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Julio 12, 2019, 9 59am

Francia grava a los gigantes de internet

Mientras en los EE.UU. las “cinco grandes” presionan al gobierno, el parlamento francés aprobó cobrarles impuestos a las enormes corporaciones que los han esquivado hasta aquí.

Autor: Alejandro Garvie


El 11 de julio de 2019 será recodado como el día en el que se le “puso el cascabel al gato”, cuando Francia se convirtió en la primera gran economía mundial en aplicar un impuesto a los gigantes tecnológicos, terminando con las ventajas que esas corporaciones colosales tienen por sobre otras actividades. Por ejemplo, La Comisión Europea estima que, en promedio, las empresas tradicionales enfrentan obligaciones impositivas de 23 por ciento sobre sus ganancias dentro de la UE, mientras que las empresas de internet pagan hoy entre el 8 y el 9 por ciento.
La "tasa Gafa" (un acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon), fue aprobada en el Senado después de haber pasado previamente por la cámara baja, y obligará a tributar a empresas que obtienen enormes ganancias globales y sólo tributan (poco) en los EE.UU. y en los países europeos en donde declaran sus centros de operaciones, en lugar de donde hacen sus ventas.
Frecuentemente, tienen sus oficinas en países como Irlanda o Luxemburgo, donde gozan de tasas impositivas muy bajas, lo que les permite tributar una insignificancia en países como Francia o el Reino Unido, a pesar de que tienen al grueso de sus clientes allí. Por ejemplo, la imposición fiscal total de Amazon en el Reino Unido para 2017 fue de 2,14 millones de dólares, es decir, menos del 1 por ciento del volumen de ventas que fue de 2.510 millones para ese ejercicio.
La ley prevé un gravamen del 3 por ciento sobre los ingresos de las empresas tecnológicas con ingresos de más de 845 millones de dólares anuales -de los cuales por lo menos 28 millones son generados en Francia- tendrían que responder a obligaciones fiscales, por brindar servicios a los consumidores franceses. El parlamento estima que recaudará unos 400 millones de euros este año y 650 millones en 2020, provenientes de una treintena de grupos empresariales, la mayoría de ellos norteamericanos.
En lo que parece un nuevo round de la pelea Macron – Trump, EE.UU. - antes de que se aprobara el impuesto – presionó instruyendo una investigación, abierta bajo el artículo “Section 301” que es la herramienta principal que la administración Trump utilizó para justificar su actual guerra comercial con China e imponerle así aranceles contra lo que Trump calificó de prácticas comerciales desleales.
Jeff Bezos, dueño de Amazon y del Washington Post, se expresó a través de Amazon diciendo que: “Aplaudimos a la Administración de Trump por tomar medidas decisivas contra Francia y por señalar a todos los socios comerciales de Estados Unidos que el gobierno de los Estados Unidos no aceptará las políticas fiscales y comerciales que discriminan a las empresas estadounidenses”.
El ministro de economía francés, Bruno Le Maire, calificó esta investigación de hecho sin precedentes en la historia de las relaciones entre ambos países. “Creo sinceramente que podemos y debemos arreglar nuestras diferencias sin amenazas. Francia es un Estado soberano que decide sus propias disposiciones fiscales y continuará haciéndolo”. El ministro señaló, además, que esta era la primera vez que se daba este paso en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Francia. Por otra parte, en abril ya había expresado a Le Parisien que, “El hecho de que estas compañías paguen menos impuestos que un productor de queso en Quercy es un problema real”.
El mes pasado, durante la cumbre del G20 en Japón, los ministros de finanzas allí presentes acordaron que había una necesidad urgente de encontrar un sistema global para gravar a los gigantes de internet como Google y Facebook, pero discreparon sobre en la forma.
Este primer paso para gravar a estas poderosos empresas lo ha dado Francia en soledad, lo que la expone ante sus vecinos y ante los norteamericanos que están furiosos. No obstante, el gobierno de Macron afirma que el impuesto cesará si internacionalmente se puede acordar una medida similar. En ese sentido, ha habido discusiones con respecto a un impuesto tecnológico en toda Europa, pero las conversaciones colapsaron, en parte gracias a países como Irlanda que se benefician de poder radicar empresas tecnológicas en su país y en su castigada economía.
Francia estará esperando que los acontecimientos hablen después de su jugada: que los otros países sigan sus pasos y apliquen sus propias leyes independientes, para no dejar a Francia tan expuesta. O, que se logre un acuerdo multilateral sobre cómo gravar globalmente a estas corporaciones y limitar así la enorme acumulación generada por estos gigantes de internet.
Algo similar se ha desatado en nuestro país en donde las empresas de ese sector gozan de beneficios fiscales y se sustraen a las reglas generales.

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