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Opinión 24 03 2021

¿República o “monarquía electiva”?


Autor: Liliana De Riz









Los argentinos seguimos navegando en una carabela a la deriva. Sin embargo, poco parece importar al oficialismo que la frágil nave del Estado se encamine al naufragio. Hoy asistimos a un juego político peligroso que Cristina Kirchner conoce bien.

Su maestro, Ernesto Laclau, le enseñó las reglas de los Césares en su obra más conocida, La Razón Populista. Por cierto, esas reglas son menos sangrientas que hace dos milenios, pero igualmente dañinas. Es el apólogo del alacrán, tantas veces citado. Una vicepresidente poderosa que controla las principales palancas de la maquinaria estatal y designa a los abogados que deberán juzgarla. Un presidente cuya autoridad se ha degradado a lo largo de su primer año de gobierno. Un presidente que no ha podido o no ha querido desafiar a quien lo invistió prestándole sus votos.

¿Qué forma de gobierno tenemos? Muchos ensayan variadas respuestas. Acaso se trata de una “monarquía electiva”. En las monarquías, nos dice Montesquieu , “el honor lo favorecen las pasiones que son, a su vez, por él favorecidas”.

Esas pasiones se van fagocitando a un Estado en bancarrota y conspiran contra los consensos necesarios para enfrentar los descomunales desafíos del presente.

Una convergencia de oficialistas y opositores en un programa mínimo común requiere lo que en el pasado se denominaba patriotismo: un acuerdo, más útil que moralmente admirable, como sabia decir Tulio Donghi. Supone que los protagonistas resignen la confrontación en pos de un objetivo, en este caso, impedir el naufragio, porque todos nos hundiríamos por igual.

Sin embargo persiste la intolerancia de un gobierno empeñado en gobernar en soledad porque no reconoce en la oposición a un interlocutor obligado de sus proyectos. La emergencia sanitaria y el justificativo de la herencia recibida, le facilitan la tarea de gobernar por decreto.

La arbitrariedad de la copartipación de recursos domina la voluntad de muchos gobernadores. Gobernar en emergencia ya tiene tradición en el peronismo. Asumen que vienen a reparar las crisis provocadas por otros y que esa situación da legitimidad a sus propósitos, pero ignoran las crisis que dejan a su paso y deben enfrentar los sucesores de otro signo político. Corsi e ricorsi de la política argentina .

Esta dinámica política abona el terreno en el que los populismos echan raíces. Argentina sigue siendo un laboratorio de experiencias populistas bajo los distintos ropajes con los que el peronismo resurge.

Los principales protagonistas practican el monólogo, descalifican a la oposición, a la que endilgan todos los males, y prometen un nuevo paraíso en un futuro que está en el pasado, en la Argentina de fines de la década del 40. Una utopía que cuenta con una abanderada de los humildes para completar la coreografía de la nostalgia. La gestión de la emergencia sanitaria dice mucho de quién tiene el poder y cómo lo ejerce, aquí y en todo el planeta.

El coronavirus nos atacó bajo el mando de una inédita fórmula de poder y en medio de “batallas” a las que el virus agregó un “enemigo” invisible. Mientras tanto, no hay suficientes vacunas, no hay suficientes testeos ni rastreos, no se da prioridad a los adultos mayores ni a los vulnerables, poblaciones en las que la probabilidad de una muerte atroz espera a la vuelta de la esquina. Se vacunan con escasas vacunas a privilegiados de este régimen, fieles creyentes que ostentan la “ve” de la victoria en fotografías pornográficas.

Fatigados por una feroz pandemia y agobiados por tanta promesa incumplida, asistimos a una suerte de guerra civil larvada que se liHalperín bra en diferentes frentes. Enemigos de dentro y de fuera , alimentan los enfoques apocalípticos de una vicepresidenta que, por escrito y, cada tanto haciendo oir su voz estridente, no vacila en degradar a quienes la están juzgando y a la justicia toda so pretexto de “lawfare”, Acaso esta escalada simbólica, sumada al asedio a las “colinas” del presidente-acaba de despedir a su funcionaria de confianza más cercana-podría continuar. Esta es una duda inquietante que nos desvela a muchos. Las elecciones de medio término abren la posibilidad de contener este ímpetu imperial y sentar las bases institucionales para lograr consensos.

¿Podrá armarse una amplia coalición para contener estos desvaríos o bien las fuerzas políticas estarán tentadas a probar su fuerza para sumarse a la cacofonía reinante y tomar revancha de pasados frustrados?

¿Habrá generosidad y paciencia o dominará la competencia entre personalismos impacientes y rencorosos?. De cómo se enhebre la coalición opositora en las elecciones intermedias dependerá el futuro que hoy asoma sombrío.

Algo es claro en este panorama de confusiones, marchas y contramarchas, de un Presidente que se muestra extraviado en un laberinto: este gobierno no ha mostrado suficiente determinación y organización.

La gestión de las vacunas y la logística de su aplicación están lejos de acallar nuestros temores. Las fechas del calendario son esperas que pasan y se convierten en nuevas esperas. Esperando estamos mientras la vicepresidente, ya doblemente vacunada, desespera por poner punto final a las causas que la tienen a mal traer. Vivimos un presente convulsivo en un planeta asediado de peligros y sin que las respuestas sensatas logren imponerse. Y en Argentina, los que mandan se empeñan en repetir la parábola que fatalmente nos lleva de la ilusión al desencanto y la furia.

Publicado en Clarín el 23 de marzo de 2021.