La Cámara de Diputados de la Nación convocó esta semana a especialistas en salud pública, infectología, derecho sanitario y comunicación para analizar un tema urgente: la caída crítica de las coberturas de vacunación y el avance de la desinformación, una combinación que amenaza con reabrir la puerta a enfermedades que ya habían sido eliminadas en Argentina.
Entre los invitados se destacó Adolfo Rubinstein, director del IECS y del CIIPS, quien expuso ante las Comisiones de Acción Social y Salud Pública y de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
El contexto es sensible porque, en paralelo al debate en el Congreso, se conoció un caso de sarampión importado en una familia que ingresó al país desde Uruguay, lo que volvió a poner el foco en la importancia de sostener altos niveles de inmunización. Este tipo de eventos -que la OPS considera “inevitables” cuando existen diferencias de cobertura entre países y circulación viral en la región- funcionan como pruebas de estrés para el sistema de vigilancia argentino. En escenarios de baja vacunación, incluso un solo caso importado puede iniciar una cadena de transmisión capaz de generar un brote,
“El debate sobre si las vacunas funcionan está saldado hace un siglo”
Rubinstein abrió su presentación con un mensaje claro:
“Parece absurdo seguir discutiendo si las vacunas producen o no beneficios. Ese debate se saldó en las primeras décadas del siglo XX.”
A partir de allí pasó al eje central: por qué la vacunación está cayendo en Argentina, aun cuando las vacunas del calendario son gratuitas, seguras y forman parte de una tradición sanitaria sólida.
Según explicó, las causas son múltiples, pero dos se volvieron predominantes:
1. La “fatiga pospandémica” y el relajamiento general de conductas.
La pandemia dejó un efecto paradójico: mientras reforzó temporalmente la vacunación contra COVID-19, debilitó la percepción de riesgo frente a las enfermedades prevenibles.
- La pérdida de confianza pública, impulsada por mensajes oficiales contradictorios
Rubinstein fue directo:
“Hay discursos oficiales que cuestionan el beneficio de las vacunas y alinean al país con referentes antivacunas internacionales. Esto le hace muchísimo daño al debate público.”
El riesgo real: la altísima transmisibilidad del sarampión
- El sarampión tiene uno de los índices de reproducción (R₀) más altos del mundo, entre 12 y 18. Es decir: una sola persona infectada puede contagiar a entre 12 y 18 personas no inmunizadas.
- No existe tratamiento específico: la única estrategia eficaz es la vacuna Triple Viral.
- La inmunidad colectiva exige coberturas superiores al 95% para bloquear la transmisión.
- A partir de la inmunidad colectiva, se resguarda a quienes no pueden vacunarse y son más susceptibles, como bebés muy pequeños, embarazadas o personas inmunodeprimidas, quienes tienen mayor riesgo de cuadros graves que pueden llevar a la muerte.
Sin embargo, en Argentina:
- La primera dosis bajó del 86% al 81% entre 2019 y 2023.
- La segunda dosis cayó del 80% al 55% en el mismo período
Rubinstein lo resumió como:
“No podemos andar siempre apagando brotes. Con coberturas del 50% en mayores de 5 años, los brotes van a seguir ocurriendo.”
Rubinstein pidió una acción decidida del Congreso para exigir al Ministerio de Salud una estrategia nacional de refuerzo de la vacunación, incluyendo:
- campañas masivas y sostenidas;
- operativos territoriales;
- descentralización de vacunatorios;
- articulación con escuelas y centros comunitarios.
La advertencia es clara: sin una recuperación sostenida de las coberturas, Argentina enfrenta un riesgo real de nuevos brotes de sarampión y de otras enfermedades inmunoprevenibles.
En este enlace podés ver la intervención completa. https://lnkd.in/dM-9YnR4








