Se nos fue Juan Boni Radonjic.
Digo se nos fue, porque fue un amigo de muchos en un ámbito, el de la política, donde es difícil tener amigos.
Seguramente influenciado por un medio familiar relacionado con la política y el periodismo -su abuelo había sido primer ministro en Yugoslavia y su padre era el director de El Economista, periódico semanal fundado por ese abuelo-, desde muy joven, Boni se interesó por la historia y la política.
Lo conocí en la época del secundario, era vecino en la calle Ladislao Martínez en Martínez de un compañero de colegio a cuya casa, los que viviendo en lo que llamábamos el centro, que en realidad era barrio norte, éramos invitados a almorzar una vez por semana.
Boni ayudaba a estudiar a mi compañero que siempre se llevaba a diciembre o a marzo Historia. Fue inevitable que sintonizáramos, a los dos nos interesaba la historia, la política y la economía, y esto era importante en el ámbito familiar.
Que estuviera de novio con Carmen Storani, en contacto con su hermano Fredy y con Ricardo, el flaco Campero, hizo que entrara a la facultad de derecho, decidido a ingresar a la Franja Morada desde el primer día.
De hecho, me propuso que fuéramos juntos a tomar contacto con la gente de “la Franja” y así lo hicimos.
Fuimos juntos a nuestra primera asamblea en el aula magna de la facultad, hablaba por la Franja Morada un orador del que me dijo, “es el mejor orador que tiene la facultad y es radical”, era Leopoldo Moreau.
Estando los dos en el ingreso
integramos la lista de la agrupación en las elecciones del centro de estudiantes y luego, ya en primer año, encabezamos y fuimos durante mucho tiempo los dos oradores de la Franja en la facultad.
Boni siguió su camino en el periodismo y en el radicalismo de la provincia de Buenos Aires siendo electo diputado nacional en 1983, siendo junto a Jesús Rodríguez de los diputados más jóvenes de ese enorme por lo grande y lo bueno, bloque de diputados nacionales de la UCR.
Cuando fui designado Intendente de la Ciudad de Buenos Aires por el presidente Alfonsín, Boni me reemplazó como secretario de interior. Al día siguiente de asumir me pidió, con el fino humor que lo caracterizaba, que fuera de inmediato a su oficina para “imponerlo de los temas pendientes”, bajo amenaza de hacer una conferencia de prensa y decir que había encontrado un desastre.
Tuvo un gran desempeño allí y luego fue Secretario de Información Pública, ámbito donde desplegó al máximo sus virtudes como ciudadano y demócrata en ese difícil equilibrio que requiere la relación entre los gobiernos y la prensa libre, la obligación de los gobiernos a informar y el derecho de los ciudadanos a ser correctamente informados.
Su pasión por el deporte, especialmente por el futbol, en cuya práctica también era muy bueno y perseverante, se lo llevó sin avisar. Podría haber sido justicia poética pero no lo fue, Boni estaba pleno, activo en sus inquietudes periodísticas, desde el Economista TV y desde su último proyecto El Estadista, relacionado con economistas, sociólogos, políticos y politicólogos, empresarios, siempre reflexionando, aportando lo mejor, para nuestro país y su gente.
La política necesita buena gente, decente, culta, preparada, que valore la actividad como importante para el desarrollo y la prosperidad de los pueblos, Boni era todo eso, todo lo que requiere la buena política.








