miércoles 19 de junio de 2024
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María Inés Tula: “Las mujeres no representan únicamente a las mujeres sino que representan un universo general”

Hace casi un mes, un informe de CIPPEC explicaba que la paridad garantiza el derecho a votar y a ser elegido o elegida, el derecho de toda persona a participar en la dirección de los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos y el derecho a acceder, en condiciones de igualdad, a la función pública. Básicamente, la paridad garantiza los fundamentos de nuestra democracia representativa.

María Inés Tula es politóloga de la UBA e investigadora del CONICET. Trabaja en temas de reforma política y sistemas electorales vinculados al género desde 1999 y es una de las principales impulsoras de la paridad en todos los niveles de gobierno. En esta entrevista profundiza sobre los estereotipos de género en el ámbito público y sobre lo importante que sería la aprobación de la paridad a nivel nacional, a pesar de la reciente caída del proyecto de reforma política.

 

¿Qué mitos hay que derrumbar cuando hablamos de paridad?

Yo creo que hay dos grandes mitos cuando se habla de la inclusión de mujeres en el ámbito político. El primero es pensar que la inclusión de mujeres en las listas partidarias –a través de las cuotas de género y/o la paridad– implica la inclusión de mujeres poco capaces o totalmente incapaces. Y la sola comparación entre candidaturas de mujeres y hombres encierra un prejuicio: como el de afirmar que sólo por el hecho de ser mujeres éstas van a ser manejadas por quienes lideran mayormente los procesos de selección de candidatos en los partidos políticos, es decir, por los hombres.

“La integración de las listas debe hacerse en función de la capacidad y/o mérito” le escuchamos decir al periodista Jorge Lanata en su programa de televisión, pero también a varios diputados y senadores nacionales cuando se debatió el proyecto de reforma política que actualmente está en el Congreso de la Nación. Y esta afirmación también involucra el desconocimiento sobre cómo son los procesos de selección de candidatos, proceso por el que confluyen una serie de variables tales como quienes son más competitivos, qué recursos manejan, etcétera. Pero, aun más, hay trabajos que señalan que las representantes mujeres tienen más antecedentes académicos –títulos de grado, por ejemplo– que sus pares hombres.

El segundo mito relaciona a la cuota de género y paridad con la conciencia de género en las mujeres. Es decir, para qué sirve tener una cuota de género o una paridad si no es posible sacar algunas leyes que son exclusivamente feministas. Por ejemplo, el caso que siempre se pone como eje de este debate es la cuestión del aborto –y fue el argumento que tomó el diputado Pitrola en su discurso durante el tratamiento del proyecto de reforma política para oponerse a la paridad–. Aquí se interpreta que las mujeres son un colectivo homogéneo que tienen intereses comunes y representaciones comunes. Sin embargo, al igual que los hombres, las mujeres son un grupo heterogéneo y diversificado con intereses ideológicos, políticos, sociales y económicos.

Entonces ¿las mujeres no necesariamente vienen a representar a las mujeres?

Exactamente. Las mujeres no representan únicamente a las mujeres sino que representan un universal general igual que los hombres. Esta idea ha llevado a estigmatizar la posición de las mujeres en lugares o posiciones tradicionalmente femeninas vinculadas a la familia y al cuidado. Precisamente lo que buscan las leyes de cuotas de género y de paridad es se trate a las mujeres igual a los hombres. Pero para llegar a ese valor supremo de igualdad –y hacerlo efectivo, real y no sólo un principio formal– se requiere de medidas de acción afirmativa que vayan gradualmente promoviendo un cambio cultural. Las leyes de cuotas de género sancionada en los noventa buscaron este objetivo y después de casi veinticinco años de aplicación podemos afirmar que su balance –aún con persistentes obstáculos– es muy positivo. Hoy ya no se percibe como “algo raro” una mujer presidente o ministra en la cartera de Defensa, por ejemplo.

¿Por qué la paridad se volvió un tema en agenda en el último tiempo en todos los niveles de gobierno?

La paridad no es un tema nuevo en la región. En 2007, la X Conferencia Regional de la Mujer de América Latina y el Caribe organizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) celebrada en Quito avanzó en la necesidad de establecer la Paridad entre los géneros como meta. Luego, en 2010, se ratificó su plena vigencia.

