El 10 se repuso de fallar un penal, marcó un doblete, se convirtió en el máximo goleador de los Mundiales y aseguró el pase a 16vos.
Venía la Argentina de arrollar a Argelia, en un debut que sirvió para mostrar cómo puede jugar esta selección cuando puede tener la iniciativa. Contra Austria tocó demostrar otra faceta del repertorio, la de aguantar, tener los dientes apretados, sobrellevar los momentos difíciles. Así lo hizo Messi y también el resto de sus compañeros.
Cerca del minuto 10, VAR de por medio, el árbitro dio un penal tras una doble patada a Lautaro Martínez, enganchado en equis, una imagen que parecía sacada de Supercampeones. Pateó el 10, cruzado, pero se le fue afuera. Enfrente tenía un golero gigante que aguardó hasta lo último para arrojarse. Hizo efecto su presión.
Tuvo unos minutos flojo Messi, con alguna imprecisión, un pase corto, errado. Austria, por su parte, era rígida y áspera. Pegaba, también presionaba. Y rondaba el arco del Dibu Martínez, que si bien no tuvo mucha tarea en la primera parte, esta vez no era un espectador VIP.
Cualquier falla podía inclinar la balanza a cualquier parte. Y fue Messi el que la llevó al lado argentino, poco antes del descanso. Un sobrio Facundo Medina mandó un centro rasante, que Almada dejó pasar para que Messi la mande a guardar pegadita al poste, como hizo tantas veces en su carrera.
La segunda parte, con Argentina más suelta y el 10 en modo D10S, fue parecida a la primera. Austria rondaba, exigía al Dibu en juego aéreo. Lo hizo sacar algún tiro libre complicado. Hubo que correr y meter hasta el final.
Scaloni estuvo, otra vez, certero con los cambios. Julián por Lautaro, por ejemplo, para otra manera de terminar jugadas. O Tagliafico por un Medina desgastado. O Paredes para manejar el timing. Se lo vio seguro a Otamendi, que con 38 años ingresó por un tocado Romero, que probablemente descanse en el siguiente encuentro.
Y otra vez Messi
Partidos como este se definen en cualquier momento. Hay que jugarlos —y verlos— hasta el final. Quien está en la cancha no debe irse unos minutos antes. En casa no hay que distraerse con el celular. Si no, vean lo que hizo Messi sobre el 90, en una jugada que antes pudieron definir Julián o Paredes, pero que él, solo él, supo cómo enviarla al arco rodeado de varios defensores más el arquero. Esa frialdad, esa precisión, esa genialidad en el momento más complicado, más electrizante.
Pudo incluso meter el tercero en un tiro libre, pero no fue necesario.
De la mano de Messi, con 18 goles, una cifra que hoy lo tiene como máximo anotador en la historia de los Mundiales, Argentina ya está en 16vos.
Por delante queda Jordania, en una jornada que no será testimonial. Por seguir la buena racha, romper algún que otro récord. ¿Quién será el rival en 16vos? Hay que esperar. España, Uruguay o Cabo Verde lo definirán en unos días. Cualquiera de los tres, ténganlo por seguro, no querrá quedar emparejado contra el vigente campeón del mundo, que tiene ganas de otra vuelta más, la cuarta. Porque seguimos ilusionados, claro que sí.








