Traducción Alejandro Garvie
Este ha sido un año accidentado para la economía estadounidense. Si bien hubo un auge masivo en las inversiones relacionadas con la IA, la incertidumbre causada por los aranceles y otras políticas del presidente Donald Trump frenó el crecimiento en la segunda mitad del año, y las disrupciones en los datos oficiales de empleo e inflación, como resultado del cierre gubernamental más prolongado de la historia, han empañado aún más la percepción de los responsables políticos. La gran pregunta ahora es qué nos deparará 2026.
Existen tres escenarios posibles. En el escenario base, EE. UU. sufrirá una recesión del crecimiento (es decir, un crecimiento del PIB por debajo de la tendencia) durante unos meses, seguida de una recuperación y una disminución gradual de la tasa de inflación hacia el objetivo del 2 % de la Reserva Federal. Considérese este escenario como el ideal de Ricitos de Oro. En el segundo escenario, la economía experimenta una recesión superficial durante algunos trimestres, seguida de una recuperación del crecimiento más lenta que en el primero. Y el tercer escenario presenta un resultado de “sin aterrizaje”, en el que el crecimiento se mantiene sólido, pero la inflación no disminuye hacia la tasa objetivo.
El escenario ideal es la base, ya que la disciplina de mercado, los buenos asesores y una Reserva Federal aún independiente (pese a las periódicas amenazas de Trump) ya han obligado a la Casa Blanca a ceder y a reducir los elevados aranceles anunciados el 2 de abril. Desde entonces, la administración ha negociado diversos acuerdos y marcos comerciales con aumentos arancelarios más moderados (a menudo a cambio de compromisos de inversión en Estados Unidos). Como resultado, el crecimiento estadounidense y mundial se ha desacelerado ligeramente, pero la inflación solo ha aumentado moderadamente.
Si se produce una fuerte recuperación a mediados del próximo año, esta se verá impulsada por varios factores: una mayor flexibilización monetaria por parte de la Reserva Federal; un estímulo fiscal aún en desarrollo (la mayoría de los recortes de gasto recientemente aprobados no se implementarán hasta después de las elecciones de mitad de mandato de 2026); balances sólidos de hogares y empresas; condiciones financieras favorables (debido a los altos precios de las acciones, los bajos rendimientos de los bonos y los diferenciales de crédito, y la depreciación del dólar); y el fuerte impulso de los gastos de capital (capex) relacionados con la IA. Además, la inflación podría alcanzar su punto máximo y luego comenzar a descender el próximo año a medida que se desvanezcan los efectos de base de los aranceles y las ganancias de productividad impulsadas por la tecnología comiencen a reducir costos y a generar nuevas eficiencias.
Aunque no se puede descartar el segundo escenario (una recesión breve y superficial con una recuperación más lenta), es menos probable que el escenario base. Los efectos de los aranceles tienden a aparecer con un retraso, lo que significa que las políticas comerciales estadounidenses aún podrían impulsar la inflación, erosionando así los salarios reales y debilitando aún más la confianza del consumidor. Ya se habla de una emergente “economía en forma de K” en la que los hogares de altos ingresos prosperan y los de bajos ingresos luchan. La confianza empresarial también podría verse afectada, especialmente si las preocupaciones sobre una burbuja de IA conducen a una gran corrección del precio de las acciones y un gasto de capital más suave. Pero incluso en este escenario más sombrío, la recesión sería breve y superficial, porque la Reserva Federal recortaría las tasas de forma más agresiva y las autoridades fiscales podrían intervenir con estímulos adicionales para apoyar la recuperación económica.
Finalmente, no se puede descartar el escenario alcista sin aterrizaje, ya que algunos indicadores recientes sugieren que la economía es más resiliente de lo que se creía. Por ejemplo, la aparente desaceleración de la contratación podría deberse a una caída en la oferta laboral —debido a las medidas drásticas de la administración Trump contra la inmigración— y a las tempranas ganancias de productividad derivadas de tecnologías nuevas o recientemente adoptadas. La rigidez de los mercados de productos y de trabajo elevaría los salarios y promovería el crecimiento general, y la inflación subyacente (excluyendo alimentos y energía) se mantendría cerca del 3%. En este caso, quienes en el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), encargado de fijar los tipos de interés, se preocupan por el sobrecalentamiento, tendrían ventaja, y la Fed podría abstenerse de recortar los tipos mientras persistan un crecimiento superior al potencial y una inflación superior al objetivo.
Dicho esto, este último escenario no es el escenario base (el más probable), ya que otros indicadores recientes apuntan a una debilidad económica. Además, diversos factores geopolíticos adversos – como un empeoramiento de las tensiones comerciales chino-estadounidenses y de las relaciones en general, o un nuevo conflicto que provoque un aumento repentino de los precios del petróleo – siempre podrían llevar la economía a una recesión. Afortunadamente, estos shocks se han contenido en gran medida, y cabe esperar que se mantengan así.
Si la economía estadounidense se recupera en 2026, y si la economía china se mantiene resiliente y mantiene un crecimiento cercano al 5%, las perspectivas globales mejorarán. Tanto las economías avanzadas como los mercados emergentes estarían en camino de un crecimiento más sólido en comparación con el observado en 2025. Aunque persisten importantes riesgos a la baja, se puede ser cautelosamente optimista de cara al nuevo año.
Link https://www.project-syndicate.org/commentary/us-economy-outlook-2026-by-nouriel-roubini-2025-11








