viernes 23 de febrero de 2024
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Juan Pablo Micozzi: “Nada mejor para López Obrador que Trump y nada mejor para Trump que López Obrador”

Juan Pablo Micozzi es politólogo y realizó su doctorado en la Universidad de Rice en Estados Unidos. Hace casi cuatro años que vive en México y se desempeña como profesor asociado de tiempo completo en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). En esta entrevista, Micozzi asegura que la asunción de Trump ha generado un alto nivel de incertidumbre en el país vecino pero que México debe atravesar sus propios procesos –como las elecciones presidenciales en 2018– para resolver la crisis, que es anterior a Trump. En este sentido, a un año de las elecciones, López Obrador, el candidato por el Movimiento Regeneración Nacional, parece estar cobrando relevancia: “Lo que es difícil de aislar es cuál es la causa que parecería estar cimentando el ascenso de López Obrador”, explica Micozzi. Si el desgaste de Peña Nieto, la asunción de Trump o una combinación de ambas. Además, bromea con algunas de las medidas tomadas por el magnate estadounidense y asegura que se trata más de un bravucón que de un estratega.

 

Teniendo en cuenta que la ruta entre México y Estados Unidos se constituyó como el principal corredor migratorio del planeta, ¿cuáles son las capacidades políticas y económicas de México de absorber migrantes centroamericanos deportados de Estados Unidos?

Ese no suele ser un flujo súper intenso. México es más como un país de tránsito para cruzar la frontera y llegar a Estados Unidos, no es algo que suela ser una problemática súper intensa ni que se debata. Sí ha habido sectores que manifestaron cuán hipócrita está siendo el gobierno en tanto y en cuanto el borde sur de México tiene controles fuertes por esta misma cuestión, lo cual también lo hace tan importante y tan estratégica para Estados Unidos. Es un modelo de doble filtro. Si la frontera del sur que conecta Guatemala con México tiene una suerte de enforcement, también va a disminuir la propensión de que sigan hacia el norte. Sin embargo, no es un tema que se discuta demasiado en este momento acá. Quizás sería un tema para pensar eventualmente como agenda pero la deportación se da directamente a los países respectivos, no es que los patean del otro lado de la frontera y chau. 

Nunca escuché ese debate sobre cuál sería el impacto económico de que eventualmente deportados que no sean mexicanos pasen para este lado. Pero sí toda esta cuestión de rediscutir o replantearse el tema del borde y las implicancias económicas tendrían un efecto concreto y ya lo empezaron a tener en términos de todas las anticipaciones que hubo tanto de empresarios como de agentes financieros: yo llegué acá hace tres años y medio con el dólar a 13 y hoy está a 21 y el mercado siempre descuenta, siempre anticipa el futuro y, de alguna manera, lo va reflejando.

 

¿Y a los mexicanos que son deportados cómo se los recibe?

Lo primero que uno ve en las pantallas cuando llega al aeropuerto en la Ciudad de México es que la Secretaría de Relaciones Exteriores pone a disposición un número muy importante de oficiales para los deportados. Incluso hay muchos programas para asistir al deportado, al que se encuentra retenido en cualquier otro lugar del mundo en un estatus migratorio bastante complicado. En ese aspecto, aparte, México está teniendo una política muy agresiva como respuesta a todas estas amenazas por parte de Estados Unidos, ha fortalecido mucho el rol de los cónsules allá: hay entre cuarenta y cincuenta consulados a lo largo de todo el país, en particular en la zona del borde y donde hay mayor concentración, en las grandes ciudades: California, Texas, Nueva York, Chicago. Incluso ofrecen asesoría legal. En ese aspecto la Secretaría de Relaciones Exteriores ha tomado cartas en el asunto porque sabe que se va a venir un aluvión de cuestiones que, a parte, van a ser bastante controvertidas en términos de que cualquiera puede convertirse en sospechoso por la construcción de estereotipos y prejuicios: si sos de Yemen van a pensar que sos terrorista y si sos un latino del sur probablemente empiecen las persecuciones. Hay bastante temor con respecto al mexicano en el exterior y de lo que le puede llegar a pasar y no hay mucha certeza respecto de lo que puede terminar ocurriendo. Pero Trump también está gobernando muy a prueba y error y se puede interpretar de varias maneras. Por un lado, una bravuconada de un tipo que en su vida se planteó cómo conducir un Estado: el bravucón mueve primero y después se fija cómo viene la mano. Ahí sería un prueba y error como cuando dijeron que iban a gravar un 20% las importaciones mexicanas, lo cual lo terminarían pagando los consumidores estadounidenses –aguacate y autopartes, entre otros–. Después repensó y dijo que era tentativo. Con lo cual, si uno supone que es un bocón gobernando a prueba y error, el escenario es un poco más incierto. Por supuesto la incertidumbre es preferible a la certidumbre negativa que sería un tipo recalcitrante que se va a llevar puesto todo lo que viene y que va a demostrar que es el verdadero “macho”. Pero todavía no está demasiado claro, no sabemos si interpretarlo a Trump como un bravucón omnipotente o como un tipo que escucha distintas voces y selecciona o si va a tirar todo arriba y después negocia. A mí me parece más lo primero: un bravucón improvisado que se acostumbró a llevarse al mundo por delante cuando el mundo se mueve bastante diferente. Welcome to politics. Pero todavía no está del todo claro.

