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Opinión 29 12 2021

Los infames indultos de 1990


Autor: David Pandolfi









El 29 de diciembre de 1990 el presidente peronista Carlos Menem firmó los indultos a una serie de personajes siniestros de la Argentina. No era un hecho aislado, era la continuidad de decisiones que venía sosteniendo el peronismo a lo largo de su trayectoria política. Y esas políticas eran la contracara de las posturas que sostenían el radicalismo y los sectores que intentaban parar la locura de la violencia y cambiarla por la discusión política y los derechos humanos para todos. 
En el pasado hubo quienes firmaron habeas corpus, y otros que se dedicaron a explicar que Raúl Alfonsín no había hecho nada en materia de Derechos Humanos y a crear un relato siniestro (porque desconoce la CONADEP, la campaña electoral de 1983  y el Juicio a las Juntas) a partir del peligroso rol de decorador de interiores. Eran los que avalaron la amnistía y los indultos que luego salieron a sobreactuar su propia -en el mejor de los casos- indiferencia. 
En la plaza de Mayo del 30 de diciembre de 1990 nos movilizamos todos quienes nos opusimos al insulto, está de más decir que ni el peronismo, ni los Kirchner, ni los montoneros fueron de la movida, ellos eran los que festejaban la impunidad, como siempre.
La sobreactuación busca borrar el registro anterior, como no tenían nada que exhibir decidieron sobreactuar sus nuevas posturas. El respaldo del peronismo a la autoamnistía de 1983 era coherente porque quien conducía el peronismo era Lorenzo Miguel, un abanderado de la violencia sindical, no era el indicado para hablar de democracia y libertad. Mientras tanto, Raúl Alfonsín hablaba en cada acto condenando la violencia política, la ejercida por la “secta de los nenes de papá” (como le llamaba a las organizaciones armadas), o la realizada desde el Estado. Por ello su postura era coherente con su accionar como integrante de la APDH, y se vislumbraba como creador de la CONADEP. 
El peronismo había intentado institucionalizar el Terrorismo de Estado con dos decretos durante el año 1975, el primero de ellos firmado por Isabel Perón y sus ministros el 5 de febrero limitando al Operativo Independencia en Tucumán, y los tres siguientes firmados por el futuro candidato a Presidente Italo Luder y sus ministros  (Manuel Aráuz Castex, Tomás Vottero, Carlos Emery, Carlos Ruckauf, Antonio Cafiero y Angel Federico Robledo).el 6 de octubre después del intento montonero de copar un regimiento en Formosa. Estos decretos ponían todas las fuerzas de Seguridad a las órdenes de un Consejo presidido por el Ministro de Defensa y daban alcance nacional al plan para el “aniquilar el accionar de los elementos subversivos”, mediante esta norma se reemplaza a la AAA por las fuerzas Armadas para los mismos funestos fines. Era lógico, Lopez Rega se había ido del país y el peronismo delegaba en los militares el rol represivo que había ejercido en forma militante hasta esos días.
En 1989 Carlos Menem firmó la primera tanda de sus indultos, en ellos los militares carapintadas, los miembros de las organizaciones guerrilleras (excepto Mario Firmenich), los mandos militares que desencadenaron la guerra de Malvinas, algunos personajes asociados a la AAA y casi todos los militares que participaron del Terrorismo de Estado fueron sus beneficiarios. A partir de allí les cantábamos “ decían que venía la alegría, lo único que volvía era la amnistía”, por haber hecho realidad la amnistía que no pudo ser porque Alfonsín ganó las elecciones y el PJ las perdió. A tres meses de asumir los primeros indultos indicaron la vuelta a la impunidad, todos sabíamos lo que significaban, eran solo el comienzo de la impunidad, pero, en el PJ nadie se fue por esos indultos, nada les indigna mas que estar en el llano, siempre es lindo recordarlo.
En diciembre de 1990 se completaron liberando a procesistas como Jorge Videla, Eduardo Massera, Orlando Agosti, Roberto Viola, Armando Lambruschini,  Ovidio Ricchieri, Ramón Camps, Guillermo Suarez Mason y José Martinez de Hoz. Y también a peronistas, como Norma Kennedy, Duilio Brunello (complementario de otro realizado por el Proceso)  y Mario Firmenich, que era el que pagó la fiesta de los indultos. 
Pero, resulta necesario recordar que durante el Gobierno de Raúl Alfonsín se ordenó perseguir penalmente a la conducción de Montoneros y se logró la captura de Mario Firmenich (que estuvo alojado en una cárcel común en Río de Janeiro), de Ricardo Oregon Cano y de varios dirigentes montoneros con causas penales abiertas por diversos delitos como formar parte de la conducción de aquella violenta organización. Todo esto fue en paralelo al Juicio a las Juntas y sus derivaciones. 
Para la campaña electoral de 1989 Carlos Menem se sentó a acordar con los Montoneros. A estos les interesaba la libertad de Firmenich a cualquier precio, a Menem le interesaba que financiaran su campaña a cualquier costo. Era el matrimonio perfecto de gente sin principios y con necesidades comunes. Menem introdujo un tercero: había que liberar a Videla. Y así acordaron: Montoneros puso plata para hacer la campaña Menem presidente, aceptaron el pedido de Menem de indultar a militares y montoneros simultáneamente para bajar su costo político, y luego aceptaron ir en masa a trabajar con Carlos Menem Presidente, para desmantelar el Estado. Nunca se debe olvidar que Videla salió libre porque Montoneros pagó para que así fuera, y lo cobró con cargos públicos en la Gestión de Menem, la libertad de Firmenich y multitudes de indultos, entre ellos el de Raúl Magario, quien estaba acusado de manejar los fondos de montoneros que sirvieron justamente para pagar su propio indulto. Por eso formaban parte del gobierno de Carlos Menem, porqué les dejó una simpática invitación  a un congreso montonero cuando Menem ya había destruido el Estado de Bienestar con su carita, y todos disfrutaban de una libertad pagada con plata manchada de sangre. Les dejó la tapa de una revista y un cartel radical del Ateneo del Centenario rechazando los insultos, que forma parte de una posición orgánica de todos los radicales. Era la otra política, aquella que Alfonsín había rechazado, y había combatido cuando parecía imposible, la contracara del Juicio a las Juntas, era el insulto. Aunque se enojen los admiradores de los decoradores de interiores