jueves 12 de febrero de 2026
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Moralidad e intervención, de Trump a Tucídides

Tal vez no haya sido una casualidad que el presidente de los EE.UU. Donald Trump haya elegido al The New York Times, para declarar que su poder como comandante en jefe solo está limitado por su “propia moralidad”, dejando de lado el derecho internacional y cualquier otro control supranacional sobre su capacidad para utilizar el poder militar para atacar, invadir o coaccionar a naciones de cualquier parte del mundo.

En reportaje publicado el pasado 9 de enero, cuando se le preguntó si había algún límite a sus poderes globales, Trump respondió: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”. “No necesito el derecho internacional”, añadió. Por su parte, su vicejefe de Gabinete, Stephen Miller lo explicó así en esos días, a la CNN: “Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre cortesías internacionales y todo lo demás. Pero vivimos en el mundo real… que se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”.

Sobre moralidad, normas jurídicas y uso de la fuerza en la política internacional, escribió Michael Walzer un texto importante publicado hace treinta años. El filósofo liberal argumenta allí en favor de la intervención humanitaria en casos de violaciones masivas de derechos humanos. La comunidad internacional, sostiene Walzer, tiene un deber de proteger a poblaciones vulnerables, aun reconociendo la complejidad de determinar el momento, el modo y el agente legítimo de esa intervención.

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