jueves 22 de febrero de 2024
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Acerca de muertos y ofensas

Hay mucha gente que glorifica a los humanos cuando mueren. Hasta que no mueran lo tienen olvidados y en un rincón. La muerte no redime a los que ya no están de los pecados en vida.

 Pero eso muchos no lo pueden soportar: es como si los muertos adquirieran categorías de héroes, de mitos, de seres intocables.

Escribí en mi rincón de Facebook (que numerosas veces lo uso como blog) que Horacio Guarany  no me caía bien.

Por muchos motivos. Era pésimo cantor, nunca tomé en serio sus poemas  y no había tenido una vida clara, lineal y frontal. De entretenedor musical en bares de pueblos fue rescatado por el Partido Comunista y convertido en héroe del sentimiento popular. De la misma manera el PC actuó con varios intérpretes que todavía perduran, algunos sensacionales, otros mediocres, y otros mejor olvidarlos.  Es cierto que le pusieron una bomba a Guarany en tiempos bravos de los setenta pero no dudó luego en cantarle a los militares o donde ellos decían. Después se hizo menemista, habló maravillas del riojano, devino en su admirado jefe. De cómo pasó del comunismo al menemismo no hay muchas explicaciones, salvo psicológicas o de otro tipo.

 A renglón seguido mi comentario en Facebook trajo cola y hubo lectores ofendidos. Les pedí perdón, por supuesto.

 La historia lineal muestra  que el Partido madre, el Comunista, se viene equivocando de rumbo e idolatrando a quien no corresponde desde hace décadas. ¿O desde 1917 ? Fueron amigos de los militares “buenos”, aplaudieron el intercambio comercial entre el país y la Unión Soviética, luego propusieron votar por Luder, contra Alfonsín, y recalaron en el Kirchnerismo, admirando lo que para ellos era una movilización de masas. Y ciegamente apoyaron todo. Todo de todo. Cerraron los ojos a la tremebunda corrupción y se taparon los oídos cuando las acusaciones eran duran para ellos. Lo hicieron como suelen hacerlo: de manera cerril. Admirando a Cristina se sentían integrados a la “izquierda”. Los que no estábamos con el Kirhnero-cristinismo éramos de “derecha”: ¿Cómo entenderlos?

 Mejor no intentarlo.

 Volvamos a la muerte y a los que consideran que redime. Todo depende qué les pasó en vida. Si mantuvieron algunos principios, si se volcaron a un ideal y lo defendieron, si fueron buenas personas. Cualquier intelectual admira a los intelectuales de otros tiempos pero el especialista norteamericano Paul Johnson en su libro “Los Intelectuales” los borra de la faz de la tierra. Hemingway resultó para Johnson un borracho y violento. Rousseau un desalmado que entregó a sus hijos a orfelinatos, Sartre un alcoholizado y drogadicto y así, todos con sus porquerías. 

 Johnson no miente. Pero, a favor de los criticados, hay que saber qué es lo que éstos hicieron. ¿Quién escribió esa exaltación de la ternura por la condición humana como “El Viejo y el Mar”, quién se comprometió con el bando de los buenos en la guerra civil española sino Ernst Hemingway? ¿Quién habló sobre la Educación y los principios elementales en defensa de la humanidad como Rousseau? ¿Quién describió los demonios interiores de los hombres como Sartre? Nadie los hizo por ellos. Es decir: alguna tela de humanismo brillaba en sus almas. Para mi sobresalen por lo que brindaron en su tiempo.

 Hay otros héroes que se nos vinieron  abajo cuando leímos  lo que pasó durante el macartismo, en los Estados Unidos. Quise más a Humprrey Bogart y a  su mujer Lauren Bacall cuando me enteré que organizaron manifestaciones callejeras de artistas contra las investigaciones sobre supuestas adhesiones comunistas en Hollywood. Pero otros astros admirados se desbarrancaron. Gary Cooper se asustó y no defendió a nadie. Elia Kazan como Walt Disney acusaron a unos cuantos adherentes de la izquierda. Claude Rain hizo lo mismo. Otro que actuó de la misma manera fue Edward Robinson. Ronald Reagan, un actor de cuarta , luego presidente de la Nación, denunció con nombre y apellido. Robert Taylor no se quedó atrás en su papel de soplón. Lo cierto es que éstas denuncias a quienes venían trabajando desde hacía mucho en la Meca del Cine terminaron encarcelados, exiliados o suicidados, como John Garfield (dijeron que tuvo un ataque al corazón) y otros más; o sin trabajo como el guionista Dalton  Trumbo  o el escritor Dashiell Hammett que fue encarcelado un año como si fuera un delincuente, o en sus  comienzos Arthur Miller. El gran bailarín  Gene Kelly  debió filmar “Cantando bajo la Lluvia” a las disparadas y refugiarse en París. En 1950 Carlitos Chaplin salió de Estados Unidos para siempre (volvió una sola vez a recoger un premio)

 ¿Esos actores soplones tuvieron una vida digna? ¿La muerte los redime? ¿Qué hicieron además de acumular millones por  sus films?.

 En la Rusia de Stalin pasó algo parecido al maccarthismo, al mismo tiempo. Fueron procesados todos aquellos que tuvieron contacto con Occidente o figuras prestigiosas del exterior. Fueron los primeros años de la Guerra Fría. A Vassily Grossman no le dejaron publicar “Vida y Destino” (una obra maestra) y a Boris Pasternak lo condicionaron para que no vaya a recibir el Premio Nobel de Literatura. Muchos escritores pagaron su “libertad” de hablar con quienes quisieran con varios años en el Gulag.

 De ninguna manera deseo comparar a Guarany con todas estas situaciones del pasado. Pero todas me llevan a objetar y decir que el final de la vida no enaltece a quien no se lo merece. 

 

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