jueves 30 de mayo de 2024
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Xi Jinping: Mao, The Pooh

Esta triste historia la podemos ubicar en 2013, cuando un ambicioso y malvado presidente chino, que se llamaba Xi Jinping, fue a visitar al presidente de un país muy bueno llamado Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos era un hombre esbelto, feliz, sonriente y atlético, que sabía bailar y leer cuentos a los niños los días de acción de gracias; o que comía panchos cuando volvía del trabajo. Una tarde pasearon juntos, Obama, el presidente de Estados Unidos, y Xi Jinping, el presidente de China, en los jardines de la Casa Blanca y bajo las estelas de los aviones de acrobacia, cuando alguien que los vio pasar se dio cuenta que Xi, que tiene la cara sonrosada, se parecía el osito panzón Winnie, The Pooh, y Obama a su inseparable amigo Tigger, un tigre muy seguro y guapo que tiene un ego bien trabajado y que camina muy canchero en dos patas, por lo que se le ocurrió hacer un meme.

Luego, por donde quiera que el presidente chino recorría el mundo y se sacaba una foto aparecía una imagen de alguna película de Winnie, The Pooh, en la que estaban calcados y haciendo lo mismo. Como si el oso hubiera predecido al Chino.

El presidente chino no podía soportar que todo el mundo se riera de él cada vez que le hacían un meme, así que decidió prohibir al osito Winnie Pooh en todos los cines de China. El osito era una estrella en todo el planeta, más allá de su panza, su inocencia extrema y que no usara calzoncillos dejando en evidencia su desparpajo animal. Su necesidad.

Así fue como el hombre más poderoso del mundo al ver que su peor enemigo era el peluche más dulce e inocente del mundo lo reprimió.

El Tío Xi, como lo apoda el público masivo, aparece a cada rato en los medios chinos. Es presentado como la cara amena de un país determinado y confiado. Se le rinde culto y se lo propagandiza casi como a Mao. Su imagen abre el noticiero cada noche: Xi recibiendo a mandatarios extranjeros, Xi discutiendo con ciudadanos corrientes o brindando aplaudido por empresarios mientras brinda un discurso, mientras tanto Xi tiene las redes sociales totalmente monitoreadas.

Xi nació en 1959. El padre de Jinping fue un Príncipe Rojo: un veterano comunista de la Guerra Civil china, viceprimer ministro bajo el presidente Mao después de que se estableciera la República Popular de China en 1949 . Gracias a esto, Xi disfrutó de una educación privilegiada en Zhongnanhai, el complejo de edificios, y donde habitaba la élite del Partido en Pekín y que actualmente es la sede del gobierno.

El anciano Xi luego sería expulsado de la fiesta con el advenimiento feroz de la Revolución Cultural de Mao. Fue un momento brutal cuando Mao llamó al pueblo a deshacerse de las viejas tradiciones, de cualquier vestigio de propiedad privada y de los enemigos políticos, incluido el padre de Xi, a través de la fuerza. Los años siguientes fueron caóticos para la familia de Xi; su padre fue trasladado a una fábrica en el centro de China, su hermana murió después de años de hostigamiento y abuso, y Xi Jinping fue arrancado de su educación privilegiada y enviado al campo. Fueron siete años de amargura donde no pudo volver a su casa.

Jinping decidió que “lo mejor para sobrevivir era hacerse más rojo que nadie”, reveló Wikileaks. Su ingreso en el Partido fue complejo. Rechazaron su petición nueve veces hasta que logró ingresar en 1974. Para poder matricularse en la universidad elitista de Tsinghua de Pekín para estudiar Ingeniería Química su padre tuvo que escribir una carta rogando que sus problemas políticos no interfirieran en la educación de su hijo.

Xi sobrevivió y prosperó en el brutal paisaje político de China: una clásica carrera de cuadro comunista, cuya máxima ambición es llegar a ser el Secretario General, cosa que logró en 2012. En 2013 se convirtió en presidente de la República Popular de China. En esta ascensión a la cima del poder sacó del ring al favorito de Hu Jintao, Li Keqiang, y logró silenciar las críticas internas acerca de que su familia tenía una fortuna cercana a los 400 millones de dólares, según reveló la agencia Bloomberg.

