A propósito, democracia es una palabra que Trump no utilizó. Narcoterrorismo, sí; petróleo, también; pero fue claro al afirmar que Estados Unidos, y no el presidente electo Edmundo González, va a gobernar Venezuela hasta que pueda garantizar una transición ordenada. Una transición hacia la paz, la justicia y la libertad, enumeró, sin mencionar la palabra democracia. Quizás no haya sido porque nunca fue su objetivo sino para que no lo acusaran de buscar un cambio de régimen, concepto maldito para el movimiento MAGA (Make America Great Again).
La operación militar había sido anticipada en la Estrategia de Seguridad Nacional, que el gobierno de Trump difundió a inicios de diciembre. En ella se reestablece la Doctrina Monroe, instituida en 1823 por el presidente homónimo para proteger al continente americano de la intervención europea. A comienzos del siglo XX, el presidente Theodore Roosevelt le agregó el corolario que lleva su nombre y permite la intervención de Estados Unidos también en casos de mal gobierno. Igual de importante pero más novedoso, la Estrategia divide al mundo en cinco regiones y coloca al continente americano como número uno. América Latina pasó de irrelevante a prioritaria por primera vez en 35 años. La prioridad geopolítica, sin embargo, no implica una preferencia por la democracia. Estados Unidos aspira a expulsar a China de su esfera de influencia y a alinear a los gobiernos que quedan adentro, no a democratizarlos.
Para entender lo que hay detrás de esta operación no hay que buscar en Caracas sino en Washington. Sin reelección para Trump, el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de estado Marco Rubio se disputan la candidatura del partido republicano. Rubio, neoconservador y arquitecto de la intervención, pretende generar un efecto dominó que lleve de Caracas a La Habana, provocando la caída del régimen que causó el exilio de sus padres. El cambio de régimen cubano sería una excelente plataforma para su candidatura. Vance, en cambio, se embandera en el America First y se opone a las intervenciones externas. Su ausencia en la conferencia de prensa sugiere una toma de distancia respecto de la operación. Un triunfo de Rubio implica una derrota de Vance. Este fue el primer round, pero la reacción de Delcy Rodríguez contra la complicidad sugerida por Trump sugiere que quedan varios rounds por delante. Como recuerda el analista Ignacio Labaqui, Japón no se rindió ante la primera bomba atómica: Estados Unidos tuvo que demostrarle que tenía más.
“Aquí ni siquiera tuvimos tiempo de contentarnos por la captura de Maduro. Qué bajón pasar a ser un país tutelado”, me escribe una amiga desde Caracas. Férrea militante antichavista, pasó el día entre la esperanza y el desconcierto. El dictador fue preso, pero la lucha por la democracia está lejos de haber concluido.
Publicado en La Nación el 3 de enero de 2026.