martes 5 de marzo de 2024
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Prat-Gay echado: ¿el gobierno quiere Ministros o ministritos?

Los números no dan. El rojo fiscal crece, amenazante. ¿Ajustar desde el Congreso? La situación social y el sindicalismo lo exhiben inviable. El resultado electoral, la correlación de fuerzas en el Parlamento, lo torna improbable. “La Argentina nunca consiente el ajuste, salvo que la crisis ya haya estallado”, dicen los que saben. Macri acepta la realidad y va por la Segunda Vía: el financiamiento externo. Los guiños con Obama asomaban en esa dirección. Hasta que ganó Donald Trump. Desde fuera vendrán menos dólares, que serán más caros. Y el endeudamiento más barato –el FMI, los organismos multilaterales– pondrán su condición de siempre (como si hubiera tenido éxito alguna vez): bajar el déficit fiscal.

            Convergen los entusiastas del ajuste, los fiscalistas, los neoliberales, los monetaristas. Prat Gay resiste. Sabe que los ciclos buenos y malos se alternan y que los ajustes suelen terminar mal. Imagina, además, un futuro político para sí. El ajuste no parece augurar buen futuro en la Argentina de 2017.

            Soplan, además, las intrigas de palacio. Que Prat Gay desobedece, que no viene a las reuniones, que no acepta el control del Trío Los Panchos (Peña-Lopetegui-Quintana).  Que es un ego incontrolable, que ignora que sólo hay espacio para uno.

            Sale uno, entran dos. No son pesos pluma, como se susurra. Caputo tuvo cargos aún más altos que los de Prat Gay en la gran banca. Dujovne viene de tradición radical: su padre fue decano de Arquitectura y vicerrector de la UBA y él mismo integró el directorio del Banco Central, conoce de hacienda pública y militó las campañas de Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz. Ninguno de ellos comparte, sin embargo, las amistades primermundistas que convertían a Prat Gay en un peso pesado.

El super-dividido ministerio de Economía ha sido descuartizado aún más. Para los economistas, herejía. La macro economía no es una suma de micros, repiten keynesianos y ortodoxos.

¿Cómo sigue?

            “Dice Mauricio que tenés que bajar 5% el presupuesto de tu ministerio. Elegí vos dónde cortás”. Esta opción es la elegida. Los vicepresidentes y la alta gerencia están acostumbrados a este sistema. Baja la orden del CEO y cada uno agarra su lápiz rojo, mientras por detrás intenta renegociar. “Cortale al área de Pérez, que tiene más empleados de los que necesita, o la de marketing, que gasta el doble y consigue la mitad, o a publicidad, que no garantiza buen trato en los medios”.

            En las compañías privadas, el corte se hace o el remiso se va. Los daños personales no se evalúan y el golpe social (versión mediática, la única que pesa) es atenuado contratando expertos para lidiar con la comunicación corporativa.

            El Estado, naturalmente, es otra cosa.

            No está claro que la cultura del equipo lo sepa.      

            Mauricio Macri está definiendo su conducta.

¿Firmeza o flexibilidad? ¿Generosidad o Mezquindad?

            Macri corre el riesgo de expulsar a los amigos de mayor envergadura para concentrar el poder propio y paradójicamente, ceder ante sus verdaderos rivales, los gobernadores e intendentes del PJ. ¿El rojo presupuestario los pagarán los fieles y lo disfrutarán los adversarios? Sería una extraña manera con un final poco recomendable. Cuando lleguen los momentos duros, el liderazgo territorial justicialista estará, naturalmente, en la vereda opuesta. ¿Podrá contar con aliados maltratados? ¿O sólo quedarán ministrillos?

Alfonsín y Menem compartían pocas cosas pero ambos eran presidentes generosos. Más aún Duhalde, el único que cogobernó. Los Kirchner, en cambio, actuaban con mezquindad: Sumisión o Desierto.

Un gabinete donde cada colaborador actúa de prima donna tampoco sirve. Cada uno cuida su prestigio y la imagen presidencial se va al tacho.

            Hegel decía que los hombres no se clasifican por su origen, su raza, su clase. Una cuestión de carácter: los hay amos y los hay esclavos. No era un resultado implacable de la fuerza: había propietarios con alma de esclavos y esclavizados indómitos. ¿Cómo reconocer unos y otros? Porque ante la disyuntiva ¿Esclavitud o Muerte?, el amo contestaba, invariable, Muerte. El alma del esclavo, en cambio, consentía el yugo para salvar el pellejo.

            Un Ministro es el que se anima a decir No. A costa del despido, su muerte ceremonial. Un ministrito, en cambio, se refugia en los pliegues de la burocracia. Su propósito no es la gloria o el poder sino sobrevivir. Esa premisa orienta su conducta.

Los gestos

Horas antes, había habido otro despido. El primero entre altos funcionarios. Isela Constantini –dejó una oferta en General Motors China para aterrizar en Aerolíneas– se estrelló al año, luego de capear variadas tempestades (apenas asumió se tomó unos días de vacaciones y estuvo a punto de ser despedida, se dijo).

 “Fue un proceso muy exitoso”, elogió el ministro de Transportes. El comunicado oficial aseguraba que el retiro se debía a “razones personales”. “Valoramos mucho el aporte que hizo”, marcó Peña. Si fue tan brillante la gestión, ¿cómo justificar que se cumplió un ciclo? En cambio, Carlos Colunga, histórico CEO de MacAir jet, la empresa aérea de los Macri, lapidó a Costantini: “La gestión de Isela fue pésima”.

Curiosidades criollas: el mayor elogio llegó del peronismo. Ricardo Cirelli, sindicalista del personal de tierra de la empresa y ex subsecretario de Ricardo Jaime en los días K, dijo que Costantini aumentó diez por ciento los pasajeros transportados, perfeccionó la puntualidad, redujo la plantilla y bajó el déficit de dos millones de dólares diarios a ochocientos mil. Pablo Biró, líder de la Asociación de Pilotos, elogió a la funcionaria y deploró su despido. También Mariano Recalde, el muy mal presidente de la Aerolíneas K, salió en defensa de la expulsada.

            En medio del sainete, el gobierno seguía buscando peronistas. Francisco Echarren, intendente de Castelli, acaba de asumir como subsecretario de Vivienda, Tierra y Habitat de la provincia de Buenos Aires. Echarren viene del kirchnerismo, bautizó Julio de Vido a un barrio de Castelli, con lo cual viola la prohibición de poner nombres de personas vivas. El espíritu republicano tampoco queda bien parado: en Castelli lo reemplaza como intendente su hermano Sebastián. Para completar, Evert van Tooren, presidente del Instituto de la Vivienda bonaerense, habría sido informado que mantendrá su cargo a costa de no tomar más decisiones. Deberá limitarse a firmar, aseguran.    

            Si se van los Prat Gay y llegan los Echarren… ¿para qué sirve Cambiemos? ¿Sólo para que Ercolini procese a CFK? Demasiado poco.

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