lunes 26 de febrero de 2024
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MbS, el principe millenial de Arabia

El príncipe de Arabia tiene 33 años. Es un millennial. Está mal occidentalizar, en el sentido de transculturizar, pero Mohamed bin Salmán está más occidentalizado que cualquier occidental de a pie o de a subte. Tiene la belleza viril de, claro, un príncipe árabe, pero la ocasiona el mismo efecto fetiche del guardapolvo de los médicos o el uniforme de los pilotos de avión. Cuando al príncipe le quitás la kufiyya albirroja engorda, le aparece un gesto bobo, con una sonrisa imbécil que a uno le haría mirar el teléfono en una cita a ciegas. Con él, claro está. Más evidencia millenial: usa jeans y se entrevistó con Mark Zuckerberg, el creador de Facebook.

A MbS, como se lo conoce, le tocó heredar nada más y nada menos que una chance certera en el trono de Arabia Saudita.  Su padre es el rey Salmán. Pertenecen a los Saúd, de la Casa de Saúd, la dinastía real de Arabia, la segunda familia más rica del mundo con una fortuna de miles de billones de dólares amasada con petróleo. Su madre es la tercera esposa de Salmán. Que no significa que anteriormente se divorció dos veces, como en Occidente. Significa que en el harem le tocó el puesto tres.

La última transición saudí fue, por supuesto, apasionante, como todo ascenso monárquico absoluto, si es que nos queda sangre para admirar tales arbitrios. El rey Salmán llegó al trono por la muerte de su hermanastro mayor, Abdullah, en enero de 2015 en una suite del hospital VIP de Riyadh. Tres meses después, Salmán había puesto a su hijo predilecto: MbS, el hijo mayor de su tercera esposa Fadha, nieta de un importante líder tribal, como su sucesor eventual. Esto ocurrió cuando desheredó a MbN, el príncipe heredero anterior, un príncipe mucho mayor, que Salmán borró de escena por decreto real relevando en el cargo y en la línea sucesoria al príncipe Mohamed bin Nayef. Así fue que el mismo príncipe desheredado, MbN, le tuvo que jurar lealtad en un acto en el palacio de Safa, en La Meca, y enviar a través de la agencia de noticias saudí una foto en la que le besa la mano al monarca.

Parece que los hijos y cortesanos (esa entelequia de no parientes que andan merodeando por los reinos y comen de arriba) de Abdullah se tomaron su tiempo para informar a su sucesor, el rey Salmán, que el rey había muerto y desde ese momento se desató un juego de tronos en la Casa de Saúd entre los dos clanes más poderosos dentro de la familia real.

Cuenta David Ignatius, columnista internacional de The Washington Post, que “MbS se volvió cada vez más ansioso y agresivo hacia aquellos a quienes consideraba enemigos. A partir de la primavera de 2017, un equipo de agentes de inteligencia sauditas, bajo el control de la corte real, comenzó a organizar secuestros de disidentes en el extranjero y en casa, según expertos de Estados Unidos y Arabia Saudita. Los detenidos fueron recluidos en sitios encubiertos. Los saudíes utilizaron duras técnicas de interrogación, un eufemismo para torturar, para hacer hablar a los cautivos. Se vieron obligados a firmar un juramento de que si revelaban algo de lo sucedido, pagarían un precio muy alto”. Esta información le fue conferida a Ignatius en algunas entrevistas que tuvo con prominentes saudíes, expertos estadounidenses y europeos, en los Estados Unidos y en el extranjero, en las semanas posteriores a la muerte de Khashoggi, su colega saudí del Post Global Opinions, crítico del Príncipe, cuando ingresó al Consulado de Arabia Saudita en Estambul el 2 de octubre para hacerse de documentación para casarse con su prometida. El caso Khashoggi es uno de los hechos políticos internacionales del año. El consulado admitió su muerte semanas después diciendo que murió ahí dentro por una pelea a golpes, sin embargo se encontraron restos de un cuerpo pertenecientes al periodista. Y salieron a la luz audios escalofriantes de los siete minutos de terror en que matan y luego descuartizan a Khashoggi que ni Donald Trump se atrevió a escuchar.

