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Opinión 07 04 2021

Salir de la trampa


Autor: Aldo Isuani









El actual gobierno, como el anterior y el anterior a éste, no parece advertir que los desajustes macroeconómicos que enfrenta son tan profundos que no es posible resolverlos a menos que se implementen medidas draconianas en un espacio muy corto de tiempo como es el intervalo bianual de nuestro régimen electoral.

En consecuencia, no realiza el trabajo necesario para comenzar a revertir dichos desajustes porque debe enfrentar elecciones que juzga decisivas para su futuro con lo que solo logra profundizar el problema.

Así, la búsqueda de mantener el poder, causa del cortoplacismo, convierte la próxima elección en el principal objetivo de gobierno al que subordina toda necesidad de restablecer equilibrios, convirtiéndose en una trampa muy difícil de eludir. “A mi no me va a pasar” puede ser la esperanza de quien esta en esta situación y confía en que algo sucederá que mágicamente permitirá resolver el desajuste y el triunfo electoral. Pero confiar en milagros es sumamente riesgoso.

En el caso del actual gobierno, aun triunfando en la próximas legislativas, cosa que no parece clara al presente, es altamente probable que los desajustes se expresen con virulencia luego y conduzcan a derrota política, como sucedió con anteriores gobiernos.

Si este ciclo no se interrumpe, los fracasos acumulados terminaran agudizando la pobreza del país y dañando severamente la democracia. Mayor irrelevancia internacional, retroceso productivo y descomposición social serán algunas de sus consecuencias

Así, ¿cuales son los escenarios que enfrenta el país?

En primer lugar, como Sísifo, en el intento de aferrarse al poder en cada elección, quien gobierna pospone hacer lo necesario para no perderla lo que tarde o temprano conduce a perderla solo para que la nueva fuerza a cargo reinicie el ciclo. El resultado de este círculo vicioso es decadencia continua a la cual la sociedad puede terminar resignándose o rebelándose en algún momento.

En este último caso, la interrupción del sistema democrático puede ser la consecuencia con dos direcciones antagónicas a las cuales puede dirigirse el autoritarismo resultante: un sendero estatista de sesgo anticapitalista inspirado en sociedades como la venezolana o cubana o un autoritarismo procapitalista próximo al modelo chino o pinochetista.

En el primer caso no deben esperarse resultados muy diferentes a lo que ofrecen los dos países aludidos. En el segundo caso, es posible un crecimiento económico sostenido pero arrojan dudas los antecedentes de los autoritarios argentinos para producir una revolución capitalista. Fueron mucho mas eficaces en dañar el cuerpo social que en lograr un crecimiento sostenido.

Existe también un camino de desarrollo capitalista en democracia liderado por un amplio gobierno de coalición. Sobre la base de un compromiso de resolver los desajustes macroeconómico y potenciar el desarrollo de las fuerzas productivas, este camino debería implicar inserción en el mundo potenciado nuestras ventajas comparativas, estimulo del esfuerzo y la innovación, mas y mejor educación, protección de los mas vulnerables a través de promocionar actividades laborales y educativas, intransigencia frente a la corrupción, castigo del delito, facilitar el mundo de la producción, mejorar la calidad de gestión del Estado, limitar los poderes corporativos, entre otras tareas.

Esta opción que prefiero junto a muchos otros, tiene como requisitos principales dirigentes ejemplares con voluntad y capacidad de colocar al país en el lugar que le corresponde dado su potencial humano y económico y explicar con claridad a la sociedad cual es la verdadera situación y a donde se quiere llegar. Estos dirigentes existen pero no abundan.

Una amenaza de todas maneras penderá sobre este amplio gobierno de coalición que debe enfrentar desafíos electorales: dado que reestablecer equilibrios será sin dudas doloroso y probablemente no muy corto en el tiempo, la pérdida de apoyo político puede atraer hacia salidas mesiánicas a una población agobiada. Por ello la salida autoritaria estará siempre en agenda hasta, al menos, comiencen a verse frutos positivos.

Publicado en Clarín el 6 de abril de 2021.