miércoles 10 de diciembre de 2025
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Un palacio abandonado

Quienes se desplazan por la Avenida del Libertador, al llegar a la altura del 1300-1200 se encuentran con el importante monumento ecuestre del general Carlos María de Alvear, construido durante más de 10 años por el escultor francés Antoine Bourdelle (1861-1929), que fue considerado por el propio autor como una de sus obras maestras.

Inmediatamente después, puede observarse un decadente amurallado de chapas, que rodean y ocultan a lo que alguna vez fue un gran escenario cultural de la Ciudad de Buenos Aires, que hace mas de cinco años se encuentra vacío, en silencio, camino a la ruina y el olvido, y librado a la masticación de ratas y alimañas que lo habitan seguramente.

Este es un monumento al abandono de hoy, que hace más de un siglo se eligió como una de las expresiones arquitectónicas mas importantes de Buenos Aires.

Se trata del conocido como “Palais de Glace” es decir, palacio de hielo.

Este nombre deriva del hecho de que funcionó allí inicialmente la primera pista de patinaje sobre hielo que tuvo nuestra ciudad, o al menos la mas importante sin duda alguna.

Su edificio respondió a formas arquitectónicas avanzadas y originales, muy celebradas por sus características en tanto escenario público, y alguna vez (1932-1935) en el transcurso de su vida mereció incluso la intervención de algunas reformas por el arquitecto Alejandro Bustillo  para convertirlo en sede de la Comisión Nacional de Bellas Artes, dándole a la parte superior una función relevante para el conjunto.

A lo largo de los años fue el espacio en el que actuaron músicos, orquestas y bailarines célebres de nuestra cultura popular, (se dice que cantó Carlos Gardel) y finalmente se lo direccionó hacia constituirlo en lugar de esculturas, películas, exposiciones de artes, conferencias, etc.

En algún momento el edificio fue declarado monumento histórico nacional, razón por la cual al parecer su dueño formal sería el gobierno nacional.

Lo cierto es que, con distintos pretextos, el edificio permanece abandonado como una expresión más de la decadencia estructural de los valores comunitarios, desde hace mas de cinco años. Sitio cuyos alrededores son peligrosos por hallarse en tales condiciones, bien sea Avenida del Libertador, el pasaje Schiaffino, la calle Posadas, y en parte de la Avenida Alvear.

Escenario propicio para punguistas, arrebatadores y peligrosidad del contorno.

Hay allí, entonces, un diálogo callado entre el grandioso monumento de Bourdelle y el olvido ruinoso del Palais de Glace.

Tenemos entendido que algunas autoridades aseguran que su patrimonio cultural (cuadros, esculturas, etc.) ha sido trasladado a la ciudad de las luces o algún otro lugar de la ciudad, donde se encontrarían adecuadamente cuidados y conservados.

Pero aquí el tema es que hay un edificio lleno de memoria histórica valiosa que se sigue hundiendo en el olvido, y los caminantes o quienes van a tomar los colectivos de la parada próxima solo pueden hacia noviembre de cada año gozar del aroma incomparable de las flores de magnolia que rodean su lateral hacia la Avenida del Libertador y Schiaffino. Lo único que lo mantiene con vida.

Esta nota tiene el propósito de llamar la atención de todas las autoridades, para recuperar de las ruinas y el olvido al que fuera un orgullo ciudadano.

Cabe agregar que aun cuando el edificio fuere propiedad del Gobierno Nacional, el Gobierno de la Ciudad no debería desentenderse de realizar las gestiones y acciones que fueren necesarias para volver a darle valor al Palais de Glace y sobre todo que sea realmente accesible para los ciudadanos que habitan Buenos aires. Y para quienes la visitan.

Si el gobierno nacional no quiere invertir capital, podría concesionarlo siempre que se cumplan condiciones adecuadas para que su destino público sea útil a todos.

O bien el Gobierno de la Ciudad podría hacerse cargo de su mantenimiento y funcionamiento adecuado.

Recuérdese que el edificio y el sitio que ocupa, están situados en una zona estratégica, frente al centro de convenciones de la ciudad, el acceso a la línea de subte H, a la facultad de derecho, al parque Thays, al centro cultural de Buenos Aires, al cementerio de la recoleta, etc.

No merece el ninguneo vergonzoso que traduce su abandono.

Mantengamos la esperanza en su pronta restauración al servicio de la cultura. Y roguemos para que no se les ocurra tirarlo abajo con una topadora para erigir una torre de departamentos y poder venderlos al mejor postor, para asegurar el déficit cero.

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