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Tiempos difíciles

I. A Charlie Kirk lo mató un balazo que le atravesó el cuello, un balazo disparado desde unos 180 metros por un asesino cuyo cuerpo y cuyos movimientos registraron las cámaras, aunque a último momento circulan informaciones que se trataría de un joven de no más de veinte años de apellido Robinson entregado por su propia familia. El arma del crimen estaba tirada en un claro de un  bosque, era un rifle de alta precisión que en EEUU se puede comprar en cualquier local de venta de armas como quien compra un paquete de arroz o una porción de pollo frito. No conozco más detalles de la identidad del joven que disparó, salvo el detalle obvio de que se trata de un asesino, un asesino que paradójicamente halló singulares facilidades para disponer de un arma cumpliendo con la prédica habitual que Charlie Kirk realizaba desde las tribunas y las redes a favor de la libre venta de armas, advirtiendo incluso como un homenaje lúgubre a la ironía que esa libertad era necesaria aunque debiéramos pagar un costo por ello. Poco importa a los efectos políticos prácticos conocer detalles acerca de los motivos o la ideología del asesino; nos basta y sobra con saber que más allá de su salud mental o sus alienaciones ideológicas, pertenece al partido de los asesinos.

II. La muerte de Kirk recordó en algunos memoriosos a los asesinos que liquidaron a Martin Luther King en 1968, también un disparo a cielo abierto que dio en el blanco eliminando a una de las voces más lúcidas y justas de Estados Unidos de aquellos años. Solo en el punto de la trágica muerte la vida de Luther King puede confundirse con la de Kirk, en tanto sus expresiones políticas, culturales eran absolutamente y rotundamente antagónicas. Luther King era un cristiano comprometido, un luchador en defensa de los derechos humanos, la integración racial, la libertad y la justicia. Kirk es exactamente lo opuesto. Sus opiniones acerca de los negros, las mujeres, los homosexuales, eran las de un troglodita, un troglodita que disponía de amplias audiencias que escuchaban arrobadas, contaba con el respaldo incondicional del presidente Trump y hasta adquirió estado público una foto en la que Charlie Kirk posa con Javier Milei. Su muerte es injusta y bárbara, pero una persona no deja de ser lo que es porque haya muerto e incluso sus asesinos sean unos infames.

III. Jair Bolsonaro, el ex presidente de Brasil fue condenado por la Corte Suprema de Justicia a veintisiete años de cárcel por las salvajadas que cometió con cómplices militares y fanáticos de toda laya en las pasadas elecciones presidenciales. Bolsonario no hizo nada diferente a lo que en su momento perpetró Donald Trump en Estados Unidos, pero los jueces de Brasil tomaron decisiones que los jueces yanquis no se animaron a tomar. No sé cómo continuarán los pasos legales, qué hará la defensa de Bolsonaro y si la larga prisión que lo aguarda la cumplirá en su domicilio, en un cuartel o en un pabellón carcelario. Lo seguro es que fue condenado y presumo que no le resultará fácil lograr una reducción de condena o algún indulto o amnistía. Se rumorea que Trump está furioso por esa condena y a través de su íntimo colaborador Marco Rubio expresó sus quejas y sus poco disimuladas amenazas. Lula, en su condición de presidente de Brasil le contestó con los sagrados principios de la autodeterminación, la soberanía nacional y que las políticas del garrote, las cañoneras o los virreyes habían concluido hace décadas.

IV. En Argentina el gobierno lame sus heridas de la paliza que le perpetraron el domingo mientras el peronismo afila colmillos y garras. A las autocríticas de Milei se las debo para un futuro impreciso. Por el momento se ha dedicado a respaldar a sus colaboradores más controvertidos, incluida claro está, su hermana, y a vetar leyes como las del financiamiento universitario y los reclamos acerca de la emergencia pediátrica del hospital Garrahan. Sus asesores estiman que el tropezón del domingo no fue más que eso y que en octubre el electorado votará atendiendo otra lógica. Para octubre faltan unos cincuenta días que transcurrirán con lentitud exasperante como ocurre cuando la política se pone más intensa. El peronismo festeja y sus principales referentes ya se están probando el traje de gala, pero con toda bondad les aconsejaría que no gasten demasiado a cuenta y no se vayan de boca porque la sociedad no olvida las calamidades del pasado y si bien el gobierno de Milei ha manipulado con exceso la contradicción “nosotros o el peronismo”, lo cierto es que así como el peronismo existe también existe el antiperonismo en sus variantes más duras y más pacíficas pero cuando ese antiperonismo se ha unido el peronismo dispone de muchas posibilidades de ser derrotado. Todos estos juegos de danzas y contradanzas son conocidos y hacen las delicias de la política. Por debajo del escenario, a los costados y al frente, hay multitudes que miran, huelen y escuchan. Esas multitudes recelan, desconfían pero por sobre todas las cosas a muchos de ellos les asiste la certeza de que no hay margen para muchos juegos distractivos porque sus bolsillos les dicen con silenciosa elocuencia que cada vez resulta más difícil llegar a fin de mes

V. En todas las circunstancias el presidente Milei debe saber que las actuales calamidades políticas se resuelven con decisiones políticas y liderazgo político. Si a presidente la política lo aburre, como murmuran algunos de sus colaboradores, deberá consultar con la almohada qué es lo que quiere hacer de su vida: divulgar los hallazgos teóricos de Rothbard o discurrir sobre los intríngulis de la macroeconomía o ser un estadista, un jefe de estado. Millones de personas lo votaron en su momento. El voto fue a él, no a Karina y mucho menos a Santiago. Esos millones, a él le están exigiendo una respuesta y a esa respuesta no la puede eludir diciendo que la política lo aburre. En todos los casos no la tiene fácil. Ha ofendido, ha lastimado, ha agraviado a mucha gente, a mucha gente dispuesta a colaborar o a ayudarlo. A los que despreció en sus tiempos de esplendor es complicado que logre seducirlos en su momento de declinación. El destino de los outsider tiene su amanecer y su ocaso y el pasaje de una fase a la otra suele ser muy rápido. Quienes arriban al poder por un golpe de azar, si no son precavidos también pueden perderlo por un golpe de azar. Milei debe saber que a los políticos de raza o, como le gustaría decir a él, a los mejores jefes del mundo, se los conoce en las malas porque en las buenas todos somos encantadores. Y Milei hasta ahora ha gozado de las mieles de la victoria. Los peronistas por su lado festejan pero cuando se disipen los efluvios y vapores de las libaciones sabrán que apenas han dado un primer paso y lo más difícil son los desafíos que le aguardan en el futuro. Kicillof parece ser el ganador de la jornada pero para las elecciones de 2027 falta muchísimo tiempo y la experiencia aconseja que nunca es saludable ser un presidenciable con tanta anticipación.

Publicado en El Litoral el 12 de septiembre de 2025.

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