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Militante radical

Integro un partido político que a lo largo de su historia cada vez que le tocó atravesar una crisis de representatividad -como la que vive actualmente- logró volver a estar en la discusión pública retomando su origen republicano y federal.

Para recuperar relevancia política en la Argentina, sostengo que el Radicalismo necesita trabajar sobre tres elementos esenciales: un debate ideológico sincero para saber dónde estamos parados y que queremos representar, recuperar la organicidad interna para evitar que el interés individual o sectorial se imponga sobre el conjunto y, finalmente, darle menos importancia al “algoritmo” que por nuestras propias indefiniciones nos condiciona a seguir los vaivenes del humor de la opinión pública, enredándonos en la coyuntura.

Hernán Damiani, respetado por propios y extraños, nos decía -como él había aprendido de los españoles- que un partido político -al igual que una mesa- debe tener cuatro patas en equilibrio y si alguna de ellas no lo está el partido deja de ser útil socialmente: 1.- Cohesión interna y sentido de pertenencia a un proyecto común (unidad); 2.- discusión de ideas y elaboración de propuestas, pero una vez tomada la decisión, sostenerla con unidad (debate interno); 3.- preparación constante de sus cuadros y militantes (formación) y 4.- la capacidad de explicar su proyecto de forma clara y empática con la sociedad (comunicación).

Crisis de los partidos políticos mediante y el descrédito generalizado de actividad política, el radicalismo fue perdiendo su condición de fuerza nacional y se transformó en una liga de gobernadores, intendentes y legisladores, sin estrategia unificada y muy lejos de aglutinarse en un proyecto colectivo producto de la unidad y el debate interno que mencionamos como esenciales.

Los radicales militamos por la libertad, pero con justicia social y democracia, porque sabemos que son conceptos que van de la mano y que aisladamente no pueden existir. También creemos que una sociedad más justa y libre se construye con diálogo y consenso, todos ellos valores denostados por el partido de gobierno.

Por eso, aunque resulte obvio, hay que repetirlo. El ideario del radicalismo no tiene absolutamente nada que ver con lo que proponen los libertarios. Tampoco con el kirchnerismo.

Vivimos tiempos complejos, prima el individualismo sobre la solidaridad, la ley del mercado no protege a los que menos tienen y nos coloca en un lugar del sálvese quien puede, discusiones que pensábamos superadas como la educación y la salud pública, o el federalismo o el respeto a la democracia son cuestionadas, cuando gobierna un Presidente violento y vulgar, los radicales tenemos que volver a ser un faro de decencia.

El péndulo electoral que, luego del populismo y la corrupción kirchnerista se corrió hacia el populismo de extrema derecha, en momentos en que ya empieza a ser evidente el fracaso de la puesta en marcha de la autocracia de mercado que impulsa LLA, determinará una reconfiguración de fuerzas que demandará una propuesta en el centro, alejada de los extremos, que recupere el sentido común en el sistema político argentino. Desde ese lugar tenemos que construir.

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