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Trump y Milei, ¿dos amigos?

I. Se dice que Milei y sus funcionarios más cercanos festejaron el salvataje promocionado por el gobierno de Trump, y a primer golpe de vista todos estamos tentados a suponer que esa alegría está justificada, más allá de que algunos de esos aguafiestas que nunca falten pregunten si festejan porque EEUU ha reconocido su talento como gobernantes y decidieron darle un cheque en blanco para que salgan del barrial en donde encallaron o si a Estados Unidos no le quedó otra alternativa que asistir al único presidente que declara ser un admirador incondicional de Trump. En la jerga del fútbol se sabe que los hinchas festejan ante dos circunstancias: cuando salen campeones o cuando no se van al descenso. No sé por qué se me ocurre que en este caso los motivos de tanta algarabía no provienen de nuestra condición de campeones sino de ese júbilo resignado que contagia a quien sabe que el destino probable era el descenso, júbilo residual, acompañado de la tensión que nace de saber que el campeonato no ha terminado y que no está descartado que si en el último año hubo dos salvatajes, en algún mes venidero, con calor o con frío, con noche de luna o mañanas soleadas, el Tío Sam tenga una vez más meter la mano en el bolsillo para pagar los gastos de nuestro Isidorito Cañones de las pampas.

II. En circunstancias como estas la memoria a los veteranos suele jugarnos una mala pasada. Escuchaba las ponderaciones del secretario del Tesoro acerca de la economía argentina y su compromiso a asistirnos cuantas veces sea necesario. Las escuchaba con cierto asombro y cierto escepticismo; el asombro que a cualquier pobre le provoca la promesa de un rico y el escepticismo que esas promesas inevitablemente nos sacude. Y fue en ese instante cuando me acordé que otro secretario del tesoro yanqui, un funcionario designado por el presidente Bush y que respondía al nombre de Paul O’Neill dijo, harto de bancar sin esperanzas a un presidente de cuyo nombre no quiero acordarme, que “nos resulta inadmisible que los plomeros y carpinteros de nuestro país paguen con sus impuestos para que los argentinos sigan de fiesta”. Lo dijo, y respecto de las consecuencias de esas palabras estimo que no es necesario dar demasiados detalles. ¿En qué momento Bessent transformará su sonrisa en mueca y pronunciará palabras parecidas? No tengo respuesta para esa pregunta, pero a título de especulación me atrevo a decir que si el gobierno de los hermanos Milei no hace los deberes como corresponde, con más o menos adjetivos, con algo de cólera o algo de cinismo, las palabras de Paul O’Neill las volveremos a escuchar, porque hasta el padre más cariñoso en un momento dado le dice a su hijo más querido y más tarambana, “hasta aquí llegamos”. Y, dicho con el corazón en la mano, pero en voz baja, pregunto si ustedes creen que Trump reúne las condiciones ideales de lo que se considera “un buen amigo”. No quiero ser prejuicioso, pero aún queda en mis oídos el rumor de un ángel travieso que me dijo con cierto tono festivo pero delicado, como corresponde a un ángel, que ni el propio Trump se creería semejante elogio color rosa, justamente él que se honra de reunir las virtudes físicas y morales de ese yanqui salido de la América profunda que se jacta no de los amigos que gana sino de los amigos que derrota. Ojalá que mis premoniciones no se cumplan y ojalá la memoria me haya jugado una mala pasada y las palabras de Paul O’Neill no fueron como las recuerdo o fueron dichas en un contexto diferente al actual, contexto en el que todos sabemos sin el menor atisbo de duda de que estamos gobernados por el mejor presidente del mundo y una hermana tan dulce y tan cariñosa, que le deseo en su condición de hermana que su destino no sea el de Antígona o el de Cordelia.

