El rey Felipe VI y el Papa León XIV son dos de los jefes de Estado más relevantes del mundo, por razones de distinta naturaleza. El primero, en razón de la historia de España, nuestra posición en la Unión Europea y nuestra influencia en el mundo hispanohablante. El segundo, porque su figura trasciende la jefatura de Estado de la Santa Sede y su acción guía a más de mil millones de personas en todo el mundo. Sus visiones se contraponen, en el actual contexto global, al triunfo de las visiones más reaccionarias, y ambas figuras han emergido en los últimos meses como garantes del ideal fundacional europeo. Hoy compartimos algunos de los elementos más destacados de las intervenciones del Papa y del rey en el Palacio Real que pueden servir de base e inspiración para quienes en todo el mundo, con visiones distintas, comparten un ideal de libertad, fraternidad y justicia.
La reivindicación del modelo europeo
“Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan. Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas”, señaló León XIV.
“Expreso mi agradecimiento”, decía en relación con España, “por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos. Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de Unión Europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana“, añadió.
Algo que el rey enfocó reivindicando así la importancia de la construcción de la comunidad: “La unidad como aspiración surge de la conciencia de nuestra fragilidad como individuos, de nuestra contingencia, de nuestras limitaciones; pero también de esa capacidad inagotable para el bien y la belleza que alcanza su cima cuando el ser humano ama al prójimo, cuando se abre y se entrega a los demás. Recordarlo siempre, de palabra y de obra —y en especial en estos tiempos de incertidumbre— bien merece ser pauta de conducta universal: la unidad como vehículo e instrumento para la paz“, dijo.
“En este tiempo corremos el riesgo de olvidar aquello que de verdad importa, de deslizarnos hacia la errada creencia de que —abolidas muchas de nuestras referencias por el pulso de la actualidad— todo vale, todo es admisible, negociable y justificable. Y no es así. La dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo nuestros números primos… Porque en ellos —en sus múltiples combinaciones— está la aritmética de la libertad, la igualdad y la justicia; la que suma y multiplica, no la que resta y divide“, añadía el monarca.
Contra el miedo paralizante y apoyando la escucha al otro
“Vuestras palabras nos instan a reemplazar el miedo —que es estéril y paralizante— por un conocimiento, meditado y compartido, del potencial y de los riesgos de esta nueva realidad. Y añadís que esa nueva tecnología”, en referencia a la última encíclica del Papa que alerta de los riesgos de la inteligencia artificial, “no puede ser monopolio de unos pocos, sino un instrumento en manos de todos que beneficie a todas las sociedades. Y eso solo será posible si logramos mantener a la persona en el centro de cualquier discurso; jamás reemplazada, subyugada o coaccionada por ningún algoritmo”, apuntó Felipe VI.
Y prosiguió: “Porque en un mundo anegado de datos y mensajes se hacen imprescindibles la empatía, la comprensión y la escucha. Vuestro predecesor, Su Santidad el Papa Francisco, insistía a menudo en la importancia de saber escuchar. Es paradójico que, en un tiempo de interconexiones, estemos perdiendo esa capacidad… o esa paciencia. Porque cuando la atención está en el otro, en quien tenemos enfrente, podemos identificarnos con su dolor, con su alegría, con sus debilidades y fortalezas…, podemos ponernos en su lugar. Solo si aprendemos a comprender las razones de los demás, a buscar el terreno común o de acuerdo, lograremos avanzar unidos“.
Recordando el modelo español de convivencia
León XIV destacó que “es necesario, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural. La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo. Vuestra propia historia lo atestigua”.
“La presencia del islam en la península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no solo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos. En la Escuela de Traductores de Alfonso X el Sabio, expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos como, entre otros, los de los filósofos Averroes (1126-1198) y Maimónides (1138-1204). En particular, ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes. Pero esta es la verdad que cuentan las ciudades europeas, su estratificación histórica, el tejido de solidaridad que a lo largo de los siglos ha conformado sus diferencias, transformando los inevitables conflictos en puntos de partida”, añadió.
“Llegáis a un país donde está una parte de vuestras raíces. Os recibe un pueblo al que conocéis bien: vital y con carácter, solidario y tolerante; también creativo, y cosmopolita“, señaló el rey.
La oportunidad ignaciana frente a un mundo incierto
El Papa León ha advertido que “hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia. Y, sin embargo, desde estas noches oscuras, hombres y mujeres fieles a la verdad se han visto impulsados a avanzar de estancia en estancia hasta el punto en que, en la conciencia, la justicia y la paz se abrazan. Es de su libertad que aprendamos a ser libres“. Es en este contexto donde León XIV ha reivindicado el papel de la Iglesia católica, que “hoy está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz”.
“Como nos enseñó otro noble hijo de esta tierra”, en referencia a Ignacio de Loyola, “es posible replantearse todo, dando crédito a las «desolaciones y consolaciones» del corazón, en un ejercicio de discernimiento e imaginación por el cual prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos. Comprendió que el bien al que se sentía atraído no era utópico, y entonces su crisis se transformó en gracia. Lo mismo puede suceder con las «novedades» que nos inquietan hoy y sobre las que nuestras sensibilidades están divididas. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”, concluyó.
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