Erdogan, el presidente de Turquía, acusa al Príncipe pero Donald Trump, el presidente de Estados Unidos lo protege más allá de los informes de la CIA por los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos (contener a Irán y comprar petróleo). Pero el príncipe no es Arabia Saudita.

Para entender a Arabia Saudita hay que empezar por recordar que allí, precisamente en La Meca, nació Mahoma, en el 570 D.C. según la medición occidental. La Meca es el centro de la religiosidad islámica universal, y según El Corán, todo musulmán debe peregrinar a la Kaaba, al menos una vez en la vida. Ese epicentro es una piedra que llegó del cielo, literalmente, fue un resto de meteorito y está considerado la evidencia de que Alá eligió ese sitio como centro universal de la Fe. Todo el mundo islámico (unos 3000 millones de personas) giran en torno a la Kaaba y por lo tanto en torno a Arabia.

Arabia no puede desestabilizarse. No es un dato menor que Bin Laden haya nacido en ese país, que fue el corazón de la gran civilización islámica. Pertenecía al credo wahabita, como la familia real. El clan de Bin Laden siempre mantuvo lazos directos con la Casa de los Saúd.

Arabia es una Nación próspera y retrógrada, brutal y feudal. Las mujeres están oprimidas, tienen prohibido casi todo, se someten a la poligamia de los varones, jamás se desprenden de sus velos, y recién ahora se les ha permitido manejar. El príncipe es el garante de ese Reino del pasado en un país que mira al futuro con mucho dinero garantizado por el petróleo y por su posición estratégica, frente al otro gran imperio, los chiítas de Irán, al que los Estados UNidos detestan y los israelíes también.

El proyecto principal de MbS es convertir a Arabia Saudita en el país referente del mundo árabe, aprovechando la caída en desgracia de Egipto y tratando de opacar la influencia de Irán. Para el futuro cercano, en doce años, el Príncipe quiere lograr que Arabia Saudita deje de depender económicamente del petróleo. Para ésto creó el programa “Visión 2030” que lleva adelante la transición de la era petrolera a la post petrolera. Para crear un nuevo oasis en cuando llegue el desierto del desplome del precio del petróleo. “Visión 2030” será “la meca” de la renovación que los va hacer entrar en la transparencia y la legalidad y dejar de lado la extravagancia y la opulencia del oro negro. Por suerte MbS tiene una largo mandato para llevar a cabo sus reformas.

Mientras, la salud de su padre, el rey Salmán, se deteriora. Se dice que tiene Alzheimer y que cuando se encuentra con líderes extranjeros, le colocan un dispositivo con una pantalla para recordarle los temas de los que puede charlar (implemento que más de uno necesitaríamos sin padecer, todavía, lagunas amnésicas) Se lo ve con el rostro desconcertado y buscando el apuntalamiento de su hijo, el príncipe, MbS, a quien considera como una reencarnación del rey Abdulaziz, su propio padre, fundador en 1932 de la moderna Arabia Saudita.

Las monarquías tiene ese siniestro familiar. Notás que tu hijo tiene los mismos pies que el abuelo y con ese relato tierno, biográfico y compensador de la propia psicología infantil que nos moldea desatás un capítulo de la historia nacional o universal.

En cuanto a la situación sentimental podemos decir que por ahora es monógama: está casado, desde 2008, con su prima Sara bint Mashoor bin Abdulaziz Al Saud, (ya podemos ver la árabe, azul y saudita genealogía en su apellido) con quien tiene cuatro hijos.

Es graduado en Derecho por la Universidad Rey Saúd. Es el ministro de Defensa más joven del mundo, lo que no sabemos si es conveniente o no porque, por ejemplo, un ministro de defensa joven puede tomar medidas como la intervención armada de Arabia Saudita en el conflicto de Yemen en 2015. Lo que es ser joven.

MIentras tanto se vienen apurando nuevos nombramientos de príncipes millennials que traerán el consiguiente cambio generacional completo de una realeza gobernante. Se dice que los millennials son individualistas, pragmáticos, abiertos y pesimistas en relación al futuro, informados y digitalizados. Algo de esto tendrá el Príncipe de Arabia, un millennial con muchas más responsabilidades de las que cualquier millennial puede soportar.

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