sábado 18 de mayo de 2024
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Elecciones de medio término: Trump a todo o nada

Desde 1845, las elecciones de medio término, en Estados Unidos, son siempre el primer martes después del primer lunes de noviembre, medida que puso freno al caos electoral en el que cada estado votaba en fechas diferentes. Demócratas y republicanos se juegan mucho más que bancas y gobernaciones.

En el siglo XIX la sociedad era eminentemente rural, los granjeros norteamericanos tenían que desplazarse lejos de sus fincas para votar y dado que los domingos estaban consagrados a la religión, se escogió el martes para aprovechar el viaje al mercado que se efectuaba los miércoles. Se eligió noviembre que no es un mes ni de cosecha, ni de siembra y el frío es moderado.

Muchos proyectos de ley para cambiar el día hacia el fin de semana –para aumentar la afluencia de votantes– han sido “cajoneados”, por lo que la tradición sigue intacta aunque su fundamento se haya extinguido.

De modo que este martes 6 se celebran las elecciones de medio término para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, además de 36 de los 50 gobernadores estaduales y autoridades locales. Esta elección, en los regímenes presidenciales, suele ser una prueba de fuego para la gestión.

Actualmente el Partido Republicano controla ambas Cámaras, pero si los demócratas consiguieran la mayoría en el Legislativo pondrían obstáculos a los planes de Donald Trump,  situación que Barak Obama ya vivió a la inversa en 2014. Controlar la Cámara de Representantes también abriría la posibilidad de que los demócratas puedan desmantelar la agenda anti inmigratoria de Trump, resistir el embate contra el Obamacare, frenar los recortes de impuestos a los ricos,  y hasta acorralar a Trump con un impeachment.

Las encuestas auguran que los demócratas serían mayoría en la Cámara de Representantes, cuya composición actual, es de 235 republicanos, 193 demócratas y 7 están vacantes. El número mágico para los demócratas es 218. Según el promedio de las principales encuestas disponibles, 392 de los 435 escaños tienen un favorito muy claro. Entre ellos, 201 son demócratas y 191 son republicanos. Eso significa que la clave estará en el resultado de los restantes 43 distritos, en los que hay paridad.

Con la excepción de dos circunscripciones en Minnesota, las otras 41 están en manos de republicanos. Considerando que los demócratas ya tendrían 201 bancas “seguras”, para llegar a 218 sólo necesitarían defender las dos que están muy disputadas y que son propias, y vencer a sus rivales en 15 de las 41.

En el Senado el asunto es más complicado para los demócratas. Los 100 escaños hoy se distribuyen 51 a 49 en favor de los republicanos, que dicho sea de paso, han constituido una barrera de contención para las iniciativas más disparatadas del blondo empresario inmobiliario. Pero de los 35 escaños que se renuevan, solo 9 son republicanos, por lo que los demócratas juegan más a no perder que a ganar más bancas.

Es por eso que las batallas electorales donde el voto está muy reñido son cruciales. Los demócratas pelean por mantener senadores en cinco estados tradicionalmente republicanos: Dakota del Norte, Virginia Occidental, Missouri, Indiana y Montana. Si ceden alguno de ellos perderán el Senado definitivamente. Sin embargo, podrían dar la sorpresa ganando en estados sureños tradicionalmente republicanos como Texas, Arizona o Tennessee. Florida y Nevada también pueden decantarse por uno u otro partido. Esas son las elecciones que definirán el fiel de la balanza. En 2014, la participación ciudadana fue del 36,4 por ciento, en tanto que las encuestas señalan un aumento de ese porcentaje para esta elección, tal vez debido a una fuerte politización y polarización que la figura de Trump ha concitado.

Esta “grieta” norteamericana que se observa en la retórica agresiva, y que incluye ataques recientes con sobres explosivos a Barak Obama y otras figuras demócratas, un atentado supremacistas en Pittsburg y muchos otros episodios que polarizan la opinión pública, también se reproduce al interior de los partidos. Republicanos y demócratas definen en esta elección su interna a favor de las alas más conservadoras o más progresistas y, en general, determinarán las posibilidades de que Trump logre la reelección en 2020.

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