miércoles 19 de junio de 2024
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Lucio V. Mansilla: cómo el hambre lo convirtió en escritor

Lucio V. Mansilla nació en Buenos Aires, el 23 de diciembre de 1831. Al tratarse del día de Santa Victoria llevó en su honor “Victorio” por segundo nombre. Su situación al nacer era francamente inmejorable. Hijo de un respetado militar -Lucio Norberto Mansilla- y de Agustina Rosas, hermana menor del Restaurador, gozó de una infancia embebida en la opulencia y la distinción social. Lo mejor de Buenos Aires lo rondaba y se rendía al poder avasallante que -en sus propias palabras- representaba ser un Rosas. 

Aún así, la conciencia del peligro detrás de tanta preponderancia también estuvo presente. A muy corta edad era acunado por una esclava que le advertía que, de no dormirse, vendría el General Lavalle a por su cabeza. 

Poco antes de cumplir los 18 fue enviado por su padre en una expedición comercial a parte de África, Asia y Europa. De regreso visitó inmediatamente a su tío, Juan Manuel. Pasó todo un día en Palermo -lugar de residencia del gran federal- esperando para ser recibido. Cuando finalmente eso sucedió “me quedé de pie -cuenta Mansilla-, conteniendo la respiración, como quien espera al santo advenimiento; porque aquella personalidad terrible producía todas las emociones del amor y del temor (…)”. En aquella visita recibió las felicitaciones de su tío por no haber regresado “agringado” del Viejo Continente.  

Luego de la caída del Restaurador en Caseros, Mansilla se adaptó a la nueva realidad del mejor modo: con los años lo encontramos siendo uno de los mayores críticos de su tío.
Más allá de su vinculación con los antiguos enemigos del bando federal, jamás dejó de defender el buen nombre de la familia. Con poco más de veintitantos años se enfrentó a José Mármol en un teatro, insultándolo y retándolo a duelo debido a que en la novela “Amalia” refiere despectivamente a los suyos. Terminó preso y desterrado. Por entonces el país estaba dividido en el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina, ésta última bajo el mando de Urquiza y con capital en Paraná. Precisamente fue el lugar del destierro. Allí la vida de Lucio V. toma un giro inesperado convirtiéndose en escritor sin desearlo. 

Una vez en la capital entrerriana, con 23 años y cinco monedas en el bolsillo, decidió trasladarse a Santa Fe donde se anunciaba un festejo extraordinario por la posible navegación del río Salado. “Me embarqué -relata-, íbamos como en tramway, decentemente, confortablemente todos mezclados, tocándonos lo suficientemente. Al desembarcar, un federal me reconoció y me llevó a su casa; era un excelente sujeto, listo, perspicaz, bien colocado, con su platita, con familia interesante y lindas hijas. Los dioses se ponían de mi lado”.

La gran fiesta fue al día siguiente. Lamentablemente el desesperado intento por lograr la navegación del Salado fracasó. Lucio siguió hospedado en aquella casa y por la noche el dueño de la misma le pidió cierto favor a modo de compensación. Debía escribir una crónica sobre la fallida navegación, que él lo presentaría como propia. En un principio nuestro personaje se negó. Terminó aceptando, la falta de recursos no le dejaba otra alternativa. 

Una vez solo, la desesperación lo abordó. “Me puse a llorar en seco -escribió-. Me sentía desgraciado (…) Poco a poco, algo fue trazando la torpe mano; borraba más de lo que quedaba legible. Tenía que describir lo que no había visto, la navegación de lo innavegable (…)”. 

Al día siguiente, luego de pasar toda la noche en vela dando forma al texto, lo presentó a su benefactor. Aquel mecenas improvisado se dispuso a presentarlo como propio al gobierno de Santa Fe. Nadie creyó que le pertenecía y exigieron que revelase al verdadero autor. Al conocer que se trataba de Mansilla, el gobierno de la provincia le ofreció radicarse allí y fundar un diario.

El sobrino de Rosas aceptó la propuesta, dijo hacerlo “por hambre” dado que no tenía otro modo de subsistir. Durante algunos años se dedicó al periodismo político. Pudo volver a Buenos Aires casi una década más tarde, pero al regresar ya no era el mismo. Este hecho fortuito había volcado su destino. 

No sería la última vez que algo fuera de sus planes lo beneficiara. Durante la presidencia de Sarmiento deseó convertirse en ministro pero obtuvo una negativa rotunda y terminó en la frontera, allí halló inspiración para escribir en 1970 “Una excursión a los indios ranqueles”, texto que lo colocó en el podio del reconocimiento literario nacional.

Publicado en Los Andes el 3 de marzo de 2019.

Link https://losandes.com.ar/article/view?slug=lucio-v-mansilla-como-el-hambre-lo-convirtio-en-escritor-por-luciana-sabina

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