jueves 15 de enero de 2026
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Salud mental y descompensaciones

No pocas personas sienten, al llegar el mes de diciembre, que se mezclan distintas emociones, a veces difíciles de reconocer. Nos encontramos bombardeados por mensajes y listas de cosas que “debemos hacer” antes de fin de año o “para comenzar bien el año”, lo que produce un aumento de malestar y la sensación de que siempre falta algo, acompañado de frases motivacionales, muchas veces cargadas de un positivismo exigente y frustrante.

Este ambiente acelerado es el caldo de cultivo ideal para lo que los profesionales de salud mental llamamos episodios de descompensación, los cuales se explican como períodos en donde la persona que ya presentaba un trastorno, pierde el equilibrio logrado, lo que hace que los síntomas se exacerben o reaparezcan. Esto puede identificarse con un abanico variado de sintomatología, dependiendo de cada individuo, su vulnerabilidad a los factores estresantes, si se encuentra en el marco de un tratamiento psicológico o psiquiátrico y la red de contención con la que cuente. Sin embargo, podemos destacar algunas banderas rojas para prestar atención, ya sea en nosotros mismos o en alguien cercano.

Algunas de ellas son: – un aumento marcado de ansiedad, lo cual puede identificarse como incapacidad para relajarse, aumento de pensamientos negativos o “catastróficos”, disminución marcada del apetito o exceso de “picoteo” e insomnio;

  • desregulación del estado de ánimo, mostrando episodios de intensa tristeza sin un desencadenante claro, disminución marcada en la motivación para realizar actividades (o sentir que todo le genera un esfuerzo muy grande), un aumento de la reactividad ante situaciones cotidianas, respondiendo con enojo desmedido o incluso agresividad y cambios emocionales bruscos incluso dentro del mismo día;
  • disminución de la concentración, incapacidad para pensar con claridad y realizar las actividades cotidianas.

Cuando algunas de estas señales aparecen, pueden verse afectadas diversas áreas de la vida como el estudio, el trabajo, las relaciones sociales o el autocuidado.

En estas circunstancias, aparece la pregunta, ¿qué fue lo que lo causó? No siempre podemos encontrar un desencadenante directo ya que en la mayoría de las ocasiones el ambiente, el cansancio y la sobre exigencia se combinan dando resultados poco saludables, pero también podemos identificar algunos otros detonantes como el consumo de alcohol u otras sustancias, el mal manejo u abandono de la medicación psiquiátrica, situaciones estresantes agudas de gran magnitud o mantenidas en el tiempo y enfermedades o dolencias físicas. Debido a esta diversidad, es difícil prevenir un episodio de descompensación, sin embargo existen pautas que, sin pretender ser una “receta mágica e infalible” (lamentablemente tan publicitadas en redes sociales), si pueden ayudar a atravesar los momentos estresantes de una manera más saludable.

Algunas de ellas son:

  • Si se está tomando medicación (de cualquier tipo), indicada por un profesional de la salud, llevar un registro de la misma para no generar olvidos ni omisiones. Para esto sirven los pastilleros, las alarmas y las aplicaciones en el celular para marcar una vez que se tomó. En caso de ser familiar responsable de una persona que no puede controlar su propia medicación, estas mismas herramientas pueden ayudar.
  • Concentrarse en una sola cosa por vez y establecer descansos obligatorios en el día, aunque sea unos minutos para estirar el cuerpo, dormir una siesta, dar una caminata (una vuelta a la manzana, no hace falta que sea extensa), o simplemente cerrar los ojos y concentrarse en la respiración.
  • Respetar los horarios de las comidas y de dormir.
  • Disminuir el consumo de pantallas (colocar temporizador a las aplicaciones del celular para que las mismas se cierren luego de determinado tiempo de uso).
  • No sumar compromisos que generen malestar (no hace falta ir a todas las reuniones de fin de año, ni escribir balances o metas inalcanzables para el 2026).
  • Si se identifican algunos de los síntomas enumerados anteriormente, es importante que acudir a un profesional, ya sea en consultorio o, en caso de urgencia, a una guardia en la institución más cercana.

Es importante recordar que los tratamientos son individualizados y se adaptan lo mejor posible a las necesidades de cada persona, con sus variables orgánicas y ambientales, por lo que no es recomendable seguir “protocolos” de internet o de personas no especializadas, sin la supervisión de un profesional. El estado de salud es una construcción diaria y personalizada.

 

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