 

¿Cómo afecta a México que Estados Unidos empiece a volverse hacia adentro cerrando sus fronteras tanto para la inmigración como para el intercambio de productos?

El mercado ya descontó. Si bien la devaluación ya fue progresiva por distintos factores, el dólar estaba a 17 y saltó a 21/22. De esa manera hubo factores económicos que se empezaron a cobrar la incertidumbre. ¿Cuál es la paradoja? Que eso también te hace que el trabajo y el producto mexicano sea más barato. Con lo cual ahí ya hay un doble incentivo: mayor incertidumbre, mayor devaluación, menor valor relativo de todo lo que sea de este lado de la frontera, mayor el incentivo también a quien sea para producir acá. Se puede gravar con un 20% de arancel pero si la devaluación te come el 40% del costo, seguís haciendo negocio. Ahora bien, hay incertidumbre pero por otro lado hay aprietes. Trump apretó abiertamente para que le instalen la planta de Ford, las empresas americanas, a partir de eso hubo coletazos y rispideces con Japón, apretaron a Toyota. Si es un estilo con una cuestión de prepotear o bravuconear y después cerrar abajo, tiene una racionalidad y algún sentido pero, por otro lado, a nivel económico también tiene sus costos. Hay muchos estados americanos que están integrados económicamente con México. Lo que más exporta México a nivel automotriz son autopartes, no hace producto terminado. Así que cuando empiecen a caerle la fichas de algunas de las consecuencias de mediano plazo de todo esto, probablemente se le pueda volver en contra. Pero vaya uno a saber cuál va a ser el plazo y cuán congruente es con los plazos políticos.

 

Entonces, ¿cuáles son las consecuencias negativas para México?

Ya con el tema de la devaluación del peso, México ha sido golpeado y la incertidumbre hacia adelante está. Por un lado, postergando inversiones que tal vez distintos actores tenían pensado efectuar y se cayeron. Cayó el ingreso global del gobierno, o sea que está ajustando bastante en varios aspectos. Subió la inflación en este primer mes como hacía años que no subía, en parte por cuestiones domésticas como el gasolinazo –el aumento del combustible–, en parte por incertidumbre política respecto de que tampoco está claro cómo se va a manejar esta crisis: Peña Nieto venía muy desgastado políticamente a partir de otro tipo de escándalos de otra índole y con esto también quedó en el centro de atención. Lo cual, por un lado paradójicamente y por otro no tanto, es echarle gasolina al fuego porque conforme se genera este rechazo antigringo, empieza a florecer el nacionalismo y suben las chances de López Obrador. Nada mejor para López Obrador que Trump y nada mejor para Trump que López Obrador para endurecer un discurso.

 

Siguiendo con esto, ¿cómo afecta al sistema político mexicano la asunción de Trump y las medidas que está tomando?

Hay una cuestión en términos políticos que es algo inédita del PRI y los aliados ganando la elección de medio tiempo. Desde 1997 que en México había gobierno dividido. Ahora están en una situación de cuasi mayorías entre el PRI, el Partido verde y diferentes aliados. Sin embargo, en términos de la gobernabilidad, por un lado está el efecto de pato rengo del presidente en la última parte de su mandato que no se puede reelegir. Por otro lado, el desencanto con la cuestión económica y con el tema de los escándalos que han habido en términos de producción, la casa de Peña Nieto y demás lo ponen en una situación vulnerable políticamente hablando. Quien técnicamente tenía los números puestos para ser por lo menos ganador de pluralidad es López Obrador, quien también tiene un nivel de rechazo importante. Pero es un candidato nacionalista para el cual el discurso de Trump es música para sus oídos para seguir alimentando esa cuestión de que no hay nada mejor que la no intromisión. En ese contexto, en las encuestas en las últimas semanas López Obrador ganó dos puntos y el candidato del PRI cayó dos. O sea que sigue siendo el candidato preferido de la pluralidad, está alrededor de un 30/31 por ciento, lo cual no dice demasiado. Y tampoco sabemos si eso tiene que ver con el endurecimiento del discurso de Trump, con las consecuencias del aumento del combustible –que ahora estaban viendo si lo reveían, lo cual sería la torpeza más grande todas: una medida impopular que genera saqueos, que genera revueltas y ni siquiera se compensa el costo fiscal. Lo que es difícil de aislar es cuál es la causa que parecería estar cimentando el ascenso de López Obrador. Yo me imagino que esto de jugar con los dos demonios polarizando a río revuelto le da ganancia.

