menu
Opinión 24 05 2023

Los enormes retos de la democracia en América Latina


Autor: Gerardo Munck









Qué está pasando con la democracia en América Latina? ¿Cuáles son los problemas más importantes de la democracia en la región? Cómo respondemos a estas preguntas depende en parte de cómo definimos la democracia. Pero, crucialmente, difiere de acuerdo a si nos enfocamos solo en la coyuntura o si pensamos también en términos estructurales.

La coyuntura actual se abre con el fin del giro a la izquierda de principios del siglo y del boom de commodities de 2003-2015. Y está marcada por dos tendencias relacionadas.

La más común es la alta frecuencia de victorias electorales de la oposición, una tendencia que merece una lectura ambigua. La alternancia en el poder es una característica esencial de la democracia. Pero los cambios de gobierno desde 2015 son, en gran medida, un reflejo de la debilidad y el pobre desempeño de los gobiernos. Son, pues, un indicio de democracias débiles, que no gozan de mucha legitimidad.

La tendencia más preocupante es la respuesta que a veces se le ha dado a la percepción, bien fundada, de que los gobiernos no han respondido a las necesidades de la gente. En varios países, la frustración de la ciudadanía ha abierto la puerta a líderes populistas.

Algunos se sitúan en la tradición latinoamericana del siglo XX y son populistas de izquierda. Otros, en una novedad para la región, se inspiran en la figura del ex presidente Trump y son claramente de derecha. Pero ambos populismos encarnan hoy la amenaza más grande a la democracia en la región.

Este peligro ha disminuido en Brasil con la derrota de Bolsonaro. Pero sigue presente en otros países. Por un lado, el gobierno de Maduro en Venezuela desconoció la victoria de la oposición en 2015 y produjo un quiebre de la democracia. El gobierno de López Obrador en México ha desafiado la independencia del organismo que administra las elecciones y ha atacado a actores de la sociedad civil. Por el otro lado, el éxito político de Bukele en El Salvador, y su conversión en un referente positivo en varios círculos políticos en la región, es evidencia de un ataque a la democracia desde la derecha. El auge de figuras de extrema derecha como Milei en Argentina y Kast en Chile es otro motivo de preocupación para demócratas.

Este tipo de análisis coyuntural, común en la región, es útil. Aclara los diversos riesgos que acechan a la democracia. Pero sólo se entiende la política en América Latina –e importantemente, sólo se puede empezar a pensar en una solución duradera a los retos de la democracia en la región – cuando nos enfocamos en ciertas estructuras.

Y para esto las reflexiones de Guillermo O’Donnell son un punto de referencia indispensable. En particular, rescato su idea de que, para entender las democracias en América Latina, hay que considerar cómo el régimen político se conecta al Estado y al contexto socioeconómico.

Los países en América Latina comparten, con pocas excepciones, varios aspectos estructurales que impactan fuertemente sobre la sociedad.

Tienen Estados con rasgos patrimoniales y que son usados frecuentemente por políticos y agentes del Estado para fines que van en contra del bienestar público. Por ejemplo, cuando la corrupción consume parte del dinero de la obra pública destinada a construir hospitales y escuelas, se pierde una oportunidad de satisfacer necesidades básicas y de aumentar el capital humano de la población. O, cuando los agentes de seguridad actúan en concierto con grupos criminales, sufre la seguridad de la población.

Latinoamérica también tiene economías donde conviven mercados competitivos con un capitalismo político y hasta un capitalismo de amigos, que son funcionales a la reproducción de un poder económico concentrado y de exclusiones sociales. En efecto, cuando las ganancias de las empresas dependen más de sus relaciones con el Estado que de su capacidad de competir en el mercado, se premia más el acceso directo a la política de los empresarios que la búsqueda de innovación y la creación de empleos decentes.

Además, estos rasgos del Estado y la economía condicionan cómo funcionan las democracias en la región. Generan un distanciamiento entre la política y la ciudadanía que se manifiesta en la falta de confianza en las instituciones políticas y en la crisis de representación. Y fomentan las circunstancias propicias para el surgimiento de líderes políticos que ofrecen soluciones a los problemas de la ciudadanía pero que atentan contra las reglas básicas de la democracia. En fin, estas estructuras subyacen a los riesgos que afectan a la democracia.

Los líderes políticos con vocación democrática pueden contrarrestar las amenazas a la democracia. El acuerdo entre opositores a Bolsonaro en la última elección en Brasil es un ejemplo de lo que se puede hacer en el corto plazo, en el campo electoral. A veces es necesario dejar de lado diferencias políticas para hacer frente a políticos populares que desafían a la democracia.

Sin embargo, para fortalecer la democracia de forma más durable es necesario que los políticos forjen un consenso acerca de dos reformas básicas: la construcción de Estados más capaces, depurados de prácticas patrimoniales; y la implementación de un pacto social – un paquete de medidas de política económica y social – que fomente el crecimiento económico con mayor inclusión social.

Los políticos, como los analistas, se pierden frecuentemente en la coyuntura. Pero en estos tiempos, en que se están gestando los patrones de la política en la etapa post Covid-19, es imperativo reflexionar sobre las raíces profundas de la política, y actuar y pensar con visión.

Publicado en Clarín el 21 de mayo de 2023.

Link https://www.clarin.com/opinion/enormes-retos-democracia-america-latina_0_LHtWP1olv5.html