Al menos mil millones de dólares provenientes de donantes anónimos están llegando a las elecciones de mitad de mandato. El dinero opaco no es algo nuevo, pero ahora está presente en casi todas las contiendas importantes.
Por Shane Goldmacher y Theodore Schleifer
Traducción Alejandro Garvie
En Michigan y Minnesota, decenas de millones de dólares de origen desconocido se invirtieron en las recientes elecciones primarias al Senado con el objetivo de derrocar a los candidatos demócratas progresistas.
En Kansas, el torrente de dinero secreto que impulsó a un desconocido candidato demócrata al Senado ascendió a 100 veces la cantidad que tenía disponible en la recta final de las primarias.
Y en Texas, los republicanos aprovecharon la laxitud de las normas federales de transparencia para gastar en secreto e intentar nominar a una candidata demócrata débil a la que su propio partido había denunciado como antisemita.
En todo Estados Unidos, las elecciones de mitad de mandato están inundadas de dinero opaco.
Un análisis realizado por el New York Times de datos publicitarios, declaraciones de financiación de campañas y registros fiscales reveló que alrededor de mil millones de dólares en dinero anónimo circulan en el panorama político en 2026, una suma asombrosa y, sin embargo, casi con toda seguridad una estimación conservadora, dada la dificultad de rastrear este dinero.
El término “dinero oscuro” se utiliza en la industria de las campañas políticas para describir el gasto político de grupos que ocultan la identidad de sus donantes. Esta avalancha de fondos está trastocando las elecciones de costa a costa, con multimillonarios, corporaciones e intereses especiales que ocultan sus agendas y su participación con relativa facilidad.
Es imposible conocer la magnitud total de este gasto. El recuento de mil millones de dólares del Times incluye solo la información pública disponible, principalmente la compra de anuncios en televisión y medios digitales, y las donaciones a los super PAC de ONG. Estos grupos también financian actividades políticas más difíciles de rastrear, como el correo directo, la contratación de personas influyentes para impulsar contenido favorable o el despliegue de promotores puerta a puerta para causas que técnicamente no son campañas.
Sin embargo, esa suma es más que suficiente “para manipular a muchos políticos y envenenar el sistema político estadounidense”, dijo Nick Penniman, director ejecutivo de Issue One, un grupo que busca reducir el papel del dinero en la política.
Este mismo mes, un grupo de Wyoming con escasa trayectoria documentada desde la primavera, Choose Freedom Inc., se puso en marcha para invertir unos 22 millones de dólares en anuncios publicitarios con el fin de impulsar a los republicanos en dos docenas de distritos electorales clave para la Cámara de Representantes y el Senado. Al día siguiente, otra organización sin ánimo de lucro vinculada al Partido Republicano lanzó una campaña de 22 millones de dólares en 41 distritos de la Cámara. El jueves, una organización sin fines de lucro llamada Per Aspera Policy Inc. surgió del anonimato para invertir 3,7 millones de dólares en anuncios publicitarios elogiando al candidato republicano al Senado en Ohio.
Todo ello implicaba dinero en efectivo imposible de rastrear.
El financiamiento secreto no es nuevo. Sin embargo, su omnipresencia alcanzó proporciones industriales en 2026, lo que anticipa su creciente prevalencia en 2028. Casi todas las primarias y contiendas electorales importantes de este otoño se han visto o se verán influenciadas por fondos secretos. Los gastos de origen anónimo son tan cuantiosos que, en algunos casos, superan el presupuesto de las propias campañas, haciendo que los candidatos parezcan meros espectadores de sus elecciones. Esta tendencia es especialmente evidente en las primarias.
En Texas, el senador John Cornyn fue uno de los mayores beneficiarios del dinero secreto durante ese ciclo electoral. Se gastaron alrededor de 43 millones de dólares de esos fondos en su fallida campaña para las primarias, incluyendo gastos de un grupo liderado por el exgobernador Rick Perry.
El dinero a gran escala no siempre gana elecciones, y en algunas contiendas, el gasto genera una reacción negativa significativa. “El poder de la mayoría es mayor que el poder de su dinero”, declaró el Dr. Abdul El-Sayed, el progresista que ganó las primarias demócratas al Senado de Michigan, tras su victoria. Su oponente, la representante Haley Stevens, se había beneficiado de unos 62 millones de dólares en anuncios publicitarios de grupos financiados total o parcialmente con dinero secreto.
