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Opinión 27 08 2021

¿Qué es lo que está en juego?


Autor: Liliana De Riz









Las elecciones legislativas de renovación parcial del Congreso se realizarán en un clima signado por la penuria y las miserias de la gestión de la pandemia. Más que en otras elecciones, la incertidumbre caracteriza estos comicios. Una pandemia que no muestra su fin, una economía quebrada, una autoridad estatal cuestionada en una sociedad más pobre y desigual y en un mundo en cambio que nos encuentra sin respuestas.

Las imágenes festivas de un presidente que incumple las normas que dictó mientras la pandemia arrasa con la vida de más de 100.000 argentinos potenciaron la bronca de muchos. Los vacunatorios vip y las imágenes del ministro de Salud destituido gozando del verano madrileño ya habían conmovido la sensibilidad de una población acuciada por el miedo al virus y el miedo al futuro. El enojo se había disparado.

Muchos se preguntan qué sentido tuvieron la prolongada cuarentena y las prohibiciones a la luz de los resultados obtenidos y de las penosas consecuencias sobre la vida de las personas. Muchos ven con estupor cómo la palabra presidencial se devalúa cada vez que el Presidente dice y se desdice, niega y a continuación asume responsabilidades por hechos que le ocurrieron sin que quede claro quién los gestó. Presidente ingenuo, según los dichos de la vicepresidenta; presidente débil, de un presidencialismo delegativo que tiene en Cristina Kirchner su alfa y omega. Presidente que no encuentra el rumbo en una sociedad dividida entre la variopinta colección de los privilegiados y los que no gozan de privilegio alguno.

Una sociedad en la que no impera la igualdad de todos ante la ley. El sistema político, organizado en torno a las dos grandes coaliciones, resiste, pese a los desafíos de la crisis. No hay en el horizonte amenazas golpistas, los argentinos votan y castigan con su voto. El lenguaje político se radicaliza, pero todos quieren votar. Los gobiernos pierden elecciones. Hubo finalmente alternancia en 2019. El cataclismo de 2001 encontró soluciones parlamentarias. Los militares siguen en el cuartel.

En franco contraste con el panorama regional, la protesta social no desbordó los canales institucionales de las organizaciones populares. El movimiento piquetero, surgido tras las reformas neoliberales de la década de 1990, ha logrado reconocimiento como actor social: obtuvo la personería social de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, primer paso para obtener la sindicalización.

La organización de los desocupados es una singularidad de la Argentina. Paradoja de un capitalismo de amigos que otorga derechos del mundo del trabajo al contingente creciente de los excluidos, sin contar con fuentes que garanticen los recursos genuinos para hacer efectivos esos derechos. El “acampe” se hace equivalente de la huelga laboral aunque no tenga otra consecuencia que demorar el tránsito. La comunidad organizada. Nadie con los pies fuera del plato.

La provisionalidad es el rasgo más notorio del contexto en que compiten las dos grandes coaliciones; el Frente de Todos, que unifica al peronismo y tiene su eje en el Poder Ejecutivo, y Juntos, que reúne a las principales fuerzas del arco no peronista, con eje en el Congreso.

Las elecciones legislativas suelen ser menos polarizadas que las presidenciales. Sin embargo, el contexto inédito de estas elecciones favorece la polarización. El oficialismo arriesga la pérdida de votantes moderados que no integran su núcleo duro y pueden no estar dispuestos a justificarlo todo en medio de esta crisis. JXC enfrenta el desafío de ampliar su base de representación y atraer a los desencantados del gobierno actual, entre los cuales está la diáspora del voto a Cambiemos en las elecciones de 2019.

La coalición opositora tiene que renovar las bancas que supo conseguir en 2017, pero tiene que convencer a sus votantes de que es una alternativa para lograr una distribución del poder más equilibrada, que ponga límites a los abusos de poder y enhebre los acuerdos que hagan factible recuperar la confianza en la autoridad estatal y emprender el rumbo de desarrollo sostenido.

La coalición oficialista ha dado sobradas muestras de que gobiernan solos, sin voluntad de negociar, acostumbrados como lo están a gobernar bajo el paraguas de la emergencia, hoy justificado en el Covid-19. El Senado, territorio en el que pesa el poder de los gobernadores, el FDT se impuso con bancas y con los modos de una vicepresidenta que no dudó en hacer valer esa superioridad aun al precio de sesiones virtuales manejadas a su arbitrio.

Empero, necesita mayorías holgadas en Diputados para transformar en ley su programa de gobierno, que consiste en reformar a su medida las instituciones y gobernar con la aquiescencia del Congreso para sellar el ajuste que el FMI exigirá y cuyo costo político quiere compartir con una oposición responsable a la que prefiere como actor de reparto. No sabemos cuánto ausentismo habrá en pandemia, ni cuánto voto bronca o en blanco se disparará en las PAS0. Las generales, a la manera de una segunda vuelta, propiciarán el voto estratégico. Muchas incógnitas sin descifrar aún.

Publicado en La Nación el 26 de agosto de 2021.