miércoles 19 de junio de 2024
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El oscurantismo en ciernes

Mientras en la Argentina nos preparamos para un nuevo round por los derechos de la mujer al aborto legal, seguro y gratuito, en países que ya tenían resuelto el tema se opera una reversión. En la “América de Trump”, una serie de nuevas leyes estatales prohíben efectivamente el aborto colocando el asunto en el centro de las elecciones del año que viene por parte de los grupos liberales que esperan que la amenaza aglutine la voluntad de sus votantes hacia posiciones alejadas de la política de Trump, de forma que se transforme en un tema que los movilice más que durante la elección anterior.

Una ley de Alabama, firmada la semana pasada, prohibiría casi todos los abortos, aún en caso de las víctimas de violación o incesto. La ley, que entrará en vigencia dentro de seis meses, a menos que los tribunales intervengan para bloquearla, solo hace una excepción si la vida de la madre está en peligro. Los médicos que realicen abortos serían acusados de un delito grave y sentenciados a hasta 99 años de prisión.

Otros estados, Kentucky, Mississippi, Ohio y Georgia aprobaron recientemente leyes similares, prohibiendo el aborto una vez detectado un latido fetal en la semana seis. Otros 16 estados están tratando de ajustar sus leyes de aborto. Ninguna de estas normas está en vigencia aún, pero todas son una ofensiva hacia la Corte Suprema. ¿Por qué?

Históricamente, cada estado de ese país decidió sobre este asunto hasta que, en 1973, la Corte Suprema hizo del aborto un derecho constitucional, a través de la resolución del histórico caso Roe vs. Wade.

Si bien los demócratas advirtieron en 2016 que Donald Trump podría rehacer la Corte Suprema y poner en peligro el derecho al aborto, el tema ya tiene desde hace un tiempo a los votantes conservadores y religiosos activos en su objetivo de derogar la resolución Roe v. Wade. La ola de legislaciones pro vida de los estados tiene la mira en la eliminación de ese derecho desde el máximo tribunal. En ese objetivo se unen dos aspectos centrales del populismo de Trump: conservadurismo político y rechazo y desconfianza al gobierno federal.

Ahora que dos jueces conservadores nominados por Trump han sido confirmados ante la Corte Suprema y los estados se están moviendo agresivamente para aprobar prohibiciones casi totales sobre el aborto con el fin de desencadenar una revisión judicial de aquel caso, los demócratas esperan que la batalla active a sus votantes. Esta ola regresiva ya está tallando como tema de campaña. Los legisladores demócratas están trabajando para instalar el mensaje de que los republicanos podrían eliminar el derecho de una mujer a interrumpir su embarazo.

Es probable que el aborto sea especialmente crítico en las elecciones al Senado, dado el papel de la cámara en la configuración de los tribunales, que decidirá el impacto a largo plazo de estas nuevas leyes.

Una media docena de grupos de base progresistas están planeando un día de movilización a nivel nacional inminente para resaltar el problema, y la organización Planned Parenthood Votes, presidida por la Dra. Leana Wen está lanzando una campaña en las redes sociales que repudia la ley de Alabama y se dirige a las votantes en seis estados donde varias senadoras republicanas defienden su mandato en 2020.

Los demócratas creen que el tema motivará a los votantes en Colorado y Maine, los estados que Trump perdió en 2016 y que tienen a senadores republicanos con intención de renovar sus bancas.

Más allá de la cuestión política que se desata alrededor de este tema, es preocupante el auge y ascenso de movimientos y políticas conservadores que van desde los homofóbicos, supremacistas y antivacunas, pasando por los terraplanistas y los conspiracionistas que repercuten en un mundo que se abroquela sobre lo primigenio, por sobre las concepciones universalistas, científicas y democráticas. Trump en los EE.UU. y Bolsonaro en Brasil son un eje que sintoniza muy bien con esta tendencia oscurantista en nuestra América.

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