miércoles 10 de diciembre de 2025
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Washington improvisa y Moscú avanza: la nueva era de vulnerabilidad europea

El llamado plan de paz de veintiocho puntos entre Rusia y Ucrania —presentado inicialmente en el discurso público como un “plan estadounidense”— es, en realidad, un borrador para la capitulación de Ucrania. Durante cuatro años, y al coste de decenas de miles de vidas, Ucrania no solo ha defendido su propio territorio frente a la agresión del Kremlin: también ha protegido a Europaganando un tiempo precioso para que los países europeos refuercen sus defensas ante la estrategia de escalada rusa, respaldada por China.

Es muy probable que el llamado “plan de paz de Trump” se escribiera en Rusia y se inyectara en el espacio informativo para ser posteriormente presentado como un “plan estadounidense”. Esta sospecha está respaldada por declaraciones de legisladores de EE. UU., quienes afirmaron en una rueda de prensa el 22 de noviembre que el secretario Rubio les dijo directamente por teléfono que los veintiocho puntos “no eran un plan estadounidense”, sino más bien “la lista de deseos de los rusos”:

“Él (el secretario Rubio) nos dejó muy claro que somos los receptores de una propuesta que fue entregada a uno de nuestros representantes”, dijo el senador Mike Rounds. “No es nuestra recomendación. No es nuestro plan de paz. Es una propuesta que recibimos y que, como intermediarios, nos limitamos a compartir —y no la publicamos. Se filtró”.

El senador independiente Angus King dijo que Rubio les afirmó que el plan “no era el plan de la Administración”, sino “una lista de deseos de los rusos”. Rubio intentó luego matizar estas afirmaciones, diciendo que solo era un documento elaborado por representantes de EE. UU. tras conversaciones con Moscú y Kiev. Sin embargo, nada en la lista original se parecía a un compromiso: era, en esencia, un plan de capitulación, promovido activamente por el negociador del Kremlin, Kirill Dmitriev, posiblemente con la implicación del representante estadounidense Witcoff, quien supuestamente lo entregó al presidente de EE. UU., que pareció respaldarlo, quizás sin ni siquiera leerlo.

“Zelenski prepara al pueblo ucraniano para la capitulación”, “Zelenski difunde zrada (pesimismo y pánico) por primera vez en su discurso diario”, “Capitulación o muerte por hambre”, “el colapso de la política de Kiev”, “Los veintiocho puntos de Trump que aplastarán a Zelenski”: así describen los medios propagandísticos rusos el llamado “plan de paz estadounidense” de veintiocho puntos.

Solo un día después, tras una ola de críticas de líderes europeos y la declaración del presidente Zelenski de que Ucrania se vería obligada a “perder a un aliado clave o perder dignidad, libertad y justicia confiando en alguien que ya atacó dos veces”, el presidente Trump aclaró que el “plan de paz” no era definitivo. El secretario Rubio se apresuró entonces a presentarlo como un simple documento general ofrecido como punto de partida para negociaciones.

El sábado 22 de noviembre, el mundo observó primero con sorpresa cómo Washington parecía ejercer presión sobre Ucrania —forzando la declaración de Zelenski— y luego con incredulidad un enfrentamiento público en X (Twitter) entre periodistas y senadores estadounidenses, citando la afirmación de Rubio de que el plan era una lista de deseos rusa, mientras el Departamento de Estado y el propio Rubio intentaban refutar esa interpretación en tiempo real, aparentemente para evitar que la Casa Blanca apareciera como un centro político que difunde demandas rusas.

Europa frente a la imprevisibilidad estadounidense

Estos hechos subrayan una vez más la imprevisibilidad de la política estadounidense —visible desde principios de 2025— en el momento geopolítico más peligroso en décadas: mientras Rusia y sus aliados libran una guerra en Ucrania, y todo el aparato estatal ruso —su economía, propaganda, estructuras sociales e instituciones— ha sido recalibrado para años de conflicto, claramente más allá de Ucrania.

Pero si la imprevisibilidad y el enfoque transaccional de la nueva Administración estadounidense no sorprenden, lo que ahora emerge con claridad es la total falta de preparación de Europa para operar en condiciones que eran previsibles. La amenaza inminente no la enfrenta Estados Unidos: la enfrenta Europa, especialmente los Estados de la UE cercanos a las fronteras rusas.

La campaña rusa de abril de 2025 retratando a la “Europa nazi” como una amenaza para Rusia —planteada por el Servicio de Inteligencia Exterior ruso como “un desafío común para Moscú y Washington, igual que en 1945″— fue un intento claro de sembrar división entre Estados Unidos y Europa. Pero si los desacuerdos entre países occidentales pueden gestionarse, el enfoque del Kremlin en escalar con Europa es innegociable. Las operaciones híbridas intensificadas este otoño en Rumanía, Polonia y otros estados —incursiones de drones, alertas de cazas y cierres de aeropuertos— son prueba de ello. El Kremlin justificó su invasión de Ucrania con un supuesto “nazismo”, y ahora afirma que el “nazismo europeo” es la causa de un conflicto casi inevitable con Europa, presentando su agresión como “autodefensa forzada”. Canales prorrusos de Telegram con millones de seguidores publican ahora mensajes explicando cómo Europa se prepara para atacar a Rusia, fabricando evidentemente un pretexto para la futura agresión rusa contra Estados europeos.

