Somos un país de inmigrantes. Los pueblos originarios no tuvieron en nuestra latitud la presencia que mantuvieron en el norte, sobre el pacífico, en centro américa y mucho menos después del genocidio que significó la campaña del desierto. Españoles, Italianos, Judíos, Libaneses, Turcos, poblaron nuestro país después de 1850 y arrastraron consigo sus religiones, idiomas, costumbres, historias.
Cuando el radicalismo en vísperas del siglo XIX, se enfrentó al unicato, al proyecto de colonia que delató, tiempo después, Scalabrini Ortiz en la planificación inglesa de los ferrocarriles e impulsó modelos electorales democráticos, un conglomerado de expresiones socialistas, comunistas, conservadoras, radicales, se dieron cita en el proceso democrático a partir de 1916. Previo a ello, el debate se limitó a las incipientes organizaciones sindicales influidas por la inmigración expulsada por la revolución industrial europea.
Los radicales supimos, desde ese entonces, que el programa democrático implicaba componer una verdadera síntesis de cada uno de los protagonistas y que ello solo era posible con diálogo. La democracia parte de una premisa: los seres humanos somos diferentes en nuestra individualidad, pensamos diferentes, nos proyectamos distintos pero convivimos en un mismo lugar y ello hace necesario un diálogo permanente para construir un marco de convivencia democrático.
En Santa Fe, el gobernador Pullaro, consciente de lo expuesto, ha impulsado UNIDOS, una alianza de las distintas vertientes radicales con socialistas, simpatizantes del PRO y la democracia progresista, entre otros. Mantuvo conversaciones con algunas expresiones del peronismo y enfrentó a quienes rechazan la construcción democrática, que en Santa Fe lo representan Javier Milei y Amalia Granata, dirigentes de LLA y SOMOS VIDA.
En sus primeros meses de gobierno, Pullaro se propuso actualizar la constitución vigente desde 1962 consciente que la reforma constitucional de 1994, resultado de un pacto de convivencia entre el presidente Menem y Raúl Alfonsín, incorporó importantes derechos, garantías, mecanismos legislativos, judiciales y la autonomía municipal y, esto último, era imprescindible incorporarla en la geografía provincial que contiene más de 365 municipios y comunas.
Las cámaras de diputados y senadores primero y luego las elecciones de convencionales posibilitaron impulsar la conformación de una Convención Constituyente que deliberó durante los últimos sesenta días, consensuando nuevos principios, derechos, declaraciones y garantías, asegurando la distinción entre el Estado y el orden religioso, disponiendo que las relaciones entre el Estado, la Iglesia Católica, las iglesias y los cultos reconocidos, se rige por principios de autonomía, igualdad, no discriminación, cooperación y neutralidad, sin establecer religión oficial; la educación primaria y secundaria como obligatoria: incorpora las garantías del habeas corpus, habeas data y amparo; la imposibilidad de ocupar cargos electivos si ha sido condenado por delitos dolosos; mecanismos de participación ciudadana; el sistema representativo y proporcional de diputados y senadores; deja sin efecto la reelección indefinida; amplía la sesiones ordinarias de los cuerpos legislativos desde el 15 de febrero hasta el 30 de noviembre de cada año; incorpora la posibilidad que el legislador que mantenga inasistencia al cuerpo la mitad de las sesiones ordinarias de ese año, cesa en su mandato; estable la incompatibilidad del cargo de diputado o senador con cualquier otro cargo de carácter nacional, provincial o municipal sea electivo o no; habilita al gobernador a una única reelección consecutiva; determina la composición de una Corte Suprema de justicia de siete miembros con paridad de género y de representación territorial, debiendo ser elegidos por la Asamblea Legislativa; incorpora la defensoría del pueblo en la constitución provincial; la autonomía municipal para los núcleos poblacionales de más de 10.000 habitantes, quienes deberán convocar a convencionales municipales para redactar sus respectivas cartas orgánicas, entre otras. La convención rechazó incorporar en el texto constitucional los DNU. Santa Fe no legisla por DNU.
Pullaro ha logrado en apenas sesenta días, construir mayorías, negoció con propios y ajenos, mostró pragmatismo, abrió el juego para sumar opositores, dejó sin efecto la reelección indefinida de diputados y senadores, defendió el equilibrio fiscal sin costo social, mano dura en seguridad y amplió los integrantes de la Corte Provincial, mostrando desde siempre, se apertura a concesiones, actuando como árbitro entre radicales y socialistas procurando trazar un equilibrio de poder entre Ejecutivo, Legislatura y Justicia. Muestra de ello ha sido la sanción de todos los artículos reformados por los treinta y tres convencionales de UNIDOS votando en bloque. En la consolidación de un frente interno sólido, el peronismo acompañó, preservando su independencia y guardando distancias, todos ellos, con la LLA y Amalia Granata que quedaron expuestos en su intransigencia e intolerancia copiando el método Milei.
Precisamente, el presidente Milei, a diferencia del gobernador Pullaro, ha impulsado la confrontación, legislando con decretos de necesidad y urgencia, impulsando la delegación legislativa, promoviendo integrantes de la CSJN por decreto, sin el acuerdo del Senado, insultando a diestra y siniestra a los “políticos” en la que incluye a sus propias aliados, estafando con LIBRA$, guardando silencio a las denuncias de corrupción expuesta por un secretario de Estado, ocultando sus manifiestas contradicciones en la planificación de su plan económico, mostrando una extrema insensibilidad por los jubilados y las personas con capacidades diferentes, vetando dichas disposiciones.
El método Milei ha mostrado su fracaso en las elecciones de la provincia de Buenos Aires. El ciudadano “de bien” optó por el partido que le asegurara poner freno a tanta violencia económica. Que no se confunda el peronismo: No es un voto cautivo.
Las próximas elecciones de octubre deciden la composición del Congreso, nuevos gobernadores/as y legislaturas. Evitemos la improvisación y la baja calidad institucional. Apostemos a una nueva composición del Congreso que consolide el sistema republicano y el convencimiento que la democracia se construye con diálogo y tolerancia por las diferencias y celebremos la maravillosa herramienta democrática que los convencionales santafecinos han elaborado consciente que constituye el contrato social posible.








