Traducción Alejandro Garvie
Desde multas de estacionamiento hasta planificación, el Estado está bajo el asedio de la IA.
El potencial de la IA para reducir drásticamente el costo del Estado ha dejado al gobierno británico eufórico. El año pasado, los funcionarios identificaron más de 140 posibles usos, desde el análisis de cables diplomáticos hasta la optimización de centros de llamadas.
A los altos funcionarios se les entregó una caja de herramientas para ahorrar trabajo, llamada “Humphrey”. Peter Kyle, entonces secretario de Tecnología, previó un ¡45 mil millones de libras” en ahorros anuales (61 mil millones de dólares, hasta el 7% del gasto del sector público). En realidad, los ahorros podrían ser más modestos, o incluso desaparecer por completo.
Esto no se debe solo a que Whitehall pueda no estar a la altura de la retórica heroica del Sr. Kyle. El mayor desafío es que el público también está adoptando la IA rápidamente, utilizando herramientas de IA para gestionar sus interacciones diarias con el Estado y le exigen cada vez más. En efecto, ha comenzado una carrera armamentística de IA entre el Estado y los ciudadanos, y no está claro que el Estado vaya a ganar.
Tomemos como ejemplo la planificación urbanística. Los funcionarios han desarrollado herramientas para agilizar la aprobación de viviendas, dando un veredicto inicial sobre si un plan cumple con la ley. Sin embargo, las autoridades locales informan de un aumento considerable de las objeciones generadas por IA a los proyectos urbanísticos propuestos. Estas objeciones suelen ser más eficaces: las presentaciones con ayuda de IA citan códigos de planificación y precedentes legales, con todo detalle. Por 45 libras, Objector AI, una plataforma, escanea un montón de documentos de planificación, elabora los fundamentos legales de la oposición y redacta un discurso para leer en una reunión pública.
O consideremos las prestaciones sociales. El Departamento de Trabajo y Pensiones utiliza IA para procesar solicitudes y detectar fraudes. Pero los solicitantes, también recurren a chatbots de IA para redactar sus demandas y maximizar sus posibilidades de éxito. Podría resultar costoso: los británicos solicitan menos prestaciones de las que les corresponden, quizás más de 2.000 millones de libras al año (0,7% del PIB), según algunas estimaciones.
El impacto se siente en los ámbitos más cotidianos del Estado. La IA está detrás del aumento de las solicitudes de acceso a la información, más complejas, afirma la Oficina del Comisionado de Información, un organismo regulador. Plataformas como Pelp redactarán cartas de apelación contra multas de aparcamiento.
La nueva Ley de Derechos de los Inquilinos, que permite a los inquilinos impugnar las subidas de alquiler ante los tribunales, es un objetivo prioritario para la IA. Las quejas ante los organismos reguladores estatales sobre abogados, asesores financieros, asesores inmobiliarios están aumentando, según datos recopilados por Chris Schmitz, de la Hertie School de Berlín, quien ha acuñado el término “inundación de agentes”. El Reino Unido podría estar particularmente expuesto a esta inundación porque los servicios gubernamentales suelen aceptar solicitudes en formato de texto libre, que la IA redacta con eficacia, sugiere.
Pero esta tendencia también se observa fuera de Gran Bretaña. En un próximo artículo, el Sr. Schmitz contabiliza 93 ejemplos en 11 países. El Defensor del Pueblo Europeo, un organismo de control de reclamaciones, el regulador de privacidad canadiense y los tribunales laborales australianos atribuyen un fuerte aumento de los reclamos a la IA. Un municipio neerlandés informó que las objeciones a las valoraciones del impuesto sobre la propiedad aumentaron un 400 % tras el lanzamiento de una plataforma comercial de IA para presentar apelaciones contra ellas.
La situación se acelerará aún más con la adopción de agentes de IA capaces de ejecutar tareas en nombre del usuario. Por ejemplo, pueden comprobar si una propiedad se encuentra en la categoría impositiva incorrecta y, posteriormente, corregirla, señala Tom Loosemore, de Public Digital, una consultora. Los agentes de IA son especialmente adecuados para sortear la burocracia. Son buenos para comprender la letra pequeña, expertos en rellenar formularios y, cuando se trata de un proceso de apelación tedioso, nunca se rinden.
The Economist Agosto 2026, página 23.








