miércoles 19 de junio de 2024
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2024: la gran aceleración estratégica

El mundo debe ser pensado desde una perspectiva de transformación que altera los equilibrios precarios de la post-globalización. Los eventos se precipitan y descolocan a gobernantes y analistas habituados al confort. Para los observadores se trata de pensar el mundo sin velos ideológicos, para los países se trata de continuar formando parte de la historia.

La clave de bóveda de esta reflexión consiste en identificar las geografías donde se están desarrollando los cambios. Podemos soslayar algunas, pero cuatro son relevantes. La primera alude a los Estados Unidos. Es muy probable el regreso de Trump, que representa a amplios sectores de la nueva derecha mundial.

En muchos países esas corrientes se han apoderado de la lógica del cambio gestionando las iras colectivas. No son liberales. Ni Orban, ni Trump están apegados a las instituciones, son nacionalistas nostálgicos, Trump promete ser nuevamente “el Presidente tarifas” imponiendo aranceles y Orban pone trabas al proyecto europeo.

El trumpismo es proteccionista, sus ejes son cerrar el mercado y las fronteras a los inmigrantes, apelando a las pasiones nacionalistas y por eso es un ícono del autoritarismo nacionalista. Trump no miente y hay que tomarlo en serio: prometió terminar la guerra de Ucrania en un día cortando la ayuda a Kiev.

También ha dicho que la OTAN sólo beneficia a Europa y su visión de la economía mundial se apoya en las ideas del principal asesor económico, R. Lighthizer, que lo acompañó en su anterior gestión, y que hace años cuestiona la participación americana en el NAFTA. Para ellos, Canadá y México no serían buenos socios.

La segunda geografía que transforma la geopolítica es Ucrania. La economía rusa resistió y en la guerra industrial nuevamente el nervio de la guerra fue la producción de armamentos donde Rusia contó con dos aliados proveedores: Corea del Norte e Irán. La reconquista ucraniana de los territorios ocupados no resultó posible, porque Rusia logró construir una línea defensiva infranqueable. Nunca se planteó una nueva ofensiva ya que la OTAN no facilitó, entre otras cosas, la aviación necesaria.

En una guerra de posiciones, con disensiones internas crecientes entre el Presidente y el comando militar, se potenció la debilidad ucraniana. La OTAN ayudó, pero nunca habilitó el bombardeo en profundidad del territorio ruso. Siempre estuvo presente un temor: que Moscú apelara a la escalada nuclear. Putin tuvo su momento crítico, que no estuvo en el frente de batalla, sino en el desafío del Jefe de los mercenarios Wagner, Pregozhin.

Hasta las elecciones estadounidenses, la OTAN buscará compensar las pérdidas de Ucrania pensando en una negociación, pero si Trump corta la ayuda, Moscú tratará de imponer una rendición “3D”: desnazificación, desmilitarización y demolición de la democracia. Ucrania quedaría bajo una soberanía limitada y Europa debería aceptar que sus fronteras no son inviolables.

Macron estuvo en lo cierto: “una victoria rusa sería el fin de la seguridad europea”. En ese escenario las nuevas derechas europeas se asemejarán a los viejos Partidos Comunistas títeres del P.C Soviético. Este horizonte expresa un fracaso: Europa no habría logrado sostener los recursos para sus ambiciones.

La tercera geografía donde habitan las transformaciones es Alemania. El motor de la economía europea padece una anemia preocupante. En el 2023 el PIB se contrajo y ello se explica por el retroceso de la industria, debido particularmente a las implicancias de haber suspendido las compras de gas ruso; a la suba de las tasas de interés y a la caída del gasto público. Además, el freno al endeudamiento, impulsado por el Tribunal Constitucional, hizo lo suyo en nombre de un “fundamentalismo del desendeudamiento”. Pero más allá de la economía, el problema central de Alemania es político.

El pesimismo germano hoy se expresa en el crecimiento del partido Alternativa Alemana que se está perfilando como una opción electoral impensable. Suma apoyos en los sectores rurales, que cuestionan las políticas medio ambientalistas europeas, expresan un fuerte sentimiento anti-inmigraciones, se oponen a la ayuda a Ucrania y recientemente han cuestionado la pertenencia a la Unión Europea.

En estas condiciones, el papel de liderazgo moderador de Berlín pareciera estar perdiendo fuerza, una inimaginada y peligrosa situación que afecta al sistema de equilibrios regionales.

El cuarto espacio de transformaciones globales es el Medio Oriente. La guerra de Gaza transforma sustancialmente la ecuación global. Para los EE.UU los vientos estratégicos están cambiando y Washington percibe los nuevos riesgos: China, Rusia e Irán.

Donde más impacta la nueva ecuación es en la Marina, que debe reorientar su prioridad Asia-Pacífico y sumar al Mediterráneo y el Golfo para defender a Israel y ofrecer garantías para la libre navegación mundial. En el Mar Rojo nadie los acompaña pero muchos pierden, como Egipto e India. Allí es la hora de las milicias no-estáticas.

Finalmente, el gran desafío americano consiste en invertir para modernizar su disuasión nuclear. En el 2026 vence el Tratado New Start que regula los arsenales rusos y americanos mientras China puja. Pero ni Pekín ni Moscú enfrentan una ecuación semejante: a ellos no los desestabilizan enemigos con drones.

Publicado en Clarín el 5 de febrero de 2024.

Link https://www.clarin.com/opinion/2024-gran-aceleracion-estrategica_0_NyFoTPpLGy.html

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