 

Entonces, que se cierre Estados Unidos hace que México se pueda volver hacia adentro y que López Obrador cobre más encanto…

Ya estaba de por sí arriba, no por una gran diferencia. Tengamos en cuenta que el resto de los partidos tampoco han definido candidatos, con lo cual tampoco se definiría una alianza, en particular cuando hay alianzas bastante claras en varios de los estados donde el PRI ha perdido gobernaciones a partir de alianzas de los otros partidos. Con lo cual el tablero está todavía abierto y tampoco es que AMLO (Andrés Manuel López Obrador) está midiendo cincuenta puntos. Las elecciones son en 2018 y ya empiezan a decantarse las candidaturas; los partidos empiezan a seleccionar sus candidatos, el PRI comienza a largar sus delfines, del lado del PAN hay una contienda interesante, el PRD se decanta y probablemente el candidato sea (Miguel Ángel) Mancera (Espinosa) pero no tiene una intención de voto muy grande, y luego están los independientes. Como politólogo, no soy muy amigo de esta noción de candidatos independientes, me parece hasta adolescente. Parecen una fantochada sin demasiada coherencia: todos tienen un discurso antipolítica pero sin una coherencia entre sí. Por lo tanto, no veo la superioridad moral de estar por fuera de una estructura partidaria. Pero no es un dato menor que haya algunas personalidades que están jugando a lanzarse como candidatos independientes: Jorge Castañeda, el gobernador de Nuevo León Jaime Rodríguez Calderón (del “Bronco”), mi colega Alejandro Moreno hasta lo midió a Carlos Slim porque está haciendo lobby importante en Washington y le daba entre diez y doce puntos. También dependerá de si hay independientes o no, de quiénes sean, de cuántos, que se vaya a fragmentar el voto, y todo eso condicionará más aún en un sistema de simple pluralidad –el que tiene más votos gana, independientemente de cuántos y cuánta ventaja con esos votos–. 

 

Es decir que las consecuencias de la asunción de Trump no pueden verse del todo reflejadas hasta que sean las elecciones en México y se plantee el escenario en ese país.

Claro. También habría que pensar que si llegara a ganar AMLO, por una cuestión de cómo es su base electoral y su discurso histórico, no va a ser el Che Guevara, pero sí va a plantar banderas desde una postura bastante más firme. No es ni bueno ni malo ni deseable ni indeseable. Si gana alguno de los partidos más allegados al centro seguirán negociando desde una retórica firme porque no hay demasiadas alternativas pero quizás no plantándose en términos como la oposición al ALCA en su momento, como sí podría esperarse de AMLO para con Estados Unidos, lo que también le redituaría electoralmente. Dependerá también de cómo se desenvuelvan la crisis y las negociaciones bilaterales a lo largo de todo este tiempo. México también tiene cosas para poner sobre la mesa. El gran éxito que tuvo Trump fue por venderle al mundo y a las audiencias que el gran perdedor del NAFTA era Estados Unidos. Bueno, claramente no es así. En Estados Unidos puede haber un par de gasolineras de Pemex. Acá en México hay Cosco, Walmart, Sun’s Club. El mercado mexicano ha sido muy interesante para las empresas americanas. Es un error suponer lo que dijo Trump sobre el NAFTA. Hay muchos estados que tienen una integración económica muy fuerte con México, tanto en términos de exportación de manufacturas como de tener fuertes intereses en los insumos que México pueda exportar. Hay que esperar también a que Trump se consolide porque hasta ahora han sido todas medidas de fuegos de artificio con consecuencias nefastas –la suspensión de refugiados, los bloqueos en los aeropuertos– pero hay que esperar a la efectiva implementación de políticas, donde además veremos en qué medida el Partido Republicano está dispuesto a dejarlo hacer. 

 

Planteando escenarios posibles: ¿qué pasaría en México ante la posible construcción del muro en la frontera con Estados Unidos?

En primer lugar, no tengo dudas de que las cementeras mexicanas tendrían muy buena ganancia y que habría varios trabajadores de la zona de la frontera que tendrían trabajo por bastante tiempo. En segundo lugar, deberían crearse obras de innovación tecnológica en ingeniería que les permita armar un muro que traspase el río (risas). En tercer lugar, habría que ver cómo van a expropiar y compensar a gran parte de los dueños de las tierras por las que pasaría el muro. Cuarto punto, habría que ver cómo van a patrullar. No es algo simple para nada. Quinto, ¿pasa por tierra la gran mayoría de la inmigración? Sexto, ¿el gran flujo de la inmigración es mexicana? No, de hecho se ha llegado a uno de los pisos históricos e incluso ha habido años con una tasa neta donde el retorno ha sido superior a la salida. 

Si grava las remesas, definitivamente va a haber un impacto económico para varias de las familias mexicanas por ser una de las fuentes de ingreso más grandes que tienen México. Pero también económicamente a Estados Unidos le va a costar una barbaridad y políticamente va a tener sus propias consecuencias.

Otro tema es que en la frontera hay zonas que ya tienen barreras naturales. Como medida estrictamente, me parece más el impacto político de poner el eje en la inmigración, de responsabilizar a México y a América Latina por todos los males habidos y por haber y el muro como cuestión simbólica.

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