Para cualquier observador habituado a la vida interna de la Unión Cívica Radical tiene que haber sido llamativa una conversación entre dirigentes realizada en la Ciudad de Buenos Aires el 29 de mayo de 2026.
Se reunieron durante varias horas más de un centenar de activistas que viajaron desde diecisiete provincias para conversar junto a los anfitriones de la CABA acerca de una preocupación común: el riesgo de que el radicalismo no gravite en la elección de renovación presidencial del 2027.
La convocatoria fue realizada por un grupo de veteranos que ejercieron sus responsabilidades mayores después de la crisis del 2001 y que tuvieron que recurrir a diversas estrategias para asegurar lo que en definitiva se logró, la presencia política ininterrumpida de su partido en el Congreso de la Nación y en el escenario político nacional.
Quienes acudieron a la convocatoria no eran un conjunto homogéneo, salvo por su común identidad política; había muchos ex legisladores nacionales, entre ellos varios que fueron líderes de ambos bloques y, también, un conjunto de legisladores nacionales, provinciales e intendentes, casi todos jóvenes y con mandato vigente, que bien podrían caracterizarse como los actuales mandos medios del viejo partido.
El lema del llamado fue “¡Estamos a tiempo!” y el breve texto muestra una rareza: no se pretendía constituir una nueva línea interna sino apoyar a las autoridades partidarias; no sé buscaba consagrar a alguien como líder para confrontar contra otro; tampoco se blandía un dispositivo depurativo ni ortodoxo para señalar traidores; en suma, no se ejerció la nostalgia sino, por el contrario, una sana apertura hacia los nuevos tiempos con disposición para formular preguntas, explorar el futuro, identificar problemas y aportar voluntades para llenar una ausencia en el panorama de las opciones políticas a escala nacional que todos dijeron sentir como una llaga dolorosa.
Iniciada la asamblea, el diagnóstico resultó evidente: el desacuerdo generalizado con las falencias del presidente Milei y su grupo pero también la conciencia de que cualquier variante que, con mayor o menor disimulo, gire sobre la reposición del kirchnerismo era inaceptable. Ambos extremos de la polarización reinante fueron considerados como dos caras de la misma medalla. La alternativa deseable y necesaria, que se sostuvo era esperada por una amplio espectro de ciudadanos, era liberal progresista y democrática social y, en consecuencia, uno de sus motores esenciales debía ser la Unión Cívica Radical.
Acerca de la línea programática que expresen esos ideales frente a la opinión pública, los organizadores habían enviado a los convocados un documento elaborado por algunos de ellos a poco de la elección de medio término del 2025, conocido como “Los siete desafíos”. Allí se caracteriza la situación complicada en la que se debate la Argentina y se esbozan algunas ideas-fuerzas que muestran una conjugación de la sensatez política con el coraje cívico, de la modestia personal con la vocación hacia el poder, de la prudencia para reconocer restricciones con la osadía para animarse a los cambios indispensables..
El documento fue presentado por sus autores para divulgarlo pero también para recibir las críticas y aportes de los presentes. Su finalidad sigue siendo motivar el debate dentro y más allá del radicalismo para demostrar, desde el punto de vista conceptual, que la organización de una alternativa política con esa orientación es posible para que los ciudadanos dispongan de una herramienta electoral que en 2027 permita un resultado que nos emancipe o que al menos nos permita luchar contra el maniqueísmo dominante.
Claro que sobrevoló en la asamblea la clara noción de que un corpus de ideas y posiciones políticas es fundamental pero que por sí solo no alcanza. Hacen falta otras condiciones, entre ellas un sistema de comunicación eficaz hacia los medios de prensa y, sobre todo, en las redes sociales; una estructura política que aporte activistas organizados para darle carnadura humana a la propuesta; y, candidatos que por su talento y entrega personal sean aptos para captar una representación social numerosa.
Lograr esas cuatro condiciones demanda arduas tareas y no podrá el radicalismo plasmarlas sólo, se requiere el concurso de otras fuerzas políticas compatibles, con sectores sociales y personalidades independientes, con los cuales habrá que dialogar para conformar una coalición coherente y eficaz.
En ese sentido se decidió que el primer paso sería transmitir al Presidente del Comité Nacional del partido los alcances y consensos alcanzados en la asamblea para hacerle llegar la iniciativa, ratificar que su ejecución se concibe en el marco de la institucionalidad del partido y ofrecer toda la colaboración posible para que las diversas dimensiones de la empresa sean abordadas y resueltas al ritmo que demanda el calendario político.
A lo largo de la conversación las “condiciones” ya mencionadas fueron analizadas con realismo, trazando un cuadro de fortalezas y debilidades para que se vayan concretando. Una reunión oportuna de la hasta ahora postergada Convención Nacional del radicalismo permitirá debatir a fondo la propuesta, tomar conciencia de su importancia y convencer a todas los estamentos de que un desempeño competitivo en las elecciones presidenciales de 2027 daría a todos estímulos para redoblar la acción política.
Los distritos radicales en el llano necesitan ese amparo para engrosar sus filas así como, por su parte, sus pares que ejercen el gobierno, más allá de los visibles matices con los que deben manejarse para renovar sus mandatos, también recibirán del posicionamiento nacional un marco alentador de significados y expectativas. Mucho énfasis se hizo sobre la reconstitución del bloque de diputados nacionales, hoy desperdigado, y sobre el fortalecimiento del bloque de senadores, con cuyo número el partido nacional, coordinado con gobernadores e intendentes amigos, puede favorecer la estrategia de posicionamiento.
Sobre la estrategia que la coalición así constituida puede llevar adelante, se hicieron en la reunión varios aportes importantes: uno es la previsión de que los desdoblamientos electorales podrían reforzar la viabilidad de la competencia en el plano nacional en la medida en que las elecciones en muchas provincias tienen su propio tiempo, entre los meses de abril y junio, mientras que la contienda nacional se realizará entre agosto y setiembre. Ese escalonamiento permitiría que no haya interferencias y que se puedan compatibilizar las presentaciones electorales entre los dos niveles.
Otro recurso disponible, no menos decisivo, es el de las PASO que dan oportunidad para seleccionar candidatos junto a los aliados de nuestra coalición electoral. Si se le imprime a ese comicio la dinámica que corresponde daría a la propuesta una interesante chance de ingresar a la primera vuelta con la suficiente competitividad para que, por un lado, se evite una consagración prematura del oficialismo y, por otro lado, se alcance la segunda vuelta. En esa instancia los ciudadanos verán en definitiva las mejores opciones disponibles y harán posible el cambio de gobierno. Con ese alcance, la asamblea radical del 29 de mayor manifestó su recomendación de que el radicalismo asegure en el Congreso la subsistencia de las elecciones primarias como método para la selección de los candidatos.
El diseño y ejecución de la propuesta no será fácil. Las condiciones para lograrla reclaman un trabajo político arduo que requiere el apoyo del conjunto del radicalismo a sus autoridades. Éstas tienen una misión delicada que les exige superar diversos retos. Por su parte, el Presidente Leonel Chiarella, quien había manifestado su simpatía con la convocatoria, participó en otro acto partidario en CABA el miércoles 27 de mayo bajo la consigna ¿Puede el radicalismo volver a construir una alternativa nacional? El solo título exhibe a las claras cuál es el tipo de respuesta política que se está buscando y cuántas voluntades se pueden ir reuniendo para impulsarla.