Los defensores de la financiación no declarada argumentan que permitir el anonimato es fundamental para la libertad de expresión.
En cada ciclo electoral, los abogados buscan nuevas lagunas legales que explotar y reglas antiguas que estirar. Demócratas y republicanos están inmersos en una especie de carrera armamentística partidista, compitiendo por encontrar nuevas maneras de ocultar a los donantes.
Ambos financian cada vez más actividades políticas, como investigaciones y encuestas, a través de organizaciones sin fines de lucro. Canalizan decenas de millones de dólares mediante una intrincada red de organizaciones sin fines de lucro, lo que dificulta aún más el seguimiento de los fondos. Y financian directamente los llamados anuncios de “política”, que pueden ser financiados por donantes anónimos, aunque para el votante promedio sean prácticamente indistinguibles de los anuncios de campaña.
“Es casi como si la gente que vive en la circunvalación de Washington viviera en una guarida de drogadictos, y esta fuera simplemente la droga más reciente que está circulando”, dijo el Sr. Penniman, cuya organización se formó tras la histórica decisión de Citizens United en 2010, que eliminó las restricciones al gasto político.
Los principales impulsores del financiamiento opaco en este ciclo electoral son cuatro organizaciones sin fines de lucro aliadas con republicanos y demócratas en la Cámara de Representantes y el Senado. En conjunto, representan más de 460 millones de dólares provenientes de fuentes ocultas que se están gastando para influir en las elecciones de este año, según un análisis del Times.
Estos grupos están registrados bajo el código tributario federal como organizaciones de bienestar social, lo que les permite operar como entidades sin fines de lucro. En realidad, cada uno comparte espacio de oficina con un comité de acción política (PAC) similar. En los cuatro casos, tanto la organización sin fines de lucro como el PAC están dirigidos por los mismos estrategas políticos, ofreciendo así a los donantes una solución integral para evitar la divulgación de información mientras gastan millones en política.
El gasto directo en publicidad de estas cuatro organizaciones sin ánimo de lucro está creciendo: de 166 millones de dólares en las elecciones de mitad de mandato de 2022 a más de 242 millones de dólares en lo que va de este ciclo electoral, según datos de AdImpact, el servicio de monitorización de anuncios.
“Nos encaminamos a tener las elecciones de mitad de mandato menos transparentes, al menos desde el caso Citizens United”, afirmó Dan Weiner, director sénior del Programa de Elecciones y Gobierno del Centro Brennan, que aboga por normas más transparentes. “Estamos casi en el punto en que cualquiera que no quiera que se revele su identidad, no tiene por qué hacerlo”.
Maine: Un estudio de caso
Dos elecciones en Maine ilustran este fenómeno.
En una de ellas, la senadora republicana Susan Collins se presenta a la reelección en una contienda que podría determinar el control del Senado. Los votantes de esa circunscripción están siendo bombardeados con casi 75 millones de dólares en publicidad financiada con dinero opaco de ambos partidos, según un análisis del Times de las donaciones y datos de AdImpact.
Eso equivale a más de 80 dólares en dinero secreto por cada votante registrado en un estado con menos de 900.000 votantes.
No se trata solo de anuncios de televisión. La Sra. Collins se ha beneficiado de al menos 10 envíos postales diferentes de One Nation, una organización sin fines de lucro alineada con el Partido Republicano, entre ellos, envíos que le agradecen su trabajo en favor de los veteranos, los bomberos y la investigación del cáncer, según Mintt, una empresa de seguimiento de correo.
Quién dona dinero en secreto es importante. La Sra. Collins, por ejemplo, preside el influyente Comité de Asignaciones del Senado, que ayuda a dirigir el gasto federal. Esto la sitúa en un grupo selecto de legisladores con quienes los grupos de interés tienen especial intención en congraciarse. La Sra. Collins también atrae en su contra una gran cantidad de dinero opaco.
Mientras el público permanece ajeno a la verdad, a los políticos se les suele revelar quiénes son sus benefactores. Una organización sin fines de lucro, Stronger America Inc., ha gastado más de 11 millones de dólares en anuncios para apoyar a la Sra. Collins, la única candidata a la que ha respaldado. En julio, la Sra. Collins asistió a una cena organizada por dicha organización, que tuvo lugar en la mansión de Washington propiedad de la empresa tecnológica Oracle, según tres personas informadas sobre el evento.
