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22 01 2017

Ludolfo Paramio: "Nadie sabe qué va a pasar, menos los británicos"


Autor: Esteban Lo Presti









El último año fue complejo para la política española. Desde los dos llamados a elecciones, la imposibilidad de formar gobierno por parte del PP, la aparición de dos nuevas fuerzas electorales y la crisis al interior del PSOE. ¿Cree que el Parlamentarismo español estuvo cerca de convertirse en un parlamentarismo de Asamblea a la italiana?

No, más bien han surgido dos competidores de los dos grandes partidos, Ciudadanos en el centro-derecha y Podemos a la izquierda del PSOE. Teniendo en cuenta el malestar antisistema que existe en el mundo, el sistema de partidos español, de momento, ha demostrado bastante estabilidad. Si además Podemos se enroca en la izquierda, junto con Izquierda Unida, no se puede descartar que el PSOE recupere fuerza si resuelve sus problemas de liderazgo. Quizás el denostado bipartidismo reaparezca tras la crisis de 2016.

¿Salió el PP fortalecido de este proceso? ¿Hasta dónde puede llegar la crisis de los partidos tradicionales?

El PP se ha recuperado antes, una vez que los electores conservadores le han visto como la mejor garantía de estabilidad al fracasar la alternativa de un gobierno del PSOE apoyado por Ciudadanos y Podemos, y es posible que muchos hayan huido de Ciudadanos como castigo por haber negociado con el PSOE, pese al veto que siempre planteó hacia un acuerdo con Podemos.

¿Por qué, después de dos derrotas consecutivas, Podemos se sigue planteando como una alternativa? ¿Cuál es el grado real de ruptura o quiebre entre sus principales dirigentes?

Podemos no se plantea seriamente un acuerdo con el PSOE, y sólo piensa en la forma de sustituirlo como fuerza central de la izquierda. Pablo Iglesias es un admirador y un discípulo de Julio Anguita. Hay otro sector que aspira al entendimiento con el PSOE, pero es difícil de momento saber qué línea estratégica se impondrá y en cuánto tiempo. Y, sobre todo, cómo evolucionarán en su número y sus preferencias los votantes y los simpatizantes de Podemos. Lo único que sabemos de momento es que hay un debate interno fuerte y que la convergencia con Izquierda Unida ha sido vista como un error por muchos militantes, pero otros a la vez siguen afincados en una línea de ruptura con el capitalismo.

Los procesos sociales antipolítica fueron protagonistas en Gran Bretaña, Italia y los Estados Unidos. En dichos procesos se perjudicaron principalmente las fuerzas progresistas. ¿Por qué la sociedad castiga a la izquierda democrática y la derecha no suele verse afectada sino qué termina beneficiada? ¿Qué perspectivas hay para la socialdemocracia en el mundo cuándo los ataques desde su flanco izquierdo son más duros que desde la derecha?

Creo que lo que sucede es que la izquierda se presenta fragmentada, mientras que la derecha se une en torno al mensaje de continuidad. La socialdemocracia tiene por una parte un problema de liderazgo y por otra el de presentar un proyecto que no sólo ofrezca soluciones a las víctimas de la crisis sino también garantías a las clases medias frente a la amenazas e incertidumbres poscrisis.

¿Qué rol le queda a la Unión Europea en el escenario internacional inmediato, con dos bloques medianamente definidos, EE.UU. y Rusia por un lado planeándole pelea, al menos en términos económicos, a China?

Lo primero sería dotar de mayor coherencia a la UE. No sólo el Brexit, sino el temor o el rechazo a la inmigración han erosionado seriamente la imagen de la UE. ¿Se va a quedar sola la UE frente a Rusia en Ucrania? Si hay un auge del proteccionismo ¿va a haber un entendimiento entre la UE, China y América Latina en defensa del libre comercio?

Después del Brexit, qué perspectivas hay de modificaciones en la conformación de la Unión Europea tal como está hoy diseñada. ¿Puede darse un nuevo proceso de independencia en Escocia y un pedido de integración a dicho bloque?

Lo peor es que no sabemos qué va a pasar, y menos que nadie los británicos. Pero cabe esperar que la UE apueste por reforzar su coherencia. Ahora bien, sobre los sentimientos de los electorados nacionales es más difícil hacer apuestas.

En América Latina se está produciendo un retroceso de las opciones populistas, casi a contramano de lo que sucede en los países centrales. ¿Por qué sucede esto?

En América Latina se está agotando un ciclo de ‘populismo de izquierda’, mientras que Trump o el Brexit muestran la existencia de un extendido malestar social frente a la evolución traída por la globalización. Pero éste ya era un problema visible en la fuerza del Frente Nacional en Francia. Lo que esto revela es que los partidos, que deberían ser los canales de presentación política, están en crisis, y el centro-izquierda en particular tiene serios problemas para ofrecer un proyecto coherente y creíble a las clases medias y a la clase trabajadora tradicional. En ausencia de ese proyecto crecen las opciones de ‘populismo xenófobo’.

Cambiando de tema, hace muchos años escuche una conferencia suya en Buenos Aires sobre tribus urbanas, un tema absolutamente nuevo en ese momento (principios de los noventa). Entendiendo las singularidades de cada país y de cada contexto, cual es el rol que les cabe, desde su apoliticidad, en el surgimiento de nuevos movimientos sociales críticos de los regímenes democráticos o, al menos, de la eficacia de estos a la hora de resolver los problemas de la sociedad.

Supongo que las tribunas urbanas —como las maras en otro contexto— reflejan los problemas de identidad en las sociedades globales. Otra cuestión son las identidades líquidas que flotan en las llamadas redes sociales. Pero lo que todo esto revela es que la identidades tradicionales, sobre todo las políticas, han perdido funcionalidad.