En 1985 Xi estuvo en Muscatine, Iowa, investigando la agricultura estadounidense. Durante este viaje conoció al entonces gobernador Terry Branstad, el actual embajador de Estados Unidos bajo la presidencia Trump en China. Xi se refiere a él como un “viejo amigo”. De Estados Unidos también le queda el fanatismo por Mark Twain y por Hemingway. o la película “Salvando al soldado Ryan”, según trascendió en Wikileaks

Está casado con una de las cantantes de ópera y folk más famosas de China: Peng Liyuan. Cuando se conocieron ella pensó que Xi parecía “inculto y mucho más viejo que su edad”, pero quedó impresionada cuando él le habló. En 40 minutos Xi decidió pedirle que a Liyuan que se casara con él.

Tiene una hija de 25 años llamada Xi Mingze de la cual se sabe que asistió a Harvard bajo un seudónimo.

Desde que es presidente supervisó una de las purgas más grandes y significativas de miembros corruptos del PCCh y políticos, feministas y hasta blogueros relevantes fueron detenidos. Hay quienes sospechan que esta campaña trata de encubrir una purga de la oposición interna.

 En 2013, el Gobierno de Xi Jinping modificó el modelo económico que durante décadas sostuvo las finanzas del país, impulsando los servicios, la innovación y el consumo y dejando de lado las exportaciones de bajo costo y la producción industrial de gran escala. Esto provocó una revolución ambiental al abandonar la dependencia de industrias como el cemento y el acero que dio lugar a fuentes de ingreso menos contaminantes. Sectores como la robótica, los pagos por móvil o la inteligencia artificial son grandes apuestas de desarrollo. El marketing de gobierno le puso un nombre: “El Milagro Chino”. Y el mundo entero, por varios años, creyó en él. En junio de 2015 el mercado bursátil comenzó a mostrar los primeros signos de crisis y las autoridades inyectaron dinero para mantener la estabilidad y la confianza. La China de Xi es un país en vías de desarrollo con una economía que aumenta año tras año y que escapó por ahora de los malos augurios que apuntaban a una crisis inminente. En el último lustro, el PBI per cápita creció un 40%. Sin embargo China está endeudada. Xi tiene también el problema de una gran brecha social entre entre la China urbana y rural, ricos y pobres, que está muy por encima de la de los países desarrollados.

Otro de los problemas de Xi es lograr que nazcan más niños y hacer remontar los índices de natalidad. Decidió retirar la política del hijo único ante el preponderante envejecimiento de la población. Xi y China tienen graves problemas medioambientales que provienen del smog eterno en el que viven envueltas sus ciudades. Y, según sus compromisos contra el cambio climático, seguirán teniéndolos hasta el año 2030. El presupuesto de Defensa creció a todo ritmo con Xi, convirtiendo a China en el segundo país del mundo en gasto militar, primero: Estados Unidos. Tampoco China logra impactar con soft power lograr una influencia cultural, ideológica y diplomática que esté a la altura de su poderío global: el número de Institutos Confucio, donde se enseña el idioma chino, en el mundo aumenta levemente año a año y no alcanza para que sea una lengua global.

En sus giras por el mundo va acompañado de decenas de burócratas chinos todos vestidos igual: trajes negros, camisas blancas y corbatas negras. Antes del discurso de Xi los hombres de negro , todos varones, pronuncian discursos que no dicen nada, excepto alabanzas al país anfitrión y sus escritores. Luego reparten entre todos los asistentes volúmenes gruesísimos de exaltación a Mao. Y también biografías hagiográficas de Xi. Él finalmente se presenta. Más alto que el promedio de sus chinos asistentes habla y ofrece dádivas a los presentes: “serán invitados a China quinientos de ustedes en los próximos cinco años…”. Ni una palabra es improvisada. Lee. Estrecha las manos de algunas pocas personas y vuelve a China con todos sus ayudantes chinos detrás.

Pragmático y duro, Xi Jinping es uno de los líderes más importantes de las últimas décadas. El pleno del Partido Comunista de China le otorgó el título de “núcleo”, poniéndolo a la par de emblemáticos como Mao Zedong y Deng Xiaoping. El abrumador Parlamento y subordinado totalmente al líder de China apoyó un plan para eliminar los límites del mandato presidencial, lo que le permitiría a Xi permanecer en el poder de por vida.

Se dice que Xi le dijo a Putin en una reunión en 2013 “somos de carácter similar”. Xi Jinping es anti Perestroika. Su contemporaneidad con la caída de la Unión Soviética lo afectó enormemente y, por ésto, desde que arribó al poder procura que China no tenga ni su Glásnost ni su Perestroika reprimiendo entonces a la sociedad civil y reforzando la vuelta a la ideología.

Xi no es Mao, pero quisiera serlo.

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