“Una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo reemplazada por una diplomacia basada en la fuerza“. Esas fueron algunas de las palabras con las que el Papa León XIV quiso estrenar el año frente a diplomáticos de todo el mundo en el Vaticano.
En un momento en que algunas democracias liberales parecen dudar de sus propios fundamentos y los autócratas avanzan, su voz resonó como una defensa lúcida de los valores que, hace ochenta años, prometieron al mundo un futuro libre de tiranía y mentira.
En un mundo donde las fronteras se desdibujan por la fuerza y las palabras pierden su significado, el nuevo Papa ha convertido su primer discurso de Año Nuevo ante el Cuerpo Diplomático en una defensa férrea de los pilares que sostuvieron la paz occidental tras 1945. Ante los embajadores de 184 países, el Pontífice no solo habló de teología, sino que diagnosticó la demolición sistemática del derecho internacional.
El fin de la diplomacia de 1945
El diagnóstico papal fue severo. Para el Pontífice, el orden global basado en reglas está en cuidados intensivos. “El principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a las naciones usar la fuerza para violar las fronteras de otras, ha sido completamente socavado”, sentenció.
El Papa lamentó que “la guerra vuelve a estar de moda” y que la paz ya no se busca como un bien común, sino “a través de las armas como condición para afirmar el propio dominio”.
En su visión, el sistema multilateral diseñado para evitar catástrofes globales corre el peligro de volverse irrelevante si no se reforma para perseguir “la unidad de la familia humana en lugar de ideologías”. El Papa señaló que son necesarios esfuerzos “para asegurar que las Naciones Unidas” también sean “más enfocadas y eficientes en perseguir políticas dirigidas a la unidad de la familia humana en lugar de ideologías”.
La batalla por la verdad y el “lenguaje orwelliano”
El Papa comparó a las naciones actuales con dos extraños que no pueden comunicarse, indicando que “cuando las palabras pierden su conexión con la realidad […] la realidad misma se vuelve discutible y, en última instancia, incomunicable”.
El Pontífice se erigió como un defensor de la libertad de expresión clásica frente a las nuevas corrientes culturales de Occidente. Denunció sin ambages que “se está desarrollando un nuevo lenguaje de estilo orwelliano que, en un intento de ser cada vez más inclusivo, termina excluyendo a aquellos que no se conforman con las ideologías que lo alimentan“.
Para el Papa, la democracia no peligra solo por los tanques, sino por la manipulación semántica: “Es doloroso ver cómo, especialmente en Occidente, el espacio para una genuina libertad de expresión se está reduciendo rápidamente”, recordó.
De Ucrania a Venezuela: la soberanía de los pueblos
Asimismo, el Papa exigió respeto por la voluntad popular y la integridad territorial. Sobre Venezuela, fue tajante al renovar su “llamamiento a respetar la voluntad del pueblo venezolano”, alineándose con la defensa de los derechos civiles frente a la inestabilidad. “Renuevo mi llamamiento a respetar la voluntad del pueblo venezolano“, alertó.
Del mismo modo, ante la guerra en Ucrania y el conflicto en Oriente Medio, rechazó la lógica de la victoria total, recordando que “el orgullo está siempre en la raíz de todo conflicto” y pidiendo un alto el fuego inmediato que permita el diálogo.
“No podemos ignorar que la destrucción de hospitales, infraestructuras energéticas, hogares y lugares esenciales para la vida diaria constituye una grave violación del derecho internacional humanitario”, señaló, mientras destacaba que en Oriente Medio “la solución de dos Estados sigue siendo la perspectiva institucional para satisfacer las legítimas aspiraciones de ambos pueblos”. Y concluyó: “A pesar de la trágica situación ante nuestros ojos, la paz sigue siendo un bien difícil pero realista“.








