jueves 13 de junio de 2024
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Todo lo que cabe en una plaza pública

Ciudad es ante todo plaza, ágora, discusión, elocuencia. De hecho, no necesita tener casas, la ciudad; las fachadas bastan. Las ciudades clásicas están basadas en un instinto opuesto al doméstico. La gente construye la casa para vivir en ella y la gente funda la ciudad para salir de la casa y encontrarse con otros que también han salido de la suya”                                                                                               José Ortega y Gasset

La ciudad es la más humana y más perfecta de todas las creaciones. En ellas se despliega todo un juego de experiencias y de temporalidades que la convierten en un experimento maravilloso y único. Todo lo que sucede en una ciudad es mundanalmente filosófico. No es demasiado exagerado pensar que son el invento más perfecto de la humanidad. Es el lugar en donde la enfermedad se vence (todo lo posible) y en donde la cultura se amplía hasta donde cada sociedad está en condicones de tolerar. Al mismo tiempo, una ciudad es lo más natural del mundo. La mejor ciudad no existe y a la vez vive dentro de nuestra mente y se escucha y huele a cada paso. En las ciudades vive la belleza de lo humano y su capacidad creativa. En la ciudad podemos mezclar arte, filosofía y urbanismo y que esa mixtura no suene un artificio. En las ciudades, en sus plazas, en sus paseos, las personas viven, aman, se mueren e inventan.

La obra de Iván Argote es una obra sobre ciudades. Sobre monumentos, símbolos y materialidades muy concretas expresadas en conflictos también concretos. Hay algo que intuyo generacional en Argote. En su discurso no se renuncia a la dimension salvaje y agonal de lo político, ni se esconden las diferencias bajo un manto de inverosimil estetización. Las desigualdades, la situación colonial, la búsqueda de justicia – poética y de la otra – y las dificultades en la relación entre las personas no pretenden esconderse ni minimizarse. Lo interesante del planteo de Argote, un joven nacido en Colombia hace 30 y tantos años, que vive en París y quien le va muy bien en Europa, es que logra instalarse a la misma distancia de la negación que de la totalización. La apuesta del artista es tratar con los conflictos dejando de lado la metodología habitual de la confrontación racional y directa, dando lugar a respuestas emotivas y profundamente afectivas. La manera argoteana de plantear las cosas es haciendo preguntas sin permiso, trabajando en la recuperación de espacios simbólicos con o sin la intermediación institucional. Es un planteo novedoso el que se propone en el que, una vez más, el arte llega antes que la política.

En Ternura Radical, la video instalación que el artista montó específicamente para el espacio más experimental del MALBA, Argote siembra, con una idea original, una reflexión histórica en la está involucrada su propia biografía. El centro de la obra es una video de poco más de quince minutos, “La Plaza del Chafleo”, en la que se juega al mismo tiempo con la creación de una plaza, entendida como un lugar en cualquier parte, y con la creación de la palabra ¨chaflear¨ a la que hay que dotar de sentido y significado. Chaflear es siempre un verbo, lo que hace presumir, en todos los casos una acción, y la traducción al inglés ¨to chaffle¨ refuerza la dinámica de movimiento.

Chaflear es polisémico, como la libertad o la democracia. Chaflear puede querer decir besar o protestar, puede ser un puente o un roce entre lenguas. Chaflear puede significar darles visibilidad a un grupo de chicos alimentando su capacidad crítica y analítica. Puede que denote o haga referencia a algo sexual o esté relacionado con comer, o tal vez no. La precariedad de las definiciones que propone Argote constituye un juego muy inteligente, que deja abierto el interrogante central de su obra.

Pero si bien el chafleo puede ser muchas cosas, hay que destacar en todas ellas un lugar común: remiten a acciones que no pueden hacerse en soledad. El sustrato de la obra es, a riego de caer en la simplificación sociológica, el de la interacción simbólica y su capacidad creativa. No importa si la plaza está en el centro de Camerún o en el aristocrático y parisino desprendimiento de Recoleta conocido como La isla en Buenos Aires. Lo que interesa es la posibilidad abierta de la interacción del hecho artístico con las personas, con las instituciones, y con la historia. La madurez de Argote, expresiva y lírica, lo lleva a mostrar de un modo estético una noción fundamental: el uso llena las cosas de sentido y las modifica de un modo impredescible.

La instalación se completa con tres estructuras de cemento que recuerdan a puentes. Son bloques que pueden ser pensados, bajo la supervisión de Argote, como besos, o como un camino al cambio personal radical cargado de imposibilidad y emoción. Estas estructuras están apoyadas sobre el suelo de la sala, orientando un poco al vistante en su recorrido. En el techo, como si fuera un enorme parasol, está suspendida la pintura que da nombre a la exposición, un lienzo blanco enorme, de más de cinco metros de extensión, con la inscripción TERNURA RADICAL en mayúsculas negras.

Sobre la pared lateral, dos retroproyecciones disponen un collage de recortes, pequeñas piezas escultóricas, distintos materiales de archivo y palabras recortadas que envían al muro imágenes bellas y comunicativas que se ven más o menos según la luz, la artificial y la natural, lo permitan.

Afortunadamente, el arte contemporáneo escapa a la obviedad de la referencia política. Si bien una parte de él insiste en lenguajes modernos y literales, la politicidad posible de las nuevas formas estéticas es huidiza, lateral y profundamente pluralista. La obra de Iván Argote en el MALBA es una demostración hermosa y ostensible de lo que el arte puede hacer, cuando se decide a participar de la conversación pública.

Publicado en Revista Ñ el 9 de enero de 2019.

Link https://www.clarin.com/revista-enie/arte/plaza-publica_0_9EhzIBK8l.html?fbclid=IwAR3FbmO0bMA03RzKXRMKbmB-lsg1ZpdrOOe-Skv7cO_b83Kn2u4rKQSZIsM

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