domingo 26 de mayo de 2024
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Nicolás Maduro y la vaina del pajarito reencarnacionista

Nicolás Maduro cree que baila bien la salsa. Se menea junto a su esposa Cilia Flores y delante de los camisas rojas que lo exaltan mientras ríe y se tuerce aquí y allá, y hasta intenta agacharse, mientras sigue el ritmo y su mujer lo acompaña, él con uniforme chavista, colorado, ella con anteojos, se dan la mano, la sueltan un instante, vuelven a juntarse las manotazas de él y las manitos de ella, y la salsa es un grito político en esa Venezuela que se desangra.

 

Macho caribeño, con el pelo negrotón, y ese bigote de chofer que no abandonó nunca desde que efectivamente manejaba el metrobús por las calles onduladas de Caracas. Maduro, el hijo de Chávez, baila, habla y habla, acusa y amenaza y culpa a todo el mundo por el desastre del hambre, de la hiperinflación, de las muertes a mansalva, miles y miles cada año, de los presos políticos, y del Apocalipsis.

 

Lo ungió Hugo Chávez cuando ya se moría.

 

“¡Maduro!” Lo llamó el agónico comandante. Y Maduro acudió al llamado. Sucedió al líder furibundo, lo beatificó, y continuó el camino de un largo declive que llevó al país a las tinieblas.

 

Maduro asegura que Chávez era un pajarito espiritual y que Chávez hablaba con él y él con Chávez y eso, aunque no sólo eso, bastó para colocarlo, a Nicolás, en el Panteón superpoblado de los esperpentos políticos latinoamericanos.

 

A Maduro lo tildan de “santero”, aficionado a la magia negra y al espiritismo. La sospecha se levanta en que le gusta vestirse de blanco como un Pai. Se dice que es uno de los dos sobrevivientes a la “Maldición del Libertador”. La leyenda cuenta que cuando Chávez mandó a inhumar los restos del héroe Simón Bolívar, toda aquella cofradía de discípulos que participaron de las exequias fueron muriendo uno a uno, incluido el mismísimo Chávez, como castigo por la profanación. Permanecen inmunes Maduro y Cilia Flores.

 

Nació en Caracas pero parece que también en Colombia. La controversia Cucuta afirma que Maduro proviene de esa ciudad porque su madre es colombiana. La nacionalidad adulterada sería motivo suficiente para inhabilitarlo como presidente. Por este motivo la oposición venezolana se empeña en ir detrás de partidas de nacimiento, fes de bautismo y todo aquel testimonio que asevere, al menos, una doble nacionalidad falseada. Pero la verdad es que no se ha comprobado nada. Entonces, por ahora, nació en Caracas hace 54 años.

 

Es soez y bocasucia. Y le gusta el humor verde. Hace parangones con verduras faloformes. Calabazotas y zanahorias que le dedica a “Capriloca”, tal como apoda al opositor Henrique Capriles. Maduro es macho, baila salsa con Cilia, y aborrece de la presunta homosexualidad de Capriles.

 

A Henry Ramos Allup, ex presidente de la Asamblea Legislativa opositora, lo invocaba como al “Viejo Loco”. Maduro es macho y joven, al menos en relación a ese viejo.

 

NIcolás Maduro Guerra es el único hijo de Maduro fruto de una relación anterior a Cilia Flores. El heredero pasó por Buenos Aires en 2014 para apoyar la candidatura presidencial de Jorge Taiana, en Ferro, y asesoró a diputados kirchneristas sobre la Ley de Abastecimiento con 23 años, y sin currículum de funcionario. Luego visitó la Patagonia y se alojó en el hotel boutique Los Sauces, con su pomposa comitiva. La invitación al hotel salió del bolsillo anfitrión de Ricardo Barreiro, el jardinero de Néstor y Cristina en esa ciudad, según documentos secuestrados en allanamientos ordenados por el juez Claudio Bonadío.

 

Los “narcosobrinos” de la primera dama, Cilia Flores, son un escándalo nacional. Y se llevan buena parte de la indignación general. Detenidos en Estados Unidos. El gran jurado de la Corte del Distrito Sur de Nueva York halló culpables a los Flores de conspirar para traficar 800 kilos de cocaína a Estados Unidos. Esto significó para los “narcosobrinos” una condena de entre 10 años y cadena perpetua.

 

Maduro marca las r cuando habla desde su programa de radio, “La hora de la Salsa” por radio Miraflores, envenenado y con énfasis, las r son importantes en Venezuela. Hay que rrremarcarlas, sobre todo si se menta a Bolívar, que debe enunciarse desde el Olimpo rrrevolucionario como Bolívarrrr!!!!!

 

La oposición creó un subgénero paródico: “Las Maduradas”. Una palabra que shippea Maduro con burradas. Allí se recopilan los papelones discursivos, los errores lexicales, las grandilocuencias del absurdo. “Millones y millonas de Bolívar”. O “Hay mucho delito que viene de Colombia para acá (Venezuela). Ustedes saben que hay mafias que roban el cabello a las muchachas. Debemos capturarlas, porque detrás de ese delito hay una guerra psicológica”, con estas delicadas declaraciones el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, acusó a Colombia de exportar las mafias “robapelos” a la República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo, sus declaraciones alarmistas no son compartidas por todos los políticos del oficialismo, pues para algunos es solo “ficción”, publica ABC de España.

 

Nicolás Maduro tiene un hermano que no es de sangre pero que es su hermano: Diosdado Cabello, el otro jerarca de la diarquía que gobierna. Feroz enanoide, calvo, y sospechado de líder del narcotráfico y de la inmensa criminalidad rrrrrrevolucionaria.

 

Pero hay un tercero en disputa, un vértice de un eventual triángulo amoroso de dudoso destino: Tarek El Aissami, nombrado vicepresidente, responsable del atolondrado acercamiento de Venezuela a Irán e involucrado en el enamoramiento de Cristina Kirchner en la Argentina con los iraníes sospechados de atentar contra la AMIA. Tarek fue el celestino de ese romance que terminó muy mal y con Nisman muerto.

 

Ahora, Tarek podría suceder a Maduro, para enfervorizar aún más a los matones, a los ladrones y a los pocos chavistas de a pie que quedan defendiendo al régimen.

 

Maduro danza con lobos y corre con una nueva desventaja que le genera la historia. Su Padrino, y el de Hugo Chávez, Fidel Castro, ha muerto.

 

Fidel era el gran titiritero de los revolucionarios bolivarianos, y aun en la senectud hacía valer su palabra santa para que lo obedezcan allí, en el Palacio de Miraflores caraqueño.  Ya no está. Queda Raúl, su hermano. Pero es poco para sostener con gran firmeza a Nicolás, quien tampoco tiene ahora a Cristina Fernández, para alabarlo y para hacer negocios.

 

Pero Maduro no se rinde fácilmente. Mide 1,90m., y fue guardaespaldas de Pablo Milanés. Es un récord que ningún presidente puede ostentar. Un Patova semejante no es presa fácil para cualquier mequetrefe flacuchito, como Mauricio Macri.

 

Se le viene la noche a Nicolás. Pero el Caribe le llena la sangre de ritmo y mueve las piernas y las caderas, junto a Cilia, en medio de la música.

 

Todo se derrumba bajo sus pies. Es que es un hombre que no cobra conciencia de sus tremendos defectos. Basta observarlo.

 

No cabe ninguna duda: baila pésimo

 

 

 

 

 

 

 

 

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