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Reflexiones acerca del rol de los facilitadores de IA en educación

Hace años me tocó ser apoderado legal de un colegio de la Ciudad de Buenos Aires. Allí pude escuchar con atención el enfoque pedagógico vinculado al “docente mediador”. Aprendí que se sustenta, entre otros, en la “zona de desarrollo próximo” de Vygotsky (1896-1934) y en contribuciones posteriores. Valora el error como una oportunidad constructiva de mejora y promueve la autorregulación y el aprender a aprender.

Recientemente, con el despliegue de las distintas aplicaciones de la inteligencia artificial, se ha comenzado a utilizar la palabra o el concepto de “facilitador”. Es toda persona que cuenta con el conocimiento que permite hacer un uso correcto de la inteligencia artificial. Ello se ejerce no solo en el sistema educativo sino también en la capacitación del personal de empresas y organizaciones que tienen que aplicarla.

En distintas jurisdicciones provinciales de Argentina, ya existen instituciones educativas, experiencias de capacitación docente e implementación con alumnos del uso de aplicaciones de IA. El 11 de noviembre de 2025, el Club Político Argentino organizó una reunión sobre “La IA: Amenaza o nuevo paradigma educativo, inclusivo y personalizado”. Allí se comentó el caso de plataformas que conllevan distinto grado de involucramiento de los docentes en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Muy recientemente se ha conocido que han aparecido experiencias como la del “Alpha School”, en un colegio privado de Austin, Texas (EEUU) que utiliza software de IA adaptativa. Los alumnos estudian materias principales por solo dos horas al día con tutores de IA y dedican el resto de la jornada a talleres de habilidades prácticas.

Según lo que ha trascendido y publicado en internet, el funcionamiento del modelo “clases con IA” se concreta en dos horas cada mañana dedicada a matemáticas, lectura, ciencias y lengua usando algoritmos personalizados. En cuanto al rol de los docentes, los profesores tradicionales se reemplazan por “guías” que motivan y apoyan de manera emocional, sin dictar clases magistrales. Son “facilitadores” y acompañan el proceso de enseñanza-aprendizaje de otra manera a como se ha venido haciendo hasta ahora.

En este giro civilizatorio copernicano que estamos viviendo, es fundamental tratar de conocer en detalle estos fenómenos, aprender de ellos y ver qué podríamos implementar positivamente para nuestra realidad. Esto último, más allá de los lineamientos que se puedan impulsar desde el Consejo Federal de Educación, su implementación dependerá de la capacidad de cada jurisdicción y de los directivos y personal docente de cada establecimiento.

Un tema también muy importante es su posible aplicación a la formación técnico-profesional que dan los institutos de nivel terciario. Sabemos que la formación para el trabajo, depende del perfil o modelo de país que se va generando en la actualidad y a corto o mediano plazo. Si coincidiéramos que en el mismo -a trazos gruesos- es dual: por un lado el de la economía cordillerana o de “la economía de la ruta 40” más el de la producción agropecuaria competitiva a nivel internacional y economía del conocimiento. Y, por otro lado, el de la “economía de los servicios” en los diferentes centros urbanos y regiones donde avanza la desindustrialización. Seguramente coincidiremos que esta educación técnica debería ser de calidad para estos dos sectores.

Para que sea de “calidad” debe actualizarse la formación de los docentes actuales, así como la aplicación de videos y de inteligencia artificial que asista a los alumnos en las distintas especialidades.

Es un gran desafío y no debemos dejar pasar la oportunidad de implementarlo.

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