Un portavoz de Oracle, cuyo edificio suele acoger cenas de recaudación de fondos para políticos, no respondió a la solicitud de comentarios. La campaña de la Sra. Collins tampoco respondió.
En otra contienda electoral en Maine, la jubilación del representante Jared Golden del escaño de la Cámara de Representantes con mayor tendencia republicana ocupado por un demócrata ha creado una oportunidad excepcional para el Partido Republicano.
Así pues, los estrategas republicanos se propusieron interferir en las primarias demócratas. Gastaron casi 500.000 dólares para derrotar al demócrata que consideraban el candidato más fuerte, un senador estatal llamado Joe Baldacci. Utilizando un nuevo super PAC que no reveló a ningún donante hasta después de las elecciones y una sociedad de responsabilidad limitada que ocultó a sus proveedores republicanos, el grupo inundó las ondas con un anuncio que calificaba al Sr. Baldacci como “la elección del dinero oscuro”.
“Es el colmo del engaño”, lamentó el Sr. Baldacci en una entrevista. Su derrota por varios cientos de votos ha intensificado la preocupación de los demócratas por perder el escaño.
En otras palabras, la injerencia republicana funcionó.
Capas y capas de secretismo
Han transcurrido dieciséis años desde que la decisión de la Corte Suprema en el caso Citizens United contra la Comisión Federal Electoral abrió las puertas a los super PAC, los comités políticos independientes que, a diferencia de los candidatos, pueden recaudar y gastar cantidades ilimitadas de dinero en las elecciones federales. En aquel entonces, la Corte Suprema argumentó que la transparencia constituiría un poderoso mecanismo de control sobre dichas actividades.
“Los ciudadanos pueden comprobar si los funcionarios electos están ‘en el bolsillo’ de los llamados intereses económicos”, escribió el juez Anthony Kennedy en la opinión mayoritaria. “Esta transparencia permite al electorado tomar decisiones informadas y dar la debida importancia a los diferentes oradores y mensajes”. Hoy en día, ocurre lo contrario. El secretismo se ha generalizado tanto que prácticamente se ha sistematizado.
Existen tres estrategias distintas que ayudan a los grupos políticos a ocultar a sus donantes.
La primera consiste simplemente en utilizar organizaciones sin fines de lucro que no tienen que revelar sus donantes para emitir anuncios. Técnicamente, se supone que los anuncios tratan sobre temas de actualidad, pero a menudo atacan o elogian a los miembros de la Cámara de Representantes y a los senadores en ejercicio en términos mordaces.
La segunda opción es que estos grupos sin fines de lucro donen a super PACs aliados. Los super PACs pueden emitir anuncios explícitamente enfocados en las elecciones y están obligados a revelar la identidad de sus donantes, pero no la de los donantes de sus donantes, manteniendo así oculto el verdadero origen del dinero. Prácticamente no existen límites al monto de estas transferencias: algunos super PACs de alto perfil se financian completamente con fondos de organizaciones sin fines de lucro.
La tercera estrategia, cada vez más popular en las elecciones de mitad de mandato, son los super PACs “pop-up”, que aprovechan un vacío legal en las leyes federales de transparencia. El plazo final para revelar a los donantes antes de las elecciones federales vence tres semanas antes, lo que permite que cualquier grupo de última hora aparezca y gaste libremente —y en secreto— en los últimos días de la campaña. Estos super PACs pop-up deben revelar a sus donantes, pero no hasta que hayan pasado las elecciones, demasiado tarde para que los votantes puedan evaluar esa información.
“Si intentas ocultar quiénes son tus donantes, probablemente estés intentando ocultar cosas turbias”, dijo el representante Chris Deluzio, demócrata de Pensilvania, quien ha patrocinado una legislación para cerrar esta laguna legal.
Quienes defienden el gasto político secreto ofrecen una perspectiva diferente. Algunos donantes demócratas afirman en privado que dicha financiación puede brindar protección en un momento en que la administración Trump ha atacado explícitamente a los financistas demócratas.
Sean Cooksey, republicano que fue presidente de la Comisión Federal Electoral y asesor del vicepresidente JD Vance, afirmó que Estados Unidos se construyó sobre la base de la libertad de expresión anónima, remontándose a los Papeles Federalistas. “Permitir que la gente se asocie y se exprese de forma anónima tiene un importante valor político”, dijo el Sr. Cooksey. “Sobre todo cuando tienen opiniones impopulares”.
El Servicio de Impuestos Internos (IRS), que supervisa a las organizaciones sin fines de lucro pero rara vez ha controlado el gasto político, está aún menos capacitado para hacerlo tras los recortes de la administración Trump. La Comisión Federal Electoral (FEC), con solo dos de sus seis puestos ocupados, ni siquiera cuenta con suficientes comisionados para formar el quórum necesario para celebrar una reunión formal, y mucho menos para hacer cumplir las leyes de financiación de campañas. “La FEC nunca ha sido una fuerza policial que patrulle las calles”, dijo el Sr. Weiner del Centro Brennan. “Pero en este momento ni siquiera pueden hacer cumplir las normas de tránsito rutinarias”.
La comisión declinó hacer comentarios y el IRS no respondió a la solicitud de comentarios.
Un universo cada vez mayor de dinero oscuro
Parte de los mil millones de dólares en fondos secretos pueden rastrearse hasta grupos de interés ideológicos, que revelan sus agendas, pero no a sus principales donantes. En la derecha, la red de la familia Koch, contraria a los impuestos, representa más de 50 millones de dólares en gastos provenientes de fuentes no reveladas, y en la izquierda, un grupo de tres organizaciones ambientales sin fines de lucro también han inyectado cerca de 50 millones de dólares en fondos opacos, según el análisis de AdImpact y los registros de donaciones. Además, 30 millones de dólares provienen del Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC), que gastó grandes sumas en contra del Dr. El-Sayed en Michigan.
Una de las fuerzas más importantes que han surgido recientemente en este mundo es una organización llamada American Prosperity Alliance, que prácticamente ha perfeccionado las tácticas modernas para el financiamiento opaco.
Hace cuatro años, los operadores y donantes republicanos se sintieron frustrados al ver cómo los demócratas intervenían en las primarias republicanas de 2022 para ayudar a elegir a candidatos más débiles. Y así, en este ciclo, la American Prosperity Alliance ha hecho lo mismo. El grupo canalizó 37 millones de dólares a un super PAC asociado llamado Conservative Americans PAC, que generó una red de al menos cinco comités “temporales” diferentes que utilizaron sociedades de responsabilidad limitada y apartados postales para ocultar aún más sus actividades.
Algunos de estos grupos emergentes adoptaron nombres que sonaban a demócratas, como Lead Left PAC o Progressive Champions PAC, e intervinieron en media docena de primarias demócratas. Esta fue la red que intentó, sin éxito, impulsar la candidatura del demócrata texano que había sido denunciado como antisemita. La red también financió los anuncios contra Baldacci.
La American Prosperity Alliance ha recurrido a las tres maneras en que las organizaciones mantienen en secreto a sus financiadores. Este grupo sin fines de lucro dona a super PACs. Utiliza la laguna legal de las campañas emergentes. Y, sus tres proyectos han invertido decenas de millones de dólares en anuncios políticos durante este ciclo electoral.
El grupo no revela la identidad de sus donantes. Sin embargo, dos personas con conocimiento de las finanzas del grupo, que hablaron de forma anónima para describir una estrategia confidencial, afirmaron que la organización sin fines de lucro recibe una importante financiación de intereses corporativos, incluida la industria farmacéutica. La organización declinó hacer comentarios.
Luego está la organización sin fines de lucro aliada del Sr. Trump, Securing American Greatness, dirigida por sus asesores y que tampoco revela la identidad de sus donantes. Hasta el momento, este grupo ha gastado al menos 44 millones de dólares desde principios del año pasado, destinando casi 25 millones a super PACs y emitiendo anuncios por un valor aproximado de 19 millones de dólares para impulsar la candidatura del Sr. Trump y los republicanos.
Operadores de ambos partidos reconocen en privado que el sistema les permite actuar prácticamente con impunidad hasta que se emitan los votos. Los abogados suelen aconsejar a sus clientes sin fines de lucro que no presenten declaraciones completas de las actividades de este ciclo ante el Servicio de Impuestos Internos hasta mediados de noviembre de 2027, más de un año después de las elecciones de mitad de mandato.