Los primeros países latinoamericanos en ir hacia la paridad después de haber aplicado cuotas de género son Ecuador, Bolivia, México y Costa Rica, los cuales ya la han aplicado en comicios generales. En Argentina la introducción de la paridad se dio casi simultáneamente con la aprobación de la ley de paridad en Francia en el 2000. A nivel subnacional Santiago del Estero y Córdoba, primero; Río Negro, después; iniciaron el camino hacia la paridad en la región.

Pero volviendo a tu pregunta inicial, la paridad se convirtió en un tema de agenda no sólo por la iniciativa adoptada de los organismos internacionales en promover la igualdad de modo definitivo, sino también, porque resulta un mecanismo práctico que resuelve algunos inconvenientes persistentes en la aplicación de las cuotas de género.

En primer lugar, las cuotas de género buscaron corregir la baja subrepresentación femenina de los órganos de representación y se considera una medida transitoria porque se supone con el tiempo se irá cumpliendo su objetivo. Mientras que la paridad es considerada una medida que busca transformar las democracias haciéndolas más inclusivas.

En segundo lugar, se detectan dos problemas cuando se habla de cuotas de género: 1) las grandes diferencias en los porcentajes mínimos de participación de mujeres en las listas –los cuales variaron entre un 20% y  un 40%– y 2) la resistencia a la incorporación de mujeres en lugares expectables o salidores, dado que no todos los países incluyeron un mandato de posición que sea favorable a éstas. Con la paridad de género, este obstáculo se resuelve normativamente al incorporarse en las listas un 50% de miembros de cada género (igual porcentaje) de manera intercalada y secuencial (mandato de posición obligatorio)

¿Cómo fue que se incorporó la paridad al proyecto de reforma política?

La paridad no era un objetivo dentro del proyecto de reforma política que envió el Ejecutivo al Congreso Nacional. Esta incorporación fue posterior y como parte de una demanda promovida por las mujeres parlamentarias de los diferentes bloques que integran la Cámara de Diputados. Con apoyo de grupos de mujeres académicas y organizaciones de la sociedad civil se promovió no sólo inclusión sino que se debatió internamente sobre su aplicación y alcance. Finalmente se sancionó en la Cámara de Diputados en octubre pasado y ahora se está debatiendo en Senado.

Realmente fue un gran trabajo de las mujeres diputadas, las cuales tuvieron que solicitar apoyo aun dentro de su propio bloque porque muchos diputados no estaban de acuerdo con esta medida. Por supuesto que hubo excepciones, pero también es cierto que volvieron a reproducirse argumentos falaces como ocurrió en los noventa con la sanción de la ley de cuotas.

O sea que hubo una estrategia interpartidaria de las mujeres parlamentarias y además una estrategia de tratar de meterla con todo el paquete de la reforma política. 

Fue una iniciativa de las mujeres parlamentarias de los diferentes bloques que consensuaron asumir la paridad como una medida necesaria para la reforma. Incluso sirvió como elemento de negociación a la hora de aprobarse el paquete de la reforma general. Con lo cual creo que fue una estrategia bien pensada por parte de las mujeres y eso costó bastante incluso porque no todas las mujeres acordaban sobre el piso mínimo a partir del cual considerar la paridad. Había bloques, sobre todo del Frente de Izquierda, que sostenían que el 50% es poner un límite a la participación de las mujeres. Pero, claramente, éste no es el caso de la mayoría de los partidos en Argentina donde la práctica más difundida ha sido la interpretación “burocrática y minimalista” de la ley de cuotas de género. Así lo hemos definido en un trabajo que hicimos junto a Nélida Archenti, donde se observa el cumplimiento a rajatabla de lo que estipula la ley. Nunca o, casi nunca, una mujer de más, convirtiendo así, ese piso mínimo porcentual de participación de base en un techo máximo.

Con respecto a esta dificultad que se está presentando para poder aprobar la reforma política, ¿cuánto tiene que ver con lo reacios que pueden ser algunos diputados a la paridad y cuánto tiene que ver con lo reacios que son a la reforma política en general por ser un proyecto del actual gobierno?

En todo proyecto de reforma política hay diferentes variables que se ponen en juego. Entre ellas están los costos y beneficios que asume cada actor político -individual o como partido político. Claramente, la paridad es percibida como una amenaza por los candidatos hombres porque los lugares expectables o con mayores posibilidades electorales deben compartirse. La paridad introduce un cambio en las reglas de juego político y esta modificación asume siempre un beneficio o un costo para alguien. Las tres preguntas claves que deben responderse son: ¿quién gana?, ¿quién pierde? y ¿cuánto? con esta incorporación.

¿Qué efecto produjo la aprobación de la paridad en la Provincia de Buenos Aires?

En la Provincia de Buenos Aires, la paridad de género se aprobó el pasado 5 de octubre con apoyo de la mayoría de los bloques partidarios. Casi un mes y medio después se sancionó en Salta y tienen media sanción en Santa Fe y Catamarca. La aprobación de la paridad en la Provincia de Buenos Aires fue muy importante y generó un efecto contagio en otras provincias. Buenos Aires y Salta son bicamerales lo que significó un largo tratamiento hasta su sanción. En el caso de la ley de paridad de Buenos Aires ésta se incluye tanto para las PASO como para la lista resultante de esa primaria –elección general–. En el caso de Salta, percibo que no tendrá un gran impacto dado que la ley no rige para cargos uninominales y ello representa algo así como la mitad de los departamentos para el cargo de diputado y todos los departamentos para el caso de los senadores (son veintitres).

¿Los niveles de violencia institucional y discriminación hacia las mujeres bajaron en los países donde ya se aprobó la paridad como Ecuador, Bolivia, Costa Rica y México?

Difieren mucho los países. Ecuador, Bolivia y Costa Rica son muy distintos y con tradiciones muy diferente. De todas maneras cuando se aprueba la paridad empiezan a ejercerse cierta presión en la legislación para un tratamiento también igualitario respecto de lo que es el financiamiento de la política con énfasis puesto en la candidatura de las mujeres y, por otro lado, también en las campañas electorales, es decir un igual tratamiento de las mujeres en todo el proceso de campaña electoral con participación en los medios. Hay estudios que muestran que las mujeres tienen un tratamiento muy inferior respecto de los hombres y esto repercute negativamente en las posibilidades de acceso. En cuanto a la violencia política entendida como una amenaza al acceso de la representación de las mujeres, también fue una manera de burlar la ley. Me refiero a los casos en que las mujeres eran obligadas a renunciar para que los hombres accedieran al cargo: las mujeres cumplían con la obligación legal de ir en las listas pero luego eran obligadas a renunciar para que acceda un hombre. Eso era muy común que se hiciera ni bien se sancionaron las cuotas de género. Las reglamentaciones posteriores fueron tratando de sancionar estas actitudes. El caso más importante es Bolivia donde la violencia y acoso político hacia las mujeres es considerado un delito penal –no ya sólo electoral–. En este mismo país hay casos muy extremos en los cuales se ha tratado de violar la ley de manera que los hombres falsearon su identidad para ir como candidatos por el lado de las mujeres en lo que se conoció como los “diputados travestis”. Son maniobras políticas que de alguna manera reflejan la resistencia que hay a la apertura en el acceso de las mujeres.

¿Qué se hace o se está haciendo desde la academia para concientizar sobre la importancia de la paridad como un paso fundamental para la igualdad de género?

Desde la academia se viene trabajando hace muchos años de diferentes maneras. Básicamente con producción de datos que orienten o sirvan para tomar medidas en la elaboración y puesta en marcha de políticas públicas. Respecto de la paridad de género. En Argentina hemos transitado varios meses donde el tema ha estado en la agenda política. Y eso ha sido muy bueno porque peor es que sea ignorado. No obstante es conveniente impulsar un debate donde no sólo se informe de qué se trata sino también sobre sus alcances. Junto con Nélida Archenti, profesora también en la UBA, coordinamos un grupo de investigación en la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP). Desde allí se promueven instancias de reflexión que permitan orientar el debate y percibir cómo estas medidas han impactado en otros países de América Latina. Con el título de “Los desafíos de la paridad de género” se desarrollará el jueves 1 de diciembre a las 17 en el Congreso de la Nación una jornada de debate con la participación de académicas y políticos. Los temas que allí abordaremos son: la reforma política en Argentina y la paridad de género, los proyectos de paridad en Uruguay, cuáles son los estereotipos de género que siempre están presentes cuando se trata la temática de género y qué se hace para conocer y frenar la violencia política. Además, nos parece interesante la visión de dos legisladores que participaron activamente en los procesos de negociación de leyes de paridad para que nos cuenten sobre cuáles han sido los obstáculos que encontraron con esta iniciativa. Con esta jornada se pretende difundir el tema de la paridad para debatir con argumentos sólidos a partir de las investigaciones realizadas.

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