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Opinión 27 02 2022

Los violentos están de fiesta, la democracia y la libertad de luto


Autor: David Pandolfi









El gobierno ruso ha decidido que vale la pena que el mundo retroceda ochenta años, que debamos leer en los diarios de hoy los argumentos que los nazis utilizaron para depredar Europa entre 1938 y 1939. 
En esos tiempos el Adolf Hitler aterraba Europa con sus exigencias, para él había minorías alemanas fuera de Alemania que querían pertenecer al Reich. Una y otra vez utilizó el mismo argumento, mientras las democracias vacilaban: en 1935 los habitantes del Sarre decidieron mediante un plebiscito la vuelta del territorio a Alemania, luego ocupó la zona desmilitarizada de Renania. 
En 1938 llegaría el turno de Austria, que sería anexada tras un plebiscito (aquel que acá generó un acto en el Luna Park). Luego, Hitler reclamó por los derechos de los alemanes étnicos que vivían en los sudetes, una región de Checoslovaquia, a los cuales logró desmembrar y anexar, tras el vergonzoso pacto de Munich. Tras la anexión de los defensivos sudetes transformó a una parte de Checoslovaquia en un protectorado (de Bohemia y Moravia) y creó un Estado títere en Eslovaquia. Luego el reclamo nazi era sobre Polonia, reclamaban la Ciudad Libre de Danzig y asfixiaban la economía polaca. Para reordenar Europa oriental los alemanes no estaban solos, encontraron un socio: Stalin.
Uno de los días mas negros de la historia fue el 23 de agosto de 1939, cuando nazis y comunistas se repartieron europa oriental. En occidente se recuerda en ese día a las víctimas del totalitarismo y el autoritarismo, en recuerdo del nefasto pacto con el que nazis y comunistas acordaron eliminar la democracia y repartirse el continente en dos áreas de influencia. Como siempre, conspiraban para sesgar libertades, ocasionalmente juntos o separados. Y aún así, más de ochenta años después, no nos han vencido.
Dos dictadores totalitarios fijaron sus prioridades, sus sueños, sus enemigos. Firmaron la posibilidad de caminar juntos una parte de la historia, eliminando a quienes resultaban un enemigo común. Así pudieron decidir el reparto de Europa en dos áreas de influencia, redibujando el mapa del continente siendo ellos las dos únicas fuentes de poder. Stalin le deseaba a Hitler una rápida victoria contra los ingleses y le proporcionaba recursos estratégicos, pues consideraban que la democracia estaba condenada a desaparecer del continente. 
Stalin buscaba recuperar el poder que la vieja Rusia zarista tuvo en Europa Oriental, para ello establecieron sus áreas de influencia y repartieron territorios. Hitler lo auxiliaba y confraternizaban.
Mucho de lo que pasó esta semana tiene el tufillo de ese pacto, de la creencia que Europa oriental es el patio trasero de los rusos, quienes deben decidir qué parte de ese territorio debe estar bajo su control. En esta ocasión el pacto fue con China, apenas unos días antes, y el gobierno ruso ha olvidado el comunismo y se ha transformado en un país altamente desigual, homófobo, y partidario de un nacionalismo extremo, donde un presidente autoritario decide todo, siempre, y envenena o detiene cualquier movida opositora. 
Putin hoy es el único presidente europeo desde la posguerra que ha encabezado una guerra de conquista territorial, es todo lo reaccionario que puede ser un gobierno europeo. 
Putin, que busca fronteras raciales para su país, ha sostenido que hay que desnazificar Ucrania, y sus acusaciones implican un grado importante de delirio.
El Kremlin sigue acusando al Gobierno ucraniano de estar formado por “puros nazis” apoyados por Estados Unidos. Un ataque que exagera desde 2014 el tamaño e influencia de los grupos extremistas en Ucrania y que se da de bruces con el hecho básico de que el propio Zelensky es judío, como también era judío su primer ministro, Volodímir Groysman. Durante varios meses, solo había dos gobiernos en el mundo con un jefe de Estado y un jefe de Gobierno judíos: Israel y Ucrania. Otro detalle en un país donde, según Rusia, se persigue a los rusohablantes, es que la lengua materna de Zelensky es el ruso. Él proviene de una región rusófona del este del país.
Zelensky representa la ambición de Ucrania de convertirse en una democracia diversa, tolerante y multiétnica, en la que ucranianos étnicos, judíos étnicos, rusos étnicos y otros puedan estar cómodos y con la que se puedan identificar, el sueño de unos es la pesadilla de Moscú.