La guerra híbrida del Kremlin ya está en territorio europeo

Aunque Rusia está efectivamente agotada por la guerra en Ucrania, hay que recordar: los Estados bálticos tienen una población combinada de poco más de 7 millones, mientras que Ucrania —luchando desde hace casi cuatro años— supera los 40 millones. También es crucial recordar que la propaganda del Kremlin militariza constantemente su enclave —Kaliningrado— describiéndolo como una “fortaleza sitiada”, cuando en realidad el óblast sirve como base avanzada para amenazas a Europa, junto con Bielorrusia, cuyos servicios de seguridad funcionan de facto como una rama del FSB ruso (el Servicio Federal de Seguridad de Rusia, por sus siglas en inglés).

Un ataque en el corredor de Suwałki —la frontera entre Lituania y Polonia— o en los Estados bálticos requeriría un esfuerzo mínimo por parte de Rusia, pero si la OTAN no responde inmediatamente, las consecuencias serían devastadoras. Más allá del destino de las naciones bálticas —vidas, soberanía, estabilidad— estaría en juego toda la arquitectura de seguridad moderna y la credibilidad misma de la alianza.

Entonces, ¿está Europa preparada para dejar de observar debates en X entre funcionarios y periodistas estadounidenses y asumir la responsabilidad de su propia seguridad? ¿Para pasar de una “coalición de los dispuestos” a una “coalición de los que actúan”, una “coalición de defensores” y una “coalición de responsabilidad” basada en valores y profesionalidad?

Esto implica: monitorizar y analizar la guerra híbrida del Kremlin en Europa, una estrategia proactiva de contramedidas, una transición de la retórica a acciones reales de protección —no dentro de cinco años, sino de inmediato—, el fortalecimiento de capacidades de defensa y la contención interna y externa del Kremlin. Si estos pasos no se toman ahora, mañana podrá ser demasiado tarde. Si Europa —y quizá Canadá, Japón y otras democracias basadas en valores— no forman hoy un centro unificado de poder estratégico independiente, mañana será imposible explicar a sus ciudadanos por qué los aeropuertos están cerrados o, peor aún, por qué enfrentan agresión directa de Putin. Alegar que una superpotencia al otro lado del océano es temporalmente imprevisible no será una explicación suficiente.

¿Entiende Europa los instrumentos y la estrategia de Rusia? Realmente no. Esta comprensión varía enormemente según la distancia histórica y geográfica. En España, por ejemplo, prácticamente no existe conciencia real de la amenaza del Kremlin. De otro modo, los funcionarios y propagandistas rusos no tendrían chalets en todos los centros turísticos, y la cadena de supermercados Dia (propiedad del oligarca ruso Mijaíl Fridman) no estaría patrocinando eventos en Madrid. Nuestro propio grupo de exiliados políticos rusos fue, en la práctica, abandonado por el Ministerio de Asuntos Exteriores español en septiembre de 2024. Primero, el Ministerio nos aseguró que nos ayudaría con la legalización en España para apoyar nuestra red política anti-Kremlin —altamente efectiva—, pero luego nos dejó en situación irregular, ignorando cartas y llamadas durante más de un año, pese a que varios de los principales medios españoles informaron sobre esta traición.

Polonia, Lituania, Letonia y Estonia entienden mejor a Rusia, porque están directamente expuestos a su amenaza. Menos en Alemania, donde el legado de la Segunda Guerra Mundial todavía distorsiona la percepción del presente, aunque en la práctica el Kremlin se asemeja hoy a un régimen fascista: mata a decenas de miles de ucranianos y rusos, mantiene a las naciones vecinas como rehenes y sostiene una amenaza constante de invasión en Europa. Muchos países europeos siguen acogiendo debates sobre posibles acuerdos posbélicos —aún alimentando la idea de que la cooperación con el régimen de Putin podría ser posible.

Mientras tanto, Rusia ha reestructurado no solo su economía, sino incluso su sistema educativo para una guerra a largo plazo: en algunas escuelas, los niños aprenden a manejar drones y veteranos visitan las aulas para instruir sobre el “nazismo en Kiev y Europa”. ¿Saben los gobiernos europeos que existen miles de cuentas de desinformación del Kremlin en Telegram, TikTok, Instagram, Facebook y otras plataformas —en todos los grandes idiomas de Europa— diseñadas para sembrar caos y socavar valores democráticos? Algunos sí, pero esto es solo la punta del iceberg. Apenas existen campañas de contrapropaganda, pese a que el Kremlin libra abiertamente una guerra híbrida contra el mundo democrático.

En un tiempo de amenazas crecientes de regímenes autoritarios, no habrá posibilidad de simplemente esperar a que pase la tormenta. La supervivencia dependerá de la unidad y del liderazgo —basado en valores y profesionalidad— que Europa debe proporcionar ahora. De una coalición de los dispuestos a una coalición de los que actúan

Publicado en Agenda Pública el 24 de noviembre de 2025.

Link https://agendapublica.es/noticia/20409/cuando-washington-improvisa-moscu-avanza-nueva-era-vulnerabilidad-europea?utm_source=Agenda+P%C3%BAblica&utm_campaign=1b462e69d8-EMAIL_CAMPAIGN_2020_10_08_05_49_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_452c1be54e-1b462e69d8-567855179

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