jueves 30 de mayo de 2024
spot_img

Tribulaciones en un país sísmico

En uno de sus ensayos, Tomás Abraham, que es más que un filósofo, cita una reflexión del fallecido historiador Tulio Halperín Donghi: la Argentina es una “república sísmica”, con períodos separados por desastres, crisis, sacudidas, temblores propios. Claro, aquí no tiembla la tierra ni se vienen abajo los edificios, pero se abren grietas, golpea en la estructura social, lleva a la quiebra a parte de su sociedad, una y otra vez y lo peor es que luego la memoria se pierde.

Esto es lo que pasa inexorablemente en el país cada tantos años. Ahora que estamos en un vendaval, que el gobierno ve que el piso se le mueve, que muchos de los que lo votaron han perdido la confianza, conviene recordar que todo el equipo de Mauricio Macri accedió al poder bajo la bandera de la “filosofía del optimismo”. Fue la gente del PRO, no de Cambiemos, que comenzó a manejar el barco en solitario, olvidando a sus socios. Heredábamos un quebranto, una pésima gestión del cristinismo, un mar de mentiras y disparates, que había que poner en caja de inmediato, que se deberían haber prendido todas las alarmas. Sin embargo, para ellos con el “optimismo” nos salvábamos. ¿Lo pensaban en serio o solo lo usaban con el propósito de mantener el caudal electoral como slogan?

El sábado pasado, en La Nación, Eduardo Fidanza puso las cosas en su lugar. Escribió: “el optimismo exagerado” del proyecto del PRO condujo a la idea de que un grupo de extracción privada podía realizar cambios de fondo para poner a la Argentina en sintonía con el mundo globalizado.

Ese optimismo nunca tuvo la capacidad suficiente para dar vuelta todo lo que venía del pasado, clamó por inversiones privadas que no llegaron. Solo ganó la performance de conectarse con figuras destacadas en el mundo, después del aislamiento populista absurdo, pero hasta ahora sin grandes ganancias. Porque la especulación financiera a la que dió lugar, la timba con los bonos, cuando se fueron se agregaron a la avidez de los privados.

Se dan cuenta de varios errores. Uno fue fijar metas inflacionarias, un dilema que para resolverlo se requiere muchísimo tiempo y cierta paz interior en una sociedad indómita como la argentina. No han dado resultado las volteretas del Banco Central en el juego de tasas y dólar.

Se sabe que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (algunos economistas opinan que llegaron atrasados, que deberían haber negociado con la institución financiera desde un comienzo) podría llegar a conocerse dentro de un mes. Si bien el FMI ha cambiado, incluyendo el trato con los que piden ayuda, el tronco de su permisividad no será diferente a los de acuerdos anteriores.

Hay otras noticias que sobresalen, aunque no se difundan demasiado. Así el 15 de junio se define la categoría del país a la que se atienen los grandes inversores y nos encasilla más allá del entendimiento con el Fondo Monetario. O nos ubican como “país fronterizo” o como “país emergente”. El año pasado se dijo que no estaban las condiciones para considerarnos “emergentes”. Una postergación, seguir como “fronterizos” promueve demasiada incertidumbre. Si seguimos como “fronterizos” ningún Fondo buscará invertir en la Argentina.

No solo las tarifas provocan temblores en el sector privado.

Las que sufren son las PYMES, entre tantas. Además de las familias donde los ingresos alcanzan menos para ir tirando. Las PYMES deben hacer frente a tasas de interés del 40 por ciento si necesitan ayuda. Los descuentos de cheques los bancos cobran el 70 por ciento. A eso hay que sumarle la presión fiscal y la caída del consumo evidente en la mayoría de los sectores. Todo es muy difícil y sobrevivir cuesta un Perú. Más allá del resultado de la pugna en el Senado, incluyendo el ruego Presidencial de que atrasar tarifas es imposible porque no hay plata para enfrentar un atraso, lo cierto es que incluso en el nivel de noviembre impacta sobremanera en todos los grupos sociales y productivos.

El gobierno no vio o no quiso ver otras problemáticas. Las del sector externo de la economía son palpables. El déficit comercial es la clara muestra de negligencias oficiales. No se pusieron a buscar nuevos mercados. Ese deficit alcanza a 8.471 millones de dólares. Argentina exportó un dólar, pero importó 1,2 dólares. En total llega a más de 17.000 millones de dólares. En el medio, en medio de la sequedad en los ingresos los argentinos viajaron al exterior y gastaron 13.000 millones de dólares.

Según estudios privados, solo en el mes de abril el déficit comercial llegó a 930 millones de dólares. Contrastando que el gobierno quiera racionalizar gastos por 200 millones de pesos suena a ironía. El rojo comercial rondaría 8.200 millones en términos anuales. Paralelamente hubo un alza generalizada de importaciones, que en casi todos los casos crecieron más rápido que los precios. Así, entonces, la caja del negocio está trabada, no abre, no obedece, no hace prender las luces rojas. Pero estas dificultades vienen de arrastre sin que se las haya dado vuelta.

¿Que hacer? Muchos analistas y periodistas que no quieren poner troncos en el camino de esta administración no encuentran argumentos sólidos para defenderla, mientras ella trata de negociar en distintas direcciones. Hablan de un gobierno “confundido”, “atribulado” sin perspectivas. Y por lo tanto sin chances electorales futuras. Se escuchan sugerencias que el gobierno no quiere escuchar: por ejemplo, un Ministro de Economía con más poder porque en los hechos Dujovne sigue reportando a Marcos Peña y al circulo estrechísimo de Mauricio Macri. Así, para evitar dispersiones y tomar decisiones con mayor rapidez.

La devaluación, el desbarajuste de las tarifas, la inflación ocultan el drama de que todo junto aumenta la pobreza. Que el kilo de pan cueste 60 pesos es tema de consultas de todo tipo. Porque en medio de una precaria subsistencia con un kilo de pan y mate cocido cena una familia de escasos recursos, si es que puede. A la pobreza heredada del cristinismo se le agrega esta nueva desgracia que los planes sociales no revierten.

Lo cierto es que la crisis cambiaria y otras tribulaciones le ha dado de terreno libre a los cristinistas que quieren bañarse en pureza, ha fomentado nuevas alianzas dentro del peronismo aunque aún sin fuerzas que posibiliten un armado electoral que les permita presentarse en 2019. ¿Pero y si la crisis se potencia? Todavía el peronismo no está unificado ni tiene un plan de gobierno, ni tiene un criterio para volverse una oposición inteligente y conciliadora.

El espacio que ha dejado la crisis envalentonó a cierta conducción sindical que ha desbordado todas las racionalidades y ha utilizado un lenguaje de violencia extrema. Los Moyano padre e hijo han sugerido una huelga como la de los camioneros en Brasil que paralizó al país vecino, desabasteciéndolo de materias imprescindibles (el costo final será astronómico). Sometido a limitaciones judiciales, en el frente de acusaciones sobre ilegalidades Moyano ha llegado a criticar a uno y otro lado. Y en una escala patética. en una conferencia de prensa Hugo Moyano advirtió al gobierno que “la pelea va a ser con el que se ponga adelante”. Y como en la serie El Padrino agregó “Si me ponen entre Macri y Urtubey pido una (pistola) ‘45”. Para el espanto, qué dudar.

Publicado en El Cronista el 30 de mayo de 2018.

Link https://www.cronista.com/columnistas/Tribulaciones-en-un-pais-sismico-20180530-0030.html

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Alejandro Einstoss

Sobre la falta de gas: no fue frío, fue impericia

Jesús Rodríguez

Una necesidad imperiosa: la sólida infraestructura institucional

Julián Álvarez Sansone

Discutir el transporte y la capacidad estatal