En el fondo un autoritario reaccionario, apoyado por sectores totalitarios de la izquierda, se cree con el derecho a decidir dónde se debe comerciar, cómo deben vivir sus vecinos, quiere vecinos pequeños y dóciles, desarticulados, sueña con ese cinturón de Estados títeres que nazis y comunistas tuvieron en Europa.
Cuando los comunistas debieron hacerse cargo de su pacto con los nazis apelaron a los mismos argumentos que hoy hacen los partidarios de la invasión rusa a Ucrania: el rechazo a occidente y las democracias. Allí empezó a talar fuerte la idea del antiimperialismo como argumento central en la política, en clave común a nazis y la izquierda acuerdista.
Si bien la traición de los nazis a la URSS implicó una brutal guerra entre ambos, tras la victoria aliada los rusos consolidaron los territorios acordados con los alemanes y agregaron otros, pasaron a dominar toda Europa Oriental, estableciendo un acuerdo que se denominó Pacto de Varsovia, donde parte de los territorios integraban la URSS y otros eran virtualmente colonias sin poder de decisión propio. 
Hace treinta años la URSS se disolvió en 22 estados independientes, uno por cada estado de la URSS, conservando las fronteras que tenían. Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia, los estados de la URSS que se habían formado con territorios ganados por el pacto con Hitler pasaron a ser independientes. Rusia conservó un inmenso territorio y pretende una y otra vez recuperar poder, construir un área de influencia que tuvo en la época de los zares y luego de los comunistas.
Ucrania, que había sido sometida con una gigantesca hambruna provocada por el dictador Stalin -que causó millones de muertos- en 1935 y luego ocupada por los nazis que mató a su vez a millones de ucranianos, incluidos 1.500.000 judíos, tiene marcado a fuego que implica un invasor que se cree con derechos a decidir en su territorio.
Durante la URSS se realizaron una serie infinita de traslados y limpiezas étnicas de minorías en territorios donde los rusos no eran mayoría. Desde el exótico oblast judío en la frontera con China, hasta la deportación de los tártaros de Crimea, de polacos, alemanes. Stalin trasladó población para cambiar la composición étnica de su territorio, con más tiempo que su ex-socio, y su contracara fue la radicación de rusos (como de alemanes en los planes nazis) para ocupar los territorios vacíos, como los rusos que han protagonizado un evento similar en Moldavia (la parte de Rumania que se anexó la URSS con anuencia nazi). Como secuela de esos movimientos quedan minorías rusas extramuros y son esas minorías las que han generado el conflicto en Ucrania y en Moldavia. 
Hoy el gobierno ruso intenta recuperar prestigio a través de la conquista de territorios, es una película mala, pero que se ha repetido infinita cantidad de veces. Y un país débil militarmente debe enfrentar a una potencia, ante la indiferencia del mundo.
Putín -como Hitler cuando invadió Polonia- cree que los otros no se animarán, que la patoteada saldrá bien y ganará territorio y recursos y le tendrán miedo, porque no busca seducir más que con el miedo. En el fondo sigue siendo un agente de inteligencia.
Rusia vió con malos ojos la integración de Ucrania a la Unión Europea y al derrocamiento de un gobierno pro ruso en el 2014, contestó con la misma cantinela de los nazis: los rusos étnicos que viven en Ucrania no quieren ser ucranianos, y proclamaron un par de Repúblicas pseudo independientes en Donetsk y Lugansk. De más está decir que la convocatoria al ejército ucraniano a un golpe de Estado y el asedio a Kiev excede esos territorios, lo importante es controlar a su vecino, como hace con Bielorusia.
Más de 14.000 personas han muerto por el conflicto con Donetsk y Lugansk, que se proclamaron independientes en 2014 en rechazo del violento derrocamiento del entonces Gobierno ucraniano, afín a Rusia, por una ola de protestas, y su sustitución por otro antirruso y pro-occidental.
Putin no intenta establecer libertades, u organizar una sociedad plural en Ucrania, sino que es capaz de una guerra de conquista en Europa para resucitar a un imperio extinto, quieran o no. Los violentos están de fiesta, la democracia y la libertad de luto.