Media, el Newsletter de Martín Tetaz el 21 de octubre de 2019.

 

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