La primera versión de esta noticia se pudo leer en el portal de la BBC en español: el ganador de la edición 2026 de un tradicional concurso inglés de cuentos cortos habría sido escrito con -¿por la?- Inteligencia Artificial (AI).
Al día siguiente, esta noticia ya no se encontraba en la app de la BBC. Pero, si se la buscaba a través de buscadores, aparecía en otros links a los portales de varios diarios del mundo. Entre otros, a la versión española del New York Times. La noticia, pues, había corrido por la tierra como un verdadero reguero de pólvora.
Parece ser que, después de un lapso de estupefacción y otro más largo dedicado a someter al cuento a un minucioso scanneo de uno de esos programas que analizan la humanidad o artificialidad de un texto, los miembros del jurado y el personal administrativo del concurso informaron que no afirmarían ni negarían la autoría del cuento, sino que mantendrían el premio tal como había sido otorgado: al autor en cuestión. Y esto sería así, explicaron, porque la Inteligencia Artificial (AI) les había informado que “el cuento bien podría haber sido escrito por… un humano” (sic). Una muestra de la humanidad de la AI: parte y jueza.
Pero no es éste el dilema encerrado en la noticia (la AI como jueza y parte) sino la contumaz conducta de los denunciantes. Porque los denunciantes argumentaron que el cuento tenía unas estructuras literarias rebuscadas y hasta impropias de una inteligencia natural. Por ejemplo, se afirmó que en el cuento se usaban la siguiente estructura lingüística de negación antitética:
“No es X ni es Y sino que es Z”
o
“No es X sino Z”.
Este argumento usado por los acusadores suena raro porque la tal estructura lingüística de negación antitética ha sido un recurso literario anterior -muy anterior- a la IA, por lo cual no se entienden ni la sorpresa de esos autores perdidosos ni la de sus excéntricos lectores; la cosa ya lleva siglos en la literatura española y otro tanto en la inglesa, con su encantadora estructura adverbial: “neither /nor / but”
Una consulta a una AI me informa que la estructura literaria “No X ni Y sino Z” aparecía ya en la Égloga II de Garcilaso de la Vega, en el siglo XV, de la siguiente manera:
“Soy otro de quien fui, no soy el mesmo,
sino una sombra viva de aquel hombre.”
(Se trata, por supuesto, de un locus temático muy usado en la lírica del desencanto, que nosotros conocemos muy bien de cuando Enrique Santos Discépolo lo hace cantar a Gardel, en “Malevaje”:
“Decí por Dios que me has dado
Que estoy tan cambiao
No sé más quien soy”
…aún cuando en este ejemplo del desencanto, no se aplica el recurso filológico).
Pero aún mejor y mas complejo en el Soneto XXXVIII del mismo Garcilaso:
“Ni de mi mal querella me defiende,
ni por mudanza el pensamiento afloja
sino que vuestro gesto me despoja
de la razón…”
También podría recordarse, de un modo algo confuso, que alguna vez Borges ha escrito algo así. La AI lo confirma; dice que sí, que Borges usaba la estructura de negación antitética de un modo simple y directo. Así, en el soneto 1 del poema “1964”:
“Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.”
Quiere decir, entonces, que es difícil atribuirle el recurso “No X ni Y sino Z” a la AI cuando el recurso ya existía en la lírica, la refranería y la prosa desde por lo menos el siglo XV y en, por lo menos, todo occidente.
(Con sabia sabiduría, la AI también cita la siguiente negación antitética de Borges en el siguiente refrán: “Los peronistas no son buenos ni malos; (sino que) son incorregibles.”)
Lo aún mas curioso de la noticia sobre el falso (o no) triunfo literario de la AI reside -según los autores derrotados y sus acólitos lectores han denunciado— también en la acusación de que en el cuento ganador se usan adjetivos absurdos. Por ejemplo:
“los rumorosos bosques”
Nótese -como arriba, en el primer soneto de 1964, ya se ha citado- que Borges usa una adjetivación que hoy es referencia escolástica. Escribe:
“los lentos jardines”.
¿Son los “bosques rumorosos” más artificiales e inhumanos que los “lentos jardines”? Más bien, los rumorosos bosques son -literalmente- más bobos y convencionales. En consecuencia, se indica aquí que no hay verdaderos indicios de que el cuento corto que ganó el concurso inglés haya sido creado por una inteligencia artificial. El jurado, una y otra vez, ha tenido razón.
Por fin, una cita extra literaria.
Cuenta un joven estudiante de cuarto año de Física que ha tenido un profesor de Física I -un JTP también joven y ya con algún reconocimiento académico- que preparaba sus exámenes sometiéndolos a la revisión de la AI. Cada vez que la AI lo resolvía, el joven profesor lo reformaba hasta llegar al punto en el que la AI fracasaba: ése era el ejercicio que presentaba a sus alumnos en los parciales. El también joven alumno recuerda que tales ejercicios eran artefactos rarísimos, pero que podían resolverse en el transcurso de las ¡cinco! horas que dura un examen parcial en Ciencias Exactas de la UBA. ¿Qué significa esto? Que, al cabo de cinco horas, un alumno de primer año de Física de la UBA puede resolver un ejercicio con el que la AI no había podido.
¿Habrá ganado la IA el concurso? No sé, pero lo dudo. No leí el cuento de la victoria y la polémica, pero el relato periodístico me suena como si alguien le hubiera estado soplando a la IA aquello que quería que se escribiera. Y en algún momento le hubiera susurrado algo así:
-Quiero que adjetives “los bosques” a la maniera de Borges.
Dicho esto, la IA recibió la orden y, sin distanciarse nada de la literalidad, escribió: “los rumorosos bosques”.
Alguna vez no podremos distinguir entre lo humano y lo suprahumano. Pero por ahora, sí; podemos no sólo usarla a la AI, sino además reconocerla. Y lo que es mejor: ganarle. Someterla e instrumentalizarla.
Y por fin: ya podemos imaginarnos la ingente angustia de los monjes copistas que, desde los siglos XI o XII venían copiando, día a día, año tras años, uno tras otro, los Testamentos, los Evangelios, los Evangelios Apócrifos y la Patrística hasta que, de un día para otro, en un gesto único, un único nombre, Gutenberg, inventó esa máquina única que es la imprenta. La primera máquina de escribir.
Los tipos se quedaron sin laburo. Pero las escrituras se multiplicaron.