III. Yo por lo pronto recelo de esa manifiesta amistad entre Trump y Milei, como recelo por lo general de toda ostentación de afectos que por lo general deben ser discretos, y no ruidosos. Puede que efectivamente Donald y Javier se estimen, se admiren y se quieran, pero desde hace muchos años aprendí que en el campo de la política y de las relaciones internacionales las naciones no elaboran sus estrategias, no se movilizan por afectos, sino por intereses. No sé por qué motivos este sabio principio de realismo político no vale para Estados Unidos y Argentina, para Donald y Javier. Alguna vez Max Weber dijo que si querés salvar tu alma no te dediques a transitar por las avenidas de la política. Se me ocurre que la misma recomendación vale para quienes creen que la política es una manera singular de ejercer el arte fraternal de la amistad. Nunca fue así y no hay razones para que alguna vez lo sea. A los políticos que se les humedece la vista y se les enternece la voz ponderando lo bondadosos que son y cómo aman a sus amigos no les crean. Mienten y además supone que nosotros somos tontos. La amistad, repito, es un don, una virtud privada. Toda ostentación es una farsa, una caricatura o sencillamente una estafa.

IV. Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural y según efusiones verbales de tiempos no tan lejanos, amigo de Milei, expresó su desencanto porque se enteró por los diarios que la baja de retenciones duró apenas tres días y los principales beneficiarios no fueron los productores sino las cereales estilo Cargill, Bunge y Dreyfus, entre otras. Un ministro de Milei respondió diciendo que cuando se toma decisiones de ese tipo no se consulta a sectores privados por más importante que sean. Impecable. Luego agregó que los únicos en condiciones de reunir siete mil millones de dólares en tres días eran las cerealeras y no el gringo de mi pueblo que desde tiempos inmemoriales ordeña todos los días y siembra en todas las estaciones del baño, llueva o truene. O sea que en aquella planicie inmensa que los argentinos conocemos con el nombre de “campo” hay también ganadores y perdedores, hijos y entenados, guapos y miedosos. El gobierno explica los motivos de su decisión pero la explicación incluye un capítulo a favor de los productores los cuales, según sus palabras, se beneficiarán vendiendo la soja que el viernes cotizaba a 298 y ahora cotiza a 344. No soy experto en “campo” para conocer los detalles y modalidades de un complejo procesos de comercialización, pero algo me dice que los productores no están muy contentos con el mejor presidente del mundo, aunque su desazón está muy por debajo de las iras de los farmers yanquis que se consideran literalmente traicionados por el bueno de Trump.

V. Tres chicas de menos de veinte años fueron secuestradas, torturadas y luego despedazadas en lo que se estima es un ajuste de cuentas de alguna banda del narcotráfico. Los hechos ocurrieron en esa tierra de nadie que pareciera ser el Conurbano y en particular La Matanza. Un crimen atroz, sanguinario perpetrado por carniceros que además se regodean de su faena, al punto de que filmaron las escenas macabras para que socios, compinches y soldaditos sepan a qué atenerse si por casualidad en algún momento deciden robarle algunos gramos de cocaína al capo. Veremos qué hace la policía. Han descubierto los restos de las víctimas, están detenidos algunos sospechosos, se cree que se sabe el apellido del que dio la orden de muerte, pero en el mejor estilo “bonaerense”, a los dos días del crimen  la casa donde presuntamente Morena, Lara y Branda fueron asesinadas, y el auto en el que las víctimas subieron con destino de muerte, eran visitados por periodistas, vecinos y curiosos como si fuera un parque de diversiones. En estos detalles, en los detalles de dejar todo habilitado para que las huellas se borren, pareciera que los amigos de  “la bonaerense” no se equivocan nunca. Dejo abierta a la imaginación de los lectores si esos errores los cometen por incompetentes o por cómplices. En todos los casos, tres mujeres jóvenes, y me importa un bledo si a lo que se dedicaban era virtuoso o pecaminoso, fueron asesinadas de una manera salvaje y brutal por la lacra de los narcotraficantes que, como nos enseña la Colombia de Escobar o el México del Chapo, cuando el Estado se retira y el presidente de la nación considera que Al Capone es un  hombre que ejerce el oficio noble de la economía de mercado,  ganan posiciones en los barrios gestionados por punteros peronistas y desarrollan en su estilo y con la dulzura que vimos, las virtudes de un singular estado de bienestar en clave mafiosa: proveer empleos, ofrecer créditos, asegurar movilidad social a los soldaditos leales, garantizar el orden y decidir quién tiene derecho a vivir o a morir.

Publicado en El Litoral el 27 de septiembre de 2025.

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