jueves 22 de febrero de 2024
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Tears for Sears

La bancarrota de Sears Holdings es un golpe a un ícono del “sueño americano”, aquel que Donald Trump desea reverdecer.

Sears Holding, la cadena de tiendas emblemática norteamericana solicitó, este lunes, acogerse al capítulo 11 de la Ley de Quiebras para enfrentar sus deudas. Luego de varios años de crisis –entre 2013 y 2017 perdió 6000 millones de dólares– anunció esta medida y el cierre de 142 tiendas de las 866 que tenía abiertas al 13 de septiembre de este año –según la publicación Business Insider–, menos de la mitad de las casi 2000 que tenía en 2013.

La importancia del evento generó declaraciones del presidente Donald Trump: “Sears ha estado muriendo hace años (…). Ha estado, obviamente, mal gestionada por mucho tiempo, y es una vergüenza”.

La firma fue creada en Minnesota, en 1886, por un empleado del ferrocarril que compró un cargamento de relojes, Warren Sears y el relojero de Chicago, Alvah Curtis Roebuck, quienes comenzaron a vender relojes y joyas por catálogo, e hizo de esa herramienta de ventas su principal innovación, un símil de la venta on line que 125 años después parece haber socavado los cimientos de ese imperio. Los catálogos de Sears eran muy populares, en su época de esplendor el Sears Wishbook llegó a tener 500 páginas en donde podía encontrarse todo para el hogar, incluso la propia casa prefabricada.

El historiador, Jerry Hancock, estudioso de Sears en tanto la considera parte de la cultura sureña de los EE.UU. y promotora de la industrialización local, afirmó a NPR que el coloso del comercio minorista “es una institución”. “Actualmente existe una cantidad de comunidades de Carolina del Norte en donde toda la ciudad está compuesta de casa compradas en Sears”. “Su catálogo era la ventana a un mundo de consumo y establecía una verdadera conexión con la gente”. En especial, si se tiene en cuenta que el catálogo llegaba a miles de hogares rurales con familias “desenganchadas” del consumo masivo, propio de las tiendas de las ciudades que tenían poco variedad de altos precios.

En 1908, la firma pasó a ser controlada por accionistas y de ese año a 1940 vendió por correo unas 70.000 casa prefabricadas. Recién en febrero de 1925 Sears abrió su primera tienda física en Chicago. En esa época ya vendían de todo para el hogar, incluso repuestos y tractores.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, las ventas se dispararon y la empresa comenzó a ofrecer crédito a sus clientes para acceder a sus productos.

En 1969, Sears era la distribuidora minorista más grande del mundo con 350.000 empleados. Cuando inauguró en 1973 la Torre Sears en Chicago, con sus 110 pisos de altura se erigió en el edificio más alto del mundo, distinción que ostentaría por 25 años.

Con su target comercial en los trabajadores industriales, la decadencia de las grandes y pequeñas industrias y el empobrecimiento de esos asalariados fueron destruyendo el entramado económico y cultural que le dieron sustento. En 1991 Walmart le quitó el liderazgo.

En 2013, fue comprada por el dueño de un hedge fund (ESL Investments) y de la cadena Kmart, Eddie Lampert, por 11.000 millones de dólares, quien ha estado intentando remontar su larga decadencia. Luego de un intento de reestructurar la deuda por fuera de los juzgados ESL sugirió ir a la quiebra de la que algunos denominan “el descarrilamiento, en cámara lenta, de un tren” por lo largo, tediosa e inevitable.

Lampert parece haber tenido un triste y controvertido papel en este desenlace. Paula Rosenblum, cofundadora de la consultora Retail Systems Research, asegura que Lampert emergerá de la bancarrota de Sears más que como víctima, como un gran beneficiado. Lampert descubrió hace mucho tiempo que Sears podía ganar dinero vendiendo algunas de las marcas de la firma, como las herramientas Craftsman, escribió Rosenblum. Además, en los procedimientos de quiebra, los acreedores más grandes se convierten en los dueños de la nueva entidad.

Rosenblum dijo a The Washington Post que los que van a perder con el fin de Sears son los trabajadores que se quedarán sin trabajo y sin pensiones. Al tiempo que los shoppings – vaciados de tan grandes tiendas deberán repensarse para ofrecer algo atractivo, en sus enormes espacios, a los compradores de a pie. Por estas razones, Rosenblum piensa que la caída del coloso puede sintetizarse como “una tragedia”. Para Joseph Alois Schumpeter tal vez sólo sea una muestra de la “destrucción creativa” del capitalismo.

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