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31 12 2018

La igualdad como construcción social


Autor: Luciana Sabina









Estamos finalizando un año complejo desde todo punto de vista, verdaderamente agotador. A la grieta política se fueron sumando resquicios propios de nuestros mundos más profundos. Así, por ejemplo, el tema del aborto dividió y sigue dividiendo no sólo a la ciudadanía y a la militancia, también a quienes ostentan con el título de político profesional. Claro que este es sólo un ejemplo. Desde un bando o del otro, sea el tema que sea, la discusión se torna violenta y la civilización parece brillar cada vez más por su ausencia, aunque sigamos avanzando en el siglo XXI. 

La virulencia que desata últimamente cualquier discusión sobre temas de género nos lleva a muchos a  preferir callar directamente, evitando la catarata de insultos o adhesiones. Durante la última semana los "escraches" en redes sociales llevaron a que personas totalmente inocentes se vieran involucradas. ¿Por qué sabemos que no tenían ningún tipo de vinculación con los hechos delictivos de los que se los acusaba? Porque las mismas personas que generaron esas "listas" lo aclararon, disculpándose por los errores cometidos. Algo como una suerte de "escrache sin querer queriendo". 

La respuesta de algunos ante estas situaciones es bastante típica "en toda Revolución se cometen atropellos". Decodificando el mensaje, parece ser que luchando por la justicia y el avance social, es válido cometer ilegalidades y actos ajenos a cualquier sinónimo de progreso. ¿Por qué decimos que es una excusa típica? Porque es precisamente el discurso de aquellos que justificaban la guillotina y el terror jacobino de la Francia en manos de Robespierre.  

Los cambios son necesarios, el avance en la igualdad también, pero las verdaderas revoluciones se dan siempre de la mano del progreso y la educación. Napoleón invadió Europa sometiendo a gran parte del continente, fueron sus soldados quienes esparcieron las ideas de libertad, igualdad y fraternidad. ¿Cómo? A través del contacto y el diálogo con las poblaciones ocupadas. Les hablaban de los Derechos del hombre y el ciudadano, de la necesidad de constituciones, de la división de poderes. Entonces, aunque se planteó llevar "la libertad" desde la imposición, los verdaderos resultados se dieron desde la razón. Una vez vencido el bando francés, las dinastías fueron restauradas. Pero para seguir en el poder, los reyes tuvieron que dar concesiones liberales a sus pueblos. Desde estas bases se avanzó hacia la construcción de nuevos paradigmas, dejando atrás para siempre las reglas del Antiguo Régimen. 

Las sociedades que avanzan lo hacen en conjunto, parece increíble tener que resaltar que hombres y mujeres somos complementarios. Que plantear el cambio desde una guerra de géneros, como una parte de la población parece entender, es algo totalmente inoperante. 

Hace muchos años, cuando aún Argentina no existía como tal, cierta adolescente sonreía mientras reposaba su vista sobre un papel. Aquel documento le daba la libertad para casarse con Martín Thompson. Su madre, por entonces viuda, se había negado a permitir el enlace prefiriendo para Mariquita Sánchez a un hombre de estatus y fortuna.

Uno al que su hija no quería. Así fue como a los catorce años inició una carrera legal en compañía de su enamorado. Se ampararon en la Pragmática Sanción, el código que daba poder al virrey para permitir matrimonios obstaculizados por los padres. Tras tres años de lucha obtuvo la dispensa de Rafael de Sobremonte para casarse. Sánchez contó con el apoyo de hombres en su camino hacia la Justicia, marcando un hito en el progreso individual de la mujer y la igualdad. Sola no hubiese podido, de hecho, nadie crece o avanza en soledad.

Publicado en Los Andes el 22 de diciembre de